El sueño ruso de una ecuatoriana

Victoria Velasco Matveev actuando en el papel de Peter Pan. Foto de archivo personal

Victoria Velasco Matveev actuando en el papel de Peter Pan. Foto de archivo personal

Victoria Velasco Matveev es una estudante ecuatoriana que llegó a Rusia hace seis años para cumplir su sueño de ser actriz. Se encontró con un país desconocido, frío y hasta chocante. En un momento de desesperación quiso volver a su tierra natal pero, como dice ella, su “estrellita feliz” le ayudó a superar el miedo y las dificultades de adaptación. Ahora Victoria está terminando la maestría en la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos (RUDN) y sigue luchando por cumplir su sueño.

En vísperas del Día del estudiante (Tatianin Dien) que se festeja el 25 de enero, queremos ofrecerles esta entrevista dedicada a todos los estudiantes latinoamericanos que han atravesado medio mundo para venir a Rusia y encontrar aquí su segundo país. 

¿Por qué decidiste estudiar en Moscú?


Parece que esta universidad tiene algo mágico. Mi madre es rusa y mi padre es ecuatoriano, se conocieron en Rusia, en el comedor de la RUDN. Fue un encuentro casual: mi papá estudió aquí pero mi mama no, simplemente un día vino acompañando a mi tía y sus caminos se cruzaron en la Universidad.

Yo estaba cursando la carrera de derecho en Ecuador. Mi papá es juez y me dije: “Voy a ser como él”. Tras estudiar un semestre entendí que no era lo mío: quería estudiar actuación. En mi país esta carrera no es muy fuerte. Empecé a buscar universidades en Argentina y Brasil. Entonces mi madre decidió hacer un viaje a Rusia para visitar a su familia y me dijo: ¿Por qué no vienes conmigo? Puedes estudiar en Moscú”. Recordé a Konstantín Stanislavski, Antón Chéjov y otros grandes de la dramaturgia rusa y me dije: “¡Qué buena idea!”.

Vino para ser actriz pero ahora está estudiando psicología, ¿por qué?


Resulta que no existen becas para estudiar actuación en Rusia y tuve que buscar otra carrera para poder venir aquí. Elegí psicología. Decidí que así podría aprender el ruso (cuando llegué no sabía el idioma sin contar con las pocas palabras que aprendí de mi madre: chai, spasibo, na zdorovie), adaptarme y prepararme para estudiar luego actuación.

La psicología para mí es algo muy personal. Creo que todas las personas deben estudiarla sin importar la carrera que hayan hecho. La psicología permite ampliar la visión del mundo. Cuando termine la maestría, pienso hacer el postgrado.

 ¿Fue difícil obtener una beca?


Cuando presenté los documentos al Instituto Ecuatoriano de Credito Educativo, había 40 becas para estudiar en Rusia. Es decir, las becas sobraban, no había tantos ecuatorianos que querían venir a este país. Pero el sistema de la selección fue estricto. No mandan a cualquiera.

Actualmente en las universidades rusas estudian más de 1100 jóvenes procedentes de América Latina. Más de 700 estudiantes son becados. En la Universidad de la Amistad de los Pueblos (RUDN) estudian 463 jóvenes provenientes de veinte países de América Latina y el Caribe.

¿Qué fue lo peor que pasaste?


Llegué en invierno y fue el más frío en los últimos treinta años, por la noche estábamos a -40º. Pero no fue nada comparado con otros descubrimientos. Al segundo día lloraba: “¡Mami, llévame de aquí!”. Cuado iba en el metro, la gente me daba miedo. Nadie se sonreía. Soy una persona muy risueña, en cambio aquí hay un refrán que dice: “Sin motivo se ríen sólo los tontos”. Los rusos van en el metro como si estuvieran en un velorio, sólo les falta rezar y cantar (se ríe).

Una vez me preguntaron qué amaba y qué odiaba de Rusia. Dije que no odio nada porque uno odia cuando no entiende algo. A mí no me importa que las cajeras del metro estén amargadas porque lo entiendo: la gente ha pasado por circunstancias muy duras. Yo amo Rusia y cuando vine empecé a llevar con orgullo mi segundo apellido: Matveev.

¿Qué es lo que más te sorprendió en la RUDN?


El ambiente latinoamericano que encontré aquí. Nunca pensé que había tantos latinoamericanos en la RUDN. Hace seis años eran unos 300 y ahora son más de 400 estudiantes. Los tres grandes grupos mayoritarios son de Perú, Colombia y Ecuador.

En la residencia vivía con dos chicas latinas. Tuve mucha suerte. Pero mi compañera de Panamá me aconsejó no quedarme en el círculo latinoamericano. Tuvo razón. Para adaptarse a un país tienes que aprender su cultura y comunicarte más con la gente. Nunca tuve problemas en Rusia. Por primera vez regresé a Ecuador cuando ya llevaba en Moscú casi cuatro años.

