A veces la geografía es lo de menos  

David MacFadyen, el impulsor del proyecto FarFromMoscow. Foto del servicio de prensa

David MacFadyen, el impulsor del proyecto FarFromMoscow. Foto del servicio de prensa

Far from Moscow (“Lejos de Moscú”) es un recurso gratuito diseñado para promocionar, catalogar y dar a conocer nueva música originaria de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, así como de los países bálticos (Letonia, Lituania, Estonia). Hablamos con el impulsor del proyecto, David MacFadyen, un inglés afincado en California, para saber cómo realiza estos hallazgos musicales, desconocidos en ocasiones en su propio país de origen.  

¿Cómo elige la música para el sitio web “FarfromMoscow.com”?

Al principio, debía buscar la música yo mismo en los diversos viajes que emprendía a Rusia. Demandaba un gran esfuerzo físico, pero ahora hay una inmensa cantidad de material disponible en línea. Ahora, en cambio, debido al éxito de la página web, me envían gran parte del contenido; existe un continuo intercambio de archivos de audio entre Los Ángeles y Moscú.

Sin embargo, desafortunadamente, ¡yo soy quien escribe toda la información del sitio! Sería maravilloso que el proyecto fuese completamente bilingüe, pero eso resulta físicamente imposible. Dedico todo mi tiempo a generar los textos en inglés. El año pasado intenté trabajar en dos idiomas, pero esto significó que todo se ralentizara en un 50%.

Me dedico a esto desde hace tres años. Y el sitio continúa sin ser comercial. Representa un ejercicio cultural.

El principal problema es que la música rusa y eslava no posee un “eje” evidente. La gente no sabe por dónde comenzar a buscar. Además de la página, he empezado a montar algunos álbumes recopilatorios. El siguiente paso lógico sería emitir podcastsde manera regular, o quizás ofrecer audios en streaming, sin necesidad de descargarlos o alguna cosa por el estilo. Tiene que haber más formas de brindar a la gente acceso a nuevos sonidos.

Scaly Whale, uno de los artistas de la página. Foto del servicio de prensa

Vislumbro diversas posibilidades para el futuro: ya sea hacer en Rusia algo en relacionado con la página o con algún club nocturno en verano. Por supuesto, otra opción sería traer bandas a los Estados Unidos. Eso podría resultar difícil para grupos tradicionales de rock, que necesitan mucha gente y equipamiento, pero con música electrónica o DJs ¿por qué no? A menudo vemos a grupos y cantantes rusos en Los Ángeles, como t.A.T.u., Mumiy Troll, Zemfira, Kristina Orbakaite, Alla Pugachova...

Si preguntas a alguien de Occidente si quiere escuchar “música eslava”, seguramente pensará en música folclórica. Existe una promotora rusa en Berlín que mueve una buena cantidad de artistas rusos y ucranianos en Alemania y que sostiene que este sesgo “folclórico” es tanto una ventaja como una desventaja. Es mucho más sencillo promocionar bandas vinculadas a lo tradicional, pero, a la vez, es muy difícil escapar a ciertos clichés.

¿Qué opinión le merece la situación de los derechos de autor en Rusia?

 

Es difícil expresar una opinión al respecto. No veo la forma de poner un freno a la piratería, a menos que alguien invente un modo mágico de hacerlo técnicamente. Debido a las consecuencias de la piratería, las bandas deben hacer giras constantemente. Eso podrá sonar muy romántico, pero en Rusia, en donde las distancias son tan grandes, muchas veces resulta imposible. Los músicos suelen quejarse de que resulta difícil encontrar promotores locales: no conocen a gente de confianza fuera de las grandes ciudades, y es igual de complicado encontrar alojamiento. Muchos clubes nocturnos regionales también actúan de una manera bastante ruin: por ejemplo, pueden prometer cierto porcentaje, entonces la banda se presenta, pero luego no obtiene nada.

Dmitri Morózov ("VTOL") de Moscú. Foto del servicio de prensa


Trabajo como profesor aquí en Los Ángeles, en la Universidad de California, e imparto muchos cursos relacionados con la literatura. La producción literaria está atravesando los mismos problemas que la música. Por ejemplo, muchas novelas populares aparecen en las tiendas y alguien, en algún lugar, de inmediato escaneará una copia, la convertirá en pdf… ¡y la colgará en internet! Resulta casi imposible hacer carrera literaria; las cosas están volviendo a ser una suerte de “cultura de salón” al igual que a comienzos del siglo xx, con pequeñas lecturas, pequeños círculos, etc.

