La Europa revisitada de Alexéi Morozov

Foto cedida por Alexéi Morozov: Terra Megido (Praetoria X).

Foto cedida por Alexéi Morozov: Terra Megido (Praetoria X).

«Morozov desarrolla una poética propia, de hecho despliega toda una actitud hacia los clásicos», nos cuenta Alexánder Borovski, responsable de arte contemporáneo del Museo Estatal de Rusia. «Sus metas son ambiciosas. Insiste, además, en que aprendamos una cosa primordial y es la vitalidad del mundo helénico como arte, como actitud ante la vida».

El 2011 finaliza con dos acontecimientos de gran calado político en el seno de Europa y que la hambrienta actualidad quiere hacernos pensar que sucedieron en un pasado muy remoto. Si bien la mala gestión nacional fue la primera causa de la debacle, los mercados financieros se encargaron de poner entre las cuerdas a dos gobiernos europeos que vieron caer sus ejecutivos. La presión era extrema y la premura descartaba la discusión de soluciones alternativas. Grecia e Italia celebrarán el nuevo año con sendos gobiernos de gestión. Las dos cunas de la civilización europea seguirán su andadura con un Estado de excepción democrática, lo cual viene a demostrar algo: las reglas sí pueden saltarse cuando conviene. España también movió ficha reformando en tiempo récord y sin referéndum una Constitución que hasta entonces, en sus treinta y tres años de historia, sólo se había modificado para adecuarla al Tratado de Maastricht.

Nueva demostración a la luz de los acontecimientos: lo que se había pintado como inamovible, no lo era tanto. Y por si no fuera poco, el escenario de una Europa sin Grecia no sólo ponía en entredicho el proyecto económico y el liderazgo de la Unión, que gravitaba peligrosamente según ejes clásicos, sino que también cuestionaba la identidad europea común traducida en una organización política que empezó a caminar con la Declaración Schumann. Los días han pasado y, si bien Grecia continúa en el redil, Londres se ha apeado del tren.

 «Currus I», 2010

Los grandes proyectos viven su momento más delicado cuando deben desarrollarse sin la tutela de su(s) fundador(es) o bien cuando el contexto que les vio nacer, muchas veces empapado de una energía irrepetible, se ha convertido en cosa del pasado. Atrás queda, por ejemplo, el vigor de los Schumann, Adenauer, Gasperi o Monnet. Al último corresponden las conocidas palabras de que «los hombres sólo aceptan el cambio resignados por la necesidad y sólo ven la necesidad durante las crisis». Aparte de la necesidad de los ajustes imperiosos que se venden como mal necesario se encuentra el olvido de quién somos y adónde vamos. ¿Qué es Europa hoy después de unas cuántas operaciones de cirugía estética pagadas por las agencias de calificación? Cierto, ya no podemos ir a Delfos, Olimpia o Dádimo y preguntar al oráculo por la interpretación de nuestras pesadillas. Pero siempre nos queda el arte y la estética, ese espacio de interrogación por la verdad. De ahí también las palabras extraídas de la «Historia de la estética» de Sergio Givone: «La estética es, hoy, como la astronomía en tiempos de Galileo, una disciplina marginal que se encuentra lejos de los problemas que más directamente afectan nuestra realidad, la vida; y, sin embargo, es precisamente su ubicación en las zonas móviles del límite, donde el mundo parece fluir continuamente en el juego de la invención y las producciones simbólicas y oníricas, aquello que convierte la estética en un observatorio privilegiado para entender nuestra situación en el mundo y en la historia». En otras palabras, es en las épocas de redefinición cuando más importante es saber hacia dónde se quiere ir. Siempre se llega a un lugar, tarde o temprano, pero se corre el peligro de que, una vez allí, no nos reconozcamos.

Al hilo de estas consideraciones, Alexéi Morozov (Uzbekistán, 1974) presenta «Antología» en una de las sedes del Museo Estatal de Rusia. Algunas de las imágenes más poderosas de este artista son los bustos de cariátides que gritan enojadas o bien las figuras grecolatinas que se pasean en Segway, como si hicieran turismo por la nueva Europa. Morozov cree que la civilización europea debería mirar el pasado más a menudo, revisitar su posicionamiento ante las alegorías y mitos para extraer nuevos significados. De alguna manera, Morozov demuestra que las formas clásicas no han muerto.