¿Los estudiantes latinoamericanos están muy unidos aquí?


Si, pero los amigos más cercanos son los del primer año. Mi mejor compañero es Danilo Prestes de Brasil, llevamos estudiando juntos seis años y somos casi los únicos estudiantes latinos que han “sobrevivido” haste este momento. Los demás volvieron a sus países. Hay mucha gente que no está preparada para una aventura como esta. Hubo un brasileño que llegó el sábado y el domingo se fue. No sé lo que esperaba, pero lo que encontró aquí no le gustó.

¿Es más difícil estudiar en Rusia que en Ecuador?


En Rusia soy extranjera. Los profesores lo entienden y tratan de ser indulgentes conmigo. Por el hecho de ser extranjero se te permite hacer mal las cosas y a veces uno se relaja. Aunque creo que los profesores de medicina, matemáticas e ingeniería son más estrictos.

En general, me parece que en Ecuador los docentes son más exigentes. En mi país hay pocos estudiantes que sacan sobresalientes en todas las materias y tienen que estudiar muchísimo para conseguirlo. En cambio, en Rusia son muchos los que tienen “diplomas rojos”.

 ¿Qué es lo que más te gusta de la vida universitaria?


Aquí hay mucho espacio para las actividades extracurriculares. La RUDN patrocina dos orfanatos en la región de Vladímir (que está a 200 km de Moscú) y los estudiantes van a visitarlos dos veces al año. En otoño hacemos una fiesta “multicontinental”. Los estudiantes de todos los rincones del mundo van a los orfanatos para dar clases y conciertos, hablan de su cultura y tradiciones, los africanos enseñan los tambores, los latinos enseñan a bailar. En las Navidades hacemos el segundo viaje y presentamos a los niños un espectáculo. La última vez participaron 44 estudiantes. Fue una mezcla de personajes de todos los cuentos. El año pasado hice el papel de gato, este año hice el de Peter Pan. Además, siempre llevamos regalos para los niños y cartas escritas para cada uno de ellos. Cada vez cuando nos toca volver a Moscú, todo el mundo se echa a llorar: ellos no quieren que nos vayamos y nosotros tampoco queremos irnos.


Otro proyecto es el Festival de sabores que se celebra dos veces al mes. Los estudiantes extranjeros presentan la comida típica de su país, cocinan algunos platos y los pasan por toda la universidad. Además, tienen que enseñar a prepararlos y nos cuentan su historia.

¿No abandonaste la idea de hacer la carrera de actriz?


Ahora lo tengo más claro. No voy a estudiar actuación sino dirección de cine. Tengo un par de escenarios y cuentos. Me encanta la comedia y me gusta el drama, pero no me limitaría a eso. Quiero hacer una serie que tenga mucho que ver con la universidad, pero no digo más para que no vendan la idea (se ríe).

 

¿Conoces el cine ruso?


En la residencia tuve una vecina rusa que me enseñó el cine soviético. Lo adoro, ¡es increíble! Me encanta el juego de cámaras, la interpretación de los actores que hacen de todo (cantan, tocan, etc.). Es cine de calidad. Andréi Mirónov, Yuri Nikulin, Andréi Miagkov, Evgueni Leonov son ídolos para mí. Lo que no entiendo es cómo el nivel del cine ruso ha podido bajar tanto. En Rusia hay mucho talento pero el cine de hoy no tiene personalidad.

¿De qué viven los estudiantes latinoamericanos? 


Soy becada y tengo varias ventajas: estudio gratis, no pago por la plaza en la residencia (sólo pago la luz) y tengo un estipendio, aunque éste es simbólico. En Rusia todo es caro y un estipendio de 1100 rublos (36 dólares) no es nada. Al principio me mantenían mis padres y ahora también ayudan. Pero si yo viviera sólo con el dinero que me mandan ellos jamás iría al cine. No es porque manden poco, 200 dólares es bastante en Ecuador pero aquí no puedes vivir con este dinero.

El problema que tenemos es que los estudiantes extranjeros no pueden trabajar legalmente ya que no tienen permiso de trabajo.¿Entonces, cómo se ganan la vida los latinos? Unos bailando en las fiestas corporativas (lo que está muy de moda), otros ayudando a hacer contactos entre empresas rusas y latinoamericanas. Lo más común es dar clases de español. 

¿Piensas volver a tu país o te quedarás en Rusia?


Yo amo mi país, pero cuando hace dos años regresé a Ecuador me di cuenta de que mi lugar ya no estaba allí. Ecuador pertenece a mi pasado. Nada mas llegar, quería volver a Rusia.
De momento, no sé dónde voy a vivir, depende del trabajo que tenga. Iré a donde me lleve el viento.

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