El fotógrafo de un imperio

Foto de Library of Congress Prints

Foto de Library of Congress Prints

Prokudin-Gorski, químico, pero por encima de todo fotógrafo, convirtió en realidad el proyecto de su vida gracias a su tesón y al apoyo del zar Nicolás II. Prokudin-Gorski recorrió de punta a punta el imperio ruso y tomó más de 10.000 fotografías a “color natural” con una cámara fabricada por él mismo. Movido primero por el espíritu científico y después por una preocupación didáctica, este pionero de la fotografía en color ha sido uno de los personajes más importantes de la historia de Rusia.

Serguéi Mijailovich Prokudin-Gorski perteneció a una de las más antiguas familias nobles de Rusia, casi todos militares de profesión al servicio del imperio durante casi cinco siglos. Nació el 18 de agosto de 1863 en Fukinova Gora (hoy la región de Vladímir, situada al este de Moscú). Estudió en el famoso Liceo Alexánder de San Petersburgo, colegio al que acudían los niños de la nobleza.


Ingresó en la Facultad de Física y Matemáticas donde trabajó en el laboratorio del químico Dmitri Mendeléyev, famoso por la tabla periódica de elementos que todos hemos estudiado.
Este chico superdotado recibió además formación artística en la Academia de Artes y tomó clases de violín, pero un accidente en el laboratorio le provocó una lesión en la mano que le obligó a abandonar su vocación musical.


Cuando cumplió los 26 años, aún sin graduarse, dejó la Universidad y se marchó a Alemania y más tarde a París donde comenzó a interesarse por los aspectos científicos del color en la fotografía. Regresó a Rusia y hacia 1897 ingresó en la Sociedad Tecnológica Imperial rusa donde impartió cursos de fotografía sobre todo a colegas científicos.


En 1901 abrió en San Petersburgo su estudio fotográfico, el primero en todo el país. A partir de 1904 se dedicó en cuerpo y alma a trabajar en la sensibilidad del color. Fabricó una cámara de mano capaz de fotografiar el mismo objeto tres veces con un filtro de color diferente sobre la lente, con un intervalo de tiempo de un segundo entre disparo y disparo. Al proyectar las tres fotos monocromáticas cada una con la luz adecuada se conseguía reconstruir la imagen en color.

Sus proyecciones fotográficas despertaron un gran entusiasmo. La era del color en la fotografía en Rusia había empezado.

En la primavera de 1908, Prokudin-Gorski tuvo la genial idea de hacerle un retrato en color a León Tolstói, uno de los popes literarios del momento y luego de todos los tiempos. La fotografía sería un regalo por su 80 cumpleaños. Así que sin dudarlo dos veces, cuando recibió la invitación se desplazó hasta la residencia de los Tolstói y allí hizo el retrato más famoso del autor de Guerra y Paz.

A partir de entonces, la popularidad del fotógrafo fue imparable. Con frecuencia era invitado a las veladas organizadas por la alta sociedad en las que los nobles disfrutaban de sus bellas fotografías. A una de estas celebraciones acudió el Gran Duque Mijail Alexándrovich, tío del zar Nicolás II, quien le facilitó el acceso al monarca. El 3 de mayo de 1909, Nicolás II lo recibió en su residencia en la Villa de los Zares (hoy Villa Pushkin). A los pocos días Prokudin-Gorski preparó una proyección privada a la que asistieron el zar Nicolas II, la zarina y los hijos del matrimonio. El soberano no pudo ocultar su entusiasmo que el astuto fotógrafo aprovechó para contarle el proyecto de su vida: quería viajar por todo el imperio, desde el mar Báltico hasta el océano Pacífico, tomando fotografías de todas las maravillas que existían en la patria rusa. Su proyecto, sobre todo, albergaba un objetivo educativo, pues las fotografías debían enseñarse en las escuelas para que las nuevas generaciones pudieran apreciar la riqueza y la diversidad del imperio y se sintieran orgullosas de su país. En sus notas escribió: “La fotografía penetra en todos los dominios del conocimiento y la memoria”.

Nicolás II le facilitó todo lo necesario para acometer la empresa, incluso le ofreció un vagón de tren equipado con una cámara oscura. Desde 1909 hasta 1915, tomó más de 10.000 fotografías de una gran sensibilidad artística. También durante esos años, Prokudin hizo sus primeros ensayos con el cinematógrafo. Sin embargo,  la Revolución terminó con el proyecto pedagógico de Prokudin-Gorski y casi todo el material le fue confiscado.


En 1918 Serguéi y su familia, sin recursos económicos y sin patrimonio abandonaron Rusia para no regresar. Su primer destino fue Noruega, país en el que pasaron dos años antes de instalarse definitivamente en Londres. Gracias a su prestigio internacional y con el apoyo de los hermanos Lumiére,  Prokudin abrió un laboratorio con sus dos hijos que también se dedicaron a la fotografía. El maestro de la fotografía en color murió en París en 1943.


Las dificultades económicas durante la Segunda Guerra Mundial hicieron que sus hijos vendieran la colección de su padre. En la actualidad, una parte importante del legado fotográfico se encuentra en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.


Por el objetivo de la cámara de Prokudin- Gorski desfilaron príncipes y vasallos, fábricas y palacios, iglesias, monumentos y paisajes de una belleza a veces casi onírica. Su sueño romántico, su pasión educativa, su confianza en el progreso de un pueblo, y el respeto con la que fotografió a quien se pusiera delante de su cámara, son a grandes rasgos, algunas notas características que definen un testamento visual irrepetible en la historia de Rusia.