Alma rusa, corazón quijote

Fuente: Archivo Personal

Fuente: Archivo Personal

La temporada pasada, el Teatro de Cámara Chéjov, que fundó y dirige Ángel Gutiérrez desde 1980 en Madrid, estuvo a punto de bajar definitivamente el telón ante la falta de respuesta de las administraciones. Por suerte su llamada de socorro no cayó en el vacío.

El pasado enero, el director artístico respondía a la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR), que se ofrecíacomo patrocinador del teatro.“Me preguntaron qué necesitaba. Yo dije: algo de dinero para funcionar como hasta ahora.” 

“La alianza con el Teatro de Cámara Chéjov ha sido la decisión más relevante que se ha adoptado por la UNIR en el ámbito de la extensión cultural universitaria”, declara José María Vázquez, rector de la Universidad Internacional de la Rioja.

En enero de este año, Miguel Arrufat, Consejero Delegado de la UNIR, se puso en contacto con el director del Chéjov para ofrecerle el soporte financiero necesario y evitar el cierre definitivo.
“No podemos permitir que desaparezca una joya de la cultura. Esas fueron sus palabras”, recuerda Gutiérrez. 

El estreno de El oso selló en junio el acuerdo entre la institución académica y el director ruso. En la actualidad, la compañía ensaya en un local provisional, a la espera de una sede definitiva en Madrid para el teatro y la escuela.
El original tándem tiene visos de ser prometedor. Por un lado, se ofrecerá un repertorio nuevo y una programación estable. Y además, se organizarán ciclos formativostambién con profesores de la Escuela del Teatro de Arte de Moscú. También existe la idea de abrir un centro de documentación teatral.

Mientras tanto, el Chéjov se encuentra de gira por diversos escenarios de toda España con El Quijote, El oso y Noches blancas. Las representaciones que han arrancado en Madrid, visitarán Logroño, Alicante, Murcia y Valencia. 

Un niño asturiano educado en la URSS 

“Soy un ‘niño de la guerra’, nacido en Asturias y educado en Rusia, donde viví casi 40 años. Sufrí el cerco de Leningrado. Me crezco ante las dificultades. En los conflictos, el hombre descubre lo más grande y lo más miserable de sí mismo y de los demás”, afirma el dramaturgo. Ángel Gutiérrez tiene los ojos vivos, azules como el cielo de Rusia, y con la fuerza de las montañas de Pintueles, el pueblo asturiano en el que nació hace 80 años. Cuando estalló la Guerra Civil española, sufrió la separación de sus padres para ser enviado a la URSS. 

Todo comenzó una noche de octubre de 1937, con apenas 5 años, lo subieron a un barco con destino a Rusia. “A los niños nos repartieron por diferentes hospicios, unos en Moscú y otros en Leningrado. Yo estuve en un internado en Leningrado. Éramos 80 ó 100 niños y la gente era extraordinaria.” Áhora está escribiendo sus memorias que muy pronto verán la luz. 

Tanto en España, como en Rusia, Ángel Gutiérrez está considerado como uno de los grandes maestros de la escena internacional. Realizó los estudios de Dirección Escénica en la Academia Estatal de Arte Teatral de Moscú. “Aún no tenía la edad que exigían para entrar en la escuela, pero yo acudía todos los días, hasta que alguien dijo: habrá que hacer algo con este españolito”, recuerda sonriente. Sus profesores: Andréi Labánov, Nicolái Gorchakóv, María Knébel, Yuri Savatski eranalumnos directos de Stanislavski y Vajtángov. “Mis maestros me lo dieron todo”.

Finalizados sus estudios en Dirección de teatro con Mención de Honor, completó su formación en el Teatro de Arte de Moscú. Precisamente el escenario donde, gracias a Stanislavski y Meyerhold, un vapuleado Chéjov fue reconocido como un gran dramaturgo.

El escritor de Taganrog ha sido siempre su autor fetiche. “Me enamoré de Chéjov, primero de sus relatos, después de su teatro y de su forma de pensar”, confiesa. 

Ángel Gutiérrez abandonó Rusia y regresó a España. “La decisión más difícil de mi vida”. En 1980, en el barrio madrileño de Lavapiés, fundó lo que muchos consideran un templo del teatro ruso en Madrid. A lo largo de 33 años, la compañía ha representado más de 50 piezas teatrales. En su mayoría de autores rusos: Dostoyevski, Gógol, Gorki y por supuesto Chéjov,pero también clásicos españoles, desde Cervantes a Lorca, y europeos, como Shakespeare o Molière. 

Por sus clases de interpretación han pasado actores de primera fila, como Eduardo Noriega, Carmelo Gómez, Fele Martínez, Isabel Gálvez y María Muñoz. Intérpretesa los que el maestro ha formado en el método de Stanislavski. “Los artistas debemos regalar instantes de felicidad. El teatro une y reúne en una sala oscura, a personas que no se conocen. Allí viven una utopía, resucitan su infancia, experimentan su pureza, sus errores y sus caídas”, concluye.