El secreto de los adornos navideños

Estamos contando los días hasta el Año Nuevo, pero en el único museo ruso de decoración navideña, llamado Klínskoie Podvorie (La hostería de Klin), el ambiente festivo reina todo el año. La colección abarca más de dos mil objetos, que nos hablan de la historia y la situación actual de estos accesorios que engalanan la mayor fiesta del año.

Sorpresas alemanas 

Antiguamente en las ramas de los abetos, los árboles que las familias rusas adornan en vísperas de las fiestas del fin de año, se colgaban dulces y frutas. Pasado un tiempo surgió la costumbre de envolver las golosinas en papel decorativo o meterlas en cajitas. Este tipo de decoración comestible ha sido la precursora de los adornos navideños actuales. Más tarde los árboles se empezaron a decorar con juguetes traídos del extranjero, de cartón o de vidrio. Por otra parte, los primeros adornos rusos no fueron bolas sino collares. “Inicialmente, los collares no se utilizaban para decorar abetos sino el pecho femenino,” cuenta Liudmila Dédikova, la guía principal del museo. “Sólo pasados unos años se empezaron a fabricar collares para adornar árboles de Navidad, de 1,5 a 3 metros de largo.”

Más tarde surgieron objetos decorativos de cartón y guata. Se fabricaban así: se recortaban dos figuritas de cartón, se prensaban, luego se pegaban y se pintaban. “También había objetos sorpresa, o los llamados ‘Juguetes de Dresden’,  originarios de esa ciudad alemana. En su interior se escondían abalorios o notas y se dejaba un hilo que permitía abrir las paredes plegadas, dejando la sorpresa en la palma de la mano,” explica Liudmila los secretos de los antiguos maestros.

Los artesanos de Klin

En la fábrica de Klin cada artesano tiene delante un mechero de gas cuya temperatura alcanza de 500 a 900 grados. Además, manipula varios tubos de cristal. En pocos segundos el operario corta el cristal y obtiene una especie de antena doble.  

En el museo de la fábrica se puede ver también un desfile de bellezas navideñas. Miss Rusia está adornada con borlas decoradas con dibujos típicos de Vólogda. Miss Japón, el pino oriental, está decorado con juguetes de dos colores, blanco y negro, que simbolizan el yin y el yang. Al lado está la llamativa miss Marruecos o bien miss Mandarina. Y aquí hay un pino coronado, con un lazo rojo y dorado “en la cintura”. Incluso hay un árbol con adornos comestibles: melindres en forma de mercaderes, gallos o matrioshkas

“La gente que trabaja aquí no lo hace por casualidad. Si alguien quiere convertirse en soplador de vidrio, tiene que pasar primero nueve meses de aprendiz” cuenta el vidriero Piotr Ivánovich cuyos antepasados también han ejercido el mismo oficio.

Una etapa no menos importante es la pintura artística, habitualmente llevada a cabo por mujeres. Cada una tiene en la mesa un dibujo hecho por el pintor principal de la fábrica. Por ejemplo, si una artesana pinta un hongo, primero dibuja en varias figuritas de vidrio la hierba, luego pinta el sombrerete, etc. En una jornada de trabajo, las pintoras manejan cada figurita de 7 a 10 veces, en función de la complejidad del dibujo.

El éxito comercial en la actualidad son los adornos “souvenirs”, que se pueden regalar no sólo una vez al año sino para todo tipo de fiestas. “Tenemos cisnes, el símbolo del amor y la lealtad, que se regalan en bodas. Ángeles que se pueden regalar para el día del santo. Una campanilla que no sólo asusta a los espíritus malignos sino que también invita a su dueño a emprender un viaje,” añade Liudmila.

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