 «Cariátide supersónica», 2011

El día de la inauguración, Morozov conversó con «Rusia Hoy» sobre los temas que aborda en su obra:

RH.- Parece que, en el estado de indefinición en el que está inmerso el proyecto europeo, sus obras nos apelan a tener un punto de vista mucho más amplio sobre este debate, en especial a revisitar la fuentes de la civilización europea. Su primer contacto en Europa fue con Francia, en 1999, cuando fue a estudiar escultura. ¿Cómo ve esta situación actual desde su perspectiva personal?

AM.- Creo que las crisis económicas son el momento más oportuno para la especulación. Lo que no tiene sentido es considerar el problema sólo en su vertiente económica. Para el observador atento está claro que Europa, la civilización que ha formado la imagen y el estilo del mundo durante los últimos dos mil años, está sufriendo la crisis más profunda de autoidentificación de toda su historia, además de sufrir continuas derrotas en la confrontación multicultural. Creo que la importancia del arte, en el sentido amplio de la palabra, es más importante que nunca en estos tiempos de penuria. La crisis es el punto de inflexión de una enfermedad. Es más, su raíz griega también significa «juicio». Deberían tratarse todas las causas de la enfermedad y, para ello, es difícil sobrestimar el papel del arte porque, como dijo Cicerón, todo arte es una exploración de la verdad.

Mi experiencia en Francia fue estéril, escolástica, no hubo un diálogo recíproco… pero incluso entonces me resultó chocante una determinada manera de ver el legado cultural por parte de los franceses. No me refiero al conocido etnicismo de corte rural ni al nacionalismo, sino más bien de la gran cultura francesa que se ha convertido en la continuación natural del genio grecorromano.

«San Lorenzo Hunters», 2011

RH.- ¿Y Rusia?          

AM.- Rusia siempre ha mantenido un papel activo tanto en la política europea como en su cultura, por lo que me resulta un tanto extraño que ahora se sitúe de espaldas a los procesos trascendentes que vive el continente europeo, tanto en un sentido amplio como en el terreno particular de las Bellas Artes. Los procesos que afectan hoy día de manera callada a la gran mayoría de los europeos no tienen su origen en el modelo económico de la UE sino en la estructura de prioridades del estrato cultural del Viejo Mundo.

RH.- ¿Y cómo ve Europa a través del prisma de sus dos grandes cunas, Grecia e Italia?

Para mí, Grecia es un enigma. La he visitado cuatro veces y es demasiado poco para atreverme a generalizar. Italia, por el contrario, se ha convertido en una tierra amiga; he pasado mucho tiempo allí en los últimos siete años. Y me duele todo lo que ha pasado en este país. Creo que es una escandalosa injusticia lo que le ha tocado a una de las naciones más trabajadoras, talentosas, artísticas y emprendedoras del mundo. Una tierra que posee un enorme desarrollo tecnológico y que disfruta de fabulosos logros en distintos campos se tambalea en el borde de las turbulencias. Se ha suprimido al pueblo, se le ha constreñido. Pero estoy convencido de que los europeos tendrán la valentía y la determinación para recuperarse de este periodo tan complicado, unirse en una única comunidad, legítima heredera de la surgida durante la antigua Pax romana, y salir de este escollo, sin olvidar aquellas comunidades más débiles o más expuestas a las dificultades.

Hoy día todos observan Europa. Si el Viejo Mundo logra resistir, el resto conseguirá respirar tranquilo. Ni China con su increíble poder industrial y reservas de oro ni los Estados Unidos con su dominación total constituye un modelo para el resto de mundo civilizado. Esta sí es la misión de Europa. Su misión y su carga. Insisto, el escollo no se encuentra en el plano financiero sino en el cambio obrado en el vector del paradigma cultural. Actualmente todo mi trabajo, así como el proyecto «Antología», está inspirado en esta reflexión.

Alexéi Morozov durante la inauguración en el Palacio de Mármol.

RH.- ¿Cómo describes tu trabajo?

Lo describiría así: la forma como método; la actualidad como objetivo, la alta tecnología como un medio, la unicidad como resultado. ¿Y adónde me lleva? Diría que esta cuestión debe ser analizada por los críticos.

RH.-   ¿Qué papel tiene actualmente la escultura en el nuevo panorama multimedia?

AM.- Tanto la escultura como el bajorrelieve es arte multimedia por naturaleza. Y por esa razón puede explicarse el gran interés que tiene la escultura y su posición en el arte contemporáneo [con figuras como Koons, Murakami, Hirst, Quinn, Kapoor…]. Aunque, si se quiere ser consistente, es difícil llamarlo escultura en el sentido de “arte hermético” como lo fue en época de Augusto. Pero eso no quiere decir que la auténtica y genuina tradición no encuentre su público.

«Hierichum», 2006

Más información en www.morosovart.com

 

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