El nuevo desafío norcoreano

El fallecido líder de Corea del Norte, Kim Jong-il. Foto de RIA Novosti

El fallecido líder de Corea del Norte, Kim Jong-il. Foto de RIA Novosti

La República Popular Democrática de Corea honró a su fallecido líder con el lanzamiento de un misil balístico táctico-operativo desde su costa este hacia el Mar de Japón (Mar del Este). La capacidad militar de esta república supone un quebradero de cabeza para los políticos de la región y del mundo.

Cuando el 19 de diciembre el mundo conoció la noticia de la muerte del líder de Corea del Norte, Kim Jong-il, tras unas pocas palabras oficiales de pésame, la primera reacción de los medios de comunicación internacionales consistió en conjeturar sobre si la península de Corea iba a deslizarse hacia el abismo de la guerra. Por su parte, la República Popular Democrática de Corea honró a su fallecido líder con el lanzamiento de un misil balístico táctico-operativo desde su costa este hacia el Mar de Japón (Mar del Este).

Por lo visto, los coreanos volvieron a disparar el misil balístico táctico R-11, diseñado en la URSS a principios de los años 50 denominado, según la clasificación del Ministerio de Defensa estadounidense y la OTAN, SS-1 Scud-A.

Cualquier uso de misiles balísticos como si fueran “fuegos artificiales” denota una disposición poco pacífica. El lanzamiento de prueba del misil norcoreano se llevó a cabo, sin lugar a dudas, para demostrar la capacidad de combate de las fuerzas armadas de Corea del Norte tras el fallecimiento del líder del país, Kim Jong-il, afirma el vicedirector del Centro de Análisis de Estrategias y Tecnologías Konstantín Makiyenko. Según él, el lanzamiento del misil está, sin duda alguna, relacionado con la muerte del líder norcoreano y su objetivo consiste en demostrar a la comunidad internacional y, en primer lugar, a los vecinos de Corea del Sur, que el ejército del país está dispuesto a reaccionar ante cualquier derrotero que tomen los acontecimientos en la región.

Por su parte, el exdirector del estado mayor del Ejército de Misiles Estratégicos de Rusia, el general coronel Víktor Yesin, añadió que el lanzamiento del misil podría interpretarse como un intento de decir al mundo que nadie se entrometa en los asuntos internos de Corea del Norte.

En otras palabras, el recelo ante un potencial empeoramiento de la situación en la península no es infundado. El deseo irrefrenable de la administración norcoreana de poseer armas nucleares y la frecuente demostración de la capacidad potencial de crear y desplegar este tipo de armas, hacen que el temor ante un conflicto nuclear en la región esté bien fundado.

Cómo empezó todo: la URSS y el uso pacífico de la energía nuclear


En 1956 se firmó un acuerdo de cooperación en el ámbito de la energía nuclear entre Corea del Norte y la URSS. En el marco de este acuerdo, la URSS instaló en 1964 un centro nuclear en  Yongbyong, y pasado un año suministró y puso en marcha un pequeño reactor de 5 MW de potencia.

Las ambiciones nucleares de Corea del Norte se hicieron patentes a principios de los años 1980, a partir de un programa nuclear aparentemente civil para la construcción de reactores nucleares con el apoyo de la URSS.

Hay que señalar que en apariencia el programa de ayuda a Corea del Norte para el desarrollo de la energía nuclear era pacífico, la palabra “bomba” no aparece en ninguno de los documentos de este país. Sin embargo, Corea del Norte llegó a crear su propia bomba atómica basándose en estos programas “pacíficos”.

En 1974 los especialistas coreanos actualizaron el reactor soviético de baja potencia, pasando a ser de 8 MW y con capacidad para producir no sólo el plutonio al 10% obtenido en la producción de energía, sino plutonio al 80%, para uso militar. A principios de los años 80, se puso en marcha en Yongbyong otro reactor nuclear, esta vez de 50 MW de potencia.

Camino a la bomba atómica


Una bomba atómica se puede producir a partir de uranio enriquecido o de plutonio. Los observadores rusos suponen que los coreanos han elegido la segunda opción, teniendo en cuenta que es mucho más fácil presentar el plutonio como un producto de un programa civil, mientras que la fabricación de bombas de uranio exige crear una infraestructura enorme, con grandes y muy caras plantas de enriquecimiento de uranio, imposibles de disimular.

Los cálculos aproximados demuestran que en 24 horas un reactor genera un gramo de plutonio por cada megavatio de potencia. Por lo tanto, un reactor de 50 MW es capaz de producir hasta 20 kg al año, cantidad suficiente para cuatro o cinco cargas de combate.

Por otra parte, las reservas acumuladas de material fisionable, no pueden servir como armamento por sí solas. Hay que fabricar cargas y, lo que es más importante, llevar a cabo pruebas a escala real que, según algunos físicos rusos y americanos, resultan imprescindibles para comprobar la funcionalidad, la potencia real y, finalmente, la posibilidad de integración  en un sistema de armamento nuclear preparado para el combate que es, en realidad, un sistema técnico de gran complejidad.

Respecto a los ensayos, Piong-Yang llevó a cabo dos detonaciones nucleares subterráneas reales. La primera, en octubre de 2006, con una potencia valorada en no más de 15 kt, y la segunda, el 25 de mayo de 2009, con una potencia  de 10-20 kt.

¿Qué pasa con los misiles?


De momento, todos estos avances norcoreanos en el ámbito de las cargas nucleares de combate son inútiles desde el punto de vista militar. Pero el día de mañana podrían llegar a tener un sistema de armas estratégicas basado en misiles nucleares. ¿Existen premisas para ello? Lamentablemente, sí. Aparte de crear cargas nucleares, Corea del Norte se ha apresurado a diseñar sistemas de misiles espaciales.

En 1998 los coreanos llevaron a cabo el lanzamiento de un misil balístico llamado Taepodong-1 que, según valoran los  servicios de inteligencia de varios países occidentales, tiene un alcance de 2.000-2.500 km, y se trataría de un misil de medio alcance. Aquella vez todo terminó bastante rápido. El misil sobrevoló el archipiélago de Japón y cayó en el océano. Sin embargo, el mero hecho de haber lanzado un misil potencialmente capaz de alcanzar cualquier objetivo dentro del territorio de Japón, aunque no provocó pánico, sí causó inquietud entre los japoneses y supuso un gran quebradero de cabeza para la administración estadounidense.

Según datos de esta última, Piong-Yang dispone de 200 misiles Nodong táctico-operativos capaces de alcanzar objetivos en territorio japonés. Los especialistas afirman que en Corea del Norte hay alrededor de 30 instalaciones de lanzamiento de misiles táctico-operativos y 24 instalaciones de misiles táctico desplegadas.

Corea del Norte nunca abandonó la idea de diseñar un misil balístico intercontinental propio. El primer lanzamiento experimental de un misil de este tipo, el Taepodong-2m, con un alcance orientativo de 6.000-6.700 km (teóricamente podría utilizarse para bombardear Los Ángeles), se llevó a cabo en verano de 2006. Los sistemas de espionaje estadounidenses registraron el lanzamiento y comunicaron que el misil se había destruido en la atmósfera tras un vuelo de 40 segundos.

En este sentido, recuerdo que después de los ensayos del verano de 2006, uno de los expertos rusos en misiles nucleares señaló: “Nosotros tardamos de dos a cinco años de media en llevar a cabo un ciclo completo de ensayos de misiles análogos en vuelo… Ahora muchas cosas dependerán de la prudencia de los políticos, a los que nadie podrá impedir dar la orden de lanzar un misil, incluso si está sin terminar…”.

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