Rusia recuerda a sus niños españoles con monumento frente a antiguo albergue

Una niña tiende las manos hacia una paloma sobre la lápida de granito rojo, en la que una inscripción en ruso y español reza: "Aquí en los años 1937-1941 estuvo ubicada la Casa de Niños Españoles Nº5". En realidad, la antigua casa de niños está situada tras una alta valla y ni siquiera sus antiguos discípulos pueden acercarse a ella, pues hoy alberga una institución altamente secreta.

No obstante, el alcalde de Óbninsk, Alexandr Avdéev, prometió que para la siguiente visita de los "niños de la guerra" de las 16 casas de niños que hubo por aquellos años en la URSS les conseguirá el permiso de entrada.

La idea de colocar una placa conmemorativa pertenece a Manuel Arce, exdiscípulo de la Casa Nº5 y presidente de la Fundación Nostalgia, que mucho ha contribuido a conservar la memoria de los españoles, niños y mayores, que murieron en la URSS, incluido su hermano Cesar.

Fue la Alcaldía de Óbninsk la que asumió el gasto y dio a los "niños" la grata sorpresa del monumento a los que fueron de hecho pioneros en esta ciudad, que albergó el primer reactor nuclear del mundo.

Allá por 1937, la casa de niños "estaba situada en un lugar precioso, rodeada de bosques y verdes prados, y un río que pasaba muy cerca de nuestro internado", recuerda Arce, que aquí, entre guerra y guerra, pasó algunos de los días más felices de su infancia, pues en 1941, tras la invasión nazi, la casa de niños tuvo que ser evacuada.

En uno de sus anteriores viajes, Manuel contó a sus anfitriones rusos que cerca del camino que a través de un bosque de pinos y abetos conducía de la estación ferroviaria hacia la casa de niños, había un árbol con el tronco bifurcado en forma de lira.

Aquella lira era el lugar para las citas de enamorados, y sobre su corteza quedaron grabadas a navaja casi todas las historias de amor vividas por los 500 niños españoles que llegaron a estos lugares.

En el lugar de aquel bosque hoy está el centro de la ciudad, y cuál sería la sorpresa de Manuel cuando se enteró de que aquel árbol sigue en pie, en medio de una de las avenidas urbanas.

"Sesenta y cinco años después, cuando volví a visitar Óbninsk, le saludé como a un viejo amigo", relata.

Tras ver el monumento, Manuel Arce dice sentirse "feliz y satisfecho", pues considera que ha cumplido con un deber.

Un deber más, pues el primero fue cuando él, médico y próspero empresario, fundó Nostalgia con el objetivo de conseguir una pensión capaz de "proporcionar una vejez digna" a los niños de la guerra que siguen en Rusia.

Luego fue la preparación y edición del álbum "Memoria", que recogió los nombres y datos de los 206 españoles caídos en combate defendiendo la URSS y de otros 216 que murieron en la retaguardia a causa de los bombardeos, el hambre y las enfermedades.

"Las tumbas españolas, cuando las hay, están diseminadas por el vasto territorio de la ex URSS, desde el Báltico hasta Crimea y el Cáucaso, y desde Bielorrusia hasta los Urales y Uzbekistán", dice.

En total, durante la Guerra Civil española fueron evacuados a la URSS unos 3.500 niños españoles, en su abrumadora mayoría vascos y asturianos, a los que se sumaron después unos 1.500 adultos.

"Los españoles en Rusia somos muy queridos hasta hoy. Por las circunstancias dramáticas en que llegamos, por nuestra manera de ser y porque, en general, nos comportamos como personas dignas y honestas, compartiendo con los rusos los buenos y los malos momentos", dice Arce.

Hoy, está volcado en una nueva tarea: "hermanar" Óbninsk con una ciudad española.

"No sé lo que habría sido de mi vida si no llegan a enviarme a la entonces URSS -opina-, pero hoy día me siento feliz de haber vivido 30 años en aquel país, haber conocido a aquel pueblo sufrido y generoso".EFE

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