 

Los recitales en línea podrían convertirse en una solución. El público acordaría cierto horario de visualización y el recital tendría lugar en vivo, pero desde internet. En los Estados Unidos, por ejemplo, la gente está comenzando a ver espectáculos de ballet y de ópera en los cines. Se puede representar una ópera en Nueva York, pero la ven simultáneamente desde Detroit… ¡La gente se pone su ropa más elegantes y va al cine! Por el mismo motivo, también los partidos internacionales de fútbol se retransmiten en cines: el público percibe el espectáculo de una manera mucho más acertada. Rusia debe enfrentarse a muchos de estos desafíos de la comunicación. Por esas mismas razones, no comprendo por qué los medios estatales no hacen nada por ayudar a los artistas jóvenes. La BBC ofrece un buen ejemplo a seguir. Tras las emisiones en horas de máxima audiencia, la mayoría de la programación nacional vespertina de pop se centra en músicos jóvenes y artistas locales. Rusia necesita un sistema así más que ningún otro país. Y se debe comenzar por algún lado.


Lo que sí observo son maravillosos blogs en todo el país, organizados en torno a diferentes estilos de música rusa, ya sea tecno o folclore, aunque no dejan de ser minoritarios y, en general, no colaboran unos con otros. Además, por otra parte, existe una segunda cuestión relacionada con las emisoras de radio. Siguiendo el ejemplo estadounidense, tienden a optar por un género determinado y no mezclan estilos. En consecuencia, escasean mucho las sorpresas. Las publicaciones tampoco colaboran entre sí y no combinan diferentes tendencias.

 

Todo es bastante extraño, porque incluso en la Unión Soviética era necesaria una educación clásica para poder hacer carrera en la música popular. Las canciones pop formaron parte de la música con prestigio y significado a nivel nacional, si bien ahora dichos estilos se han abandonado por completo.

 

¿Imagina qué grupos rusos podrían alcanzar popularidad en Europa o los Estados Unidos?

Sí, pero la popularidad está determinada en gran medida por el género del que se trate. Cuanto más estrecha sea la relación entre el estilo y el idioma, más difícil será el asunto. Los peores ejemplos serían el rap o el hip-hop; no veo la forma en que algo tan complicado en términos lingüísticos pueda sobrevivir en el mercado internacional. Más probabilidades podrían tener la música dance o ciertos géneros electrónicos con más proyección, quizás. Yo estoy viendo ya muchísimos sellos discográficos internacionales que distribuyen música electrónica en formato digital que invitan a artistas rusos. En esos casos, la geografía en verdad no importa. ¡Pero esos proyectos tampoco incluyen música realmente comercial! Todo continúa haciéndose a pequeña escala.

Marina Sobiánina ("Jazzator"). Foto del servicio de prensa


Hay algunos artistas rusos dentro de la música electrónica que viven y trabajan aquí, en Los Ángeles. Pero muchos músicos, tanto aquí como en Rusia, se han dado por vencidos. No ven la forma de ganar dinero con su oficio, por lo que comienzan a escribir música de fondo para publicidad, videojuegos, series de televisión, etcétera. Eso es algo que ya hemos visto en Occidente, con bandas como Metallica, que escribe canciones para videojuegos. Es una opción, aunque no la mejor.

¿Cuál fue el concierto ruso más memorable para usted?

Uno bastante extraño, en verdad. Ocurrió fuera de Rusia. Mi hermano vive en Toronto, y fui a un concierto que daba Alla Pugachova. Había una generación completa de emigrantes, gente enfundada en caros abrigos de piel y luciendo llamativas joyas que no veía a su estrella favorita desde hacía 30 años... Eso fue lo más destacable. ¡Todos iban vestidos como si fuera la última velada de su vida! Fue una fiesta absoluta.

Los extranjeros generalmente buscan en Rusia sonidos tradicionales, como la balalaika. Pero cada vez se sorprenden más al descubrir bandas contemporáneas. ¿Cómo se logra un equilibrio entre las raíces rurales y las tendencias urbanas?

Aquí volvemos una vez más al tema de la geografía. Los músicos “provincianos” a veces se sienten alejados de cualquier estilo moderno o con clase. Por tanto, los artistas prefieren muchas veces no divulgar sus orígenes. Los ocultan, de hecho. Es como si la falta de raíces proporcionase la posibilidad de evitar clichés y estereotipos. Y cuando un artista de las provincias o del interior se muda a la capital, todo su perfil social comienza de inmediato a remitir a Moscú. Por supuesto, a largo plazo, esa no es la mejor forma de trabajar. Tiene que haber un equilibrio entre los centros urbanos y la periferia, entre el futuro y el pasado. ¡Todavía queda mucho que hacer!


www.farfrommoscow.com