¿Una política a la bielorrusa?

Putin y Lukashenko. Foto de servicio de prensa

Putin y Lukashenko. Foto de servicio de prensa

La sentencia a Timoshenko y la repertura de un caso judicial en su contra, aleja a Ucrania de la UE. El presidente Yanukóvich parece que ha decidido acercarse a Rusia, siguiendo el esquema del presidente bielorruso, Alexánder Lukashenko, aunque las relaciones entre Kiev y Rusia no están en su mejor momento.

“Los dictadores no deciden irse, tienen que ser derrocados”, dijo Yulia Timoshenko en la sala del tribunal que la condenó. Parecía cansada aunque era evidente que no quería parecer derrotada. La acusada prometió no rendirse y exhortó al pueblo ucraniano a levantarse para defender la libertad. Timoshenko calificó la sentencia en su contra como una “condena a toda Ucrania”. Sin embargo, Ucrania permaneció indiferente. 

“Muchos perciben la oposición entre Yulia Timoshenko y Yanukóvich como una lucha entre la élite, es decir, que no les concierne en absoluto”, de esta manera explica Vadim Karasev, director del Instituto de Estrategias Globales de Kiev, la indiferencia de los ucranianos. 

Sin embargo, según el politólogo, existe otra explicación para la pasividad de los ciudadanos: 

“En las elecciones del año pasado, 11 millones de personas votaron a Timoshenko. Sin embargo, esta gente ya no sale a calle a manifestarse. Ahora van a los distritos electorales. De 2002 a 2010, en Ucrania han tenido lugar cinco campañas electorales. Y en todas ellas ha ganado la oposición. Yanukóvich no es una excepción en este sentido. El año que viene, millones de personas se dirigirán de nuevo a las urnas y castigarán a la administración actual”. 

Cuando Timoshenko oyó su sentencia, daba la impresión de que la antigua primera ministra podría quedar en libertad en muy poco tiempo. El día que fue condenada a prisión, cayeron un torrente de críticas sobre Víctor Yanukóvich. Estados Unidos y la Unión Europea prometieron que el presidente ucraniano tendría graves problemas. 

La alta representante de la UE para la política exterior, Catherine Ashton, declaró que la política de la UE respecto a Ucrania sería revisada, mientras que el secretario de estado de asuntos exteriores británico, William Hague, avisó de que la sentencia de Timoshenko constituiría un gran obstáculo para la firma y ratificación de los acuerdos sobre la alianza con la UE y la creación de una zona de comercio libre. Kíev tenía planeado firmar estos documentos con la Unión Europea antes de finales del año. Desde muchas otras capitales europeas llegaron declaraciones similares. 

Según parecía, surtieron efecto. Yanukóvich en persona insinuó que Timoshenko podría quedar en libertad: “No es una sentencia definitiva, queda todavía el tribunal de apelación”.

Sin embargo, la noche del pasado 13 de octubre, el Servicio de Seguridad de Ucrania (SSU) declaró que se iba a abrir una nueva causa. Esta vez salió a la luz un asunto de hacía quince años. En esta ocasión se acusa a Timoshenko de un intento de malversación de fondos públicos a gran escala cuando estaba al mando de Sistemas Energéticos Unidos de Ucrania (SEUU), ante el Ministerio de Defensa. Se le acusa junto al antiguo primer ministro, Pável Lazarenko, que actualmente cumple condena en EE UU. Lo que ocurrió es que volvió a utilizarse un caso abierto y abandonado varias veces. Según el SSU, la instrucción se reanudó después de que llegara una carta firmada por el ministro de defensa ruso, Anatoli Serdiukov, enviada al primer ministro ucraniano, Nikolái Azárov, el día 10 de junio. En esta carta, Serdiukov pide tener en consideración la deuda de Ucrania ante su ministerio, que habría alcanzado la cifra de 405,5 millones de dólares. 

Las acusaciones prevén una condena de hasta 12 años de prisión


Por lo tanto, a pesar de lo que pudo parecer en un momento, la dura reacción internacional ante la sentencia acusatoria a Timoshenko no influyó en la posición de las autoridades ucranianas. Lo más raro de esta historia es que esta vez ha sido Moscú la que se pronunció en contra de exprimera ministra, cuando últimamente la había estado amparando fervientemente. Tanto el Dmitri Medvédev como Vladímir Putin y el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, defendieron unánimemente a Timoshenko, calificando su persecución penal de antirrusa y promovida por cuestiones políticas. Sin embargo, cuesta imaginarse que la carta del ministerio de defensa haya sido enviada por casualidad.

Llama la atención que la segunda causa contra Timoshenko surgiera en un momento especialmente poco adecuado; cuando los acuerdos sobre la asociación y las zonas de libre  comercio estaban muy amenazados. Sin embargo, los interlocutores de Vlast en el Kremlin declararon que estaban sorprendidos por esta segunda causa penal. "Seguramente, el Ministerio de Defensa ha decidido ponerse a cobrar sus antiguas deudas. Es poco probable que haya que buscar aquí un trasfondo oculto”, comentó un funcionario del Kremlin. 

Como hoy en día ninguna decisión política relevante en Ucrania se toma sin avisar al presidente, no es muy probable que la segunda causa contra Timoshenko se haya iniciado sólo por iniciativa del SSU. Durante su corto período en la presidencia, a Yanukóvich le ha dado tiempo de sentirse dueño y señor del país. Hace lo que quiere y no da explicaciones a nadie. Por ejemplo, cuando en los medios de comunicación se dijo que en el país había censura y que los miembros de la oposición habían desaparecido de todos los canales importantes de televisión, el presidente, imperturbable, pidió que se le comunicaran los casos de coacción de la libertad de expresión y prometió castigar a los culpables. Al final, todo siguió como estaba. 

Después de la sentencia acusatoria a Timoshenko, a la que no pudo defender ni la oposición ucraniana ni Occidente, Yanukóvich se envalentonó. Comentando el caso declaró: "Si una situación así se hubiera dado en cualquier otro país del mundo, incluso en el más demócrata, nadie habría dicho nada. Nadie habría abierto la boca”. Esta declaración todavía no se puede considerar una especie de réplica contra Occidente como las que le gustan a otro líder post soviético, el bielorruso Alexánder Lukashenko. Sin embargo, a juzgar por el tono, Víctor Yanukóvich ha elegido un modelo similar de comportamiento: si la UE le presiona, siempre podrá acercarse más a Rusia, aunque Kíev ha mantenido últimamente unas relaciones bastante complicadas con Moscú. 

El presidente bielorruso ha actuado así muchas veces, y gracias a ello se mantiene en el poder desde hace años. Por lo tanto, es un método medianamente seguro. Aunque también es cierto que a partir de ahora, la puerta de entrada a la UE se le puede cerrar por mucho tiempo a Ucrania, igual que se le cerró a Lukashenko.