Pilotos de élite

Foto de Itar Tass

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El “Almirante Kuznetsov” realizó maniobras en el mar de Baretns antes de partir hacia el Mediterráneo. Por primera vez en diecisiete años un joven piloto aterrizó en la cubierta del portaaviones.

“Falta poco para que mi esposa me eche de casa”, bromea el piloto Stanislav Avdin cuando se le pregunta cómo marcha el servicio. “Salgo a las siete de la mañana y regreso a las diez de la noche. Voy al baño, me ducho, me acuesto… y a dormir. Casi todos los días es así”.

El capitán Avdin es uno de los miles de oficiales que sirven en Sieveromorsk, la capital de la Flota del Norte. El pasado agosto realizó su primer aterrizaje individual en un Su-33 sobre la cubierta del portaaviones Almirante Kuznetsov. A primera vista no hay nada especial, pero a sus 28 años se ha convertido en el piloto más joven en realizar esta maniobra. El capitán tiene un poco partido el labio ya que lo felicitaron demasiado efusivamente cuando aterrizó. “En cuanto salí de la cabina, siguiendo la tradición, me llevaron en volandas y me lanzaron al aire. Luego me golpearon tres veces con los cables de frenado. Me zurraron tanto que la cubierta temblaba. No se privaron de nada”.

El capitán Avdin cumplió un sueño, es como si se hubiera preparado toda la vida para este día. “El primer modelo de avión que pegué en la pared de mi cuarto, siendo todavía un niño, fue el Su-33. Seguramente, mi destino quedó decidido: aviación naval, Su-33”, rememora.

Los pilotos de caza “de cubierta”, como se llaman en Rusia a aquellos que sirven en portaaviones, no llegan a veinte. En parte porque el Kuznetsov es el único portaaviones de Rusia. La nave –que lleva el nombre del legendario jefe de la Armada soviética durante la Segunda Guerra Mundial- entró en servicio hace veinte años, cuando se desintegró la URSS. Con su silueta curva destaca entre el fondo de  cruceros y fragatas amarrados en los muelles de Sieveromorsk. De la misma manera, estos pilotos son los más distinguidos entre los militares: son pocos, en general reciben un sueldo superior y tienen mayores responsabilidades.

 Un refuerzo poco frecuente

Se necesitan no menos de siete años para la preparación de un piloto. Cinco en la escuela de aviación y dos en el regimiento. “Hace 17 años que los capitanes no descendían sobre el portaaviones. El último había sido yo”, relata el coronel Evgueni Kuznetsov, comandante del 279° Regimiento de aviadores navales, donde presta servicio Avdin. La edad promedio de los aviadores del portaaviones, que vuelan en Su-33 y Su-25 es de 42 años. La edad de jubilación es entre los 45 y 50años. “No somos eternos y por eso es absolutamente imprescindible preparar jóvenes que nos reemplacen”, dice Kuznetsov, que desde 1994 vuela en esta unidad.

La selección de pilotos de élite es una búsqueda creativa. Avdin cuenta que en el quinto año de la escuela de aviación él mismo se presentó en el regimiento y entregó una solicitud de ingreso al comandante. Los meses de entrenamiento se suceden,  hay vuelos de instrucción en aviones de dos plazas. “Un piloto experimentado hace una maniobra y aterriza. Vuelas con él y observas lo que hacer. A primera vista parece fácil: comandos, palanca, aceleración y despegue, y a cobrar el salario después del aterrizaje. Nada terrible. Pero cuando tú mismo lo haces te das cuenta de que no todo es tan fácil”, cuenta el capitán.

Los días corrientes de los aviadores de la aviación naval

No suele ser un hombre de muchos halagos pero está feliz por el aterrizaje: “ahora no puedo irme”, afirma mientras acepta una recepción más larga. El comandante cede a los ruegos de los periodistas y se dispone a dejarlos pasar al campo del secreto aeródromo militar: “Bueno, vamos a preparar los aviones. Que los técnicos estén listos, que nadie se haga el vago, no fume y no se rasque los huevos. ¿Estamos?”. Lo dice en un tono que queda claro que los pilotos tienen su propia compenetración, cercana a las relaciones familiares, difícil de comprender desde afuera. Para el día de la aviación de la Flota del Norte llegaron pilotos de Rusia Central. Entre ellos un sacerdote ciego, lleno de condecoraciones y medallas, a quien conducían del brazo.

En el aeródromo donde nos encontramos con los militares hace calor y está soleado. Es difícil creer que nos encontramos en el Extremo Norte. Junto con su Su-33 Avdin relata dónde está la complejidad de los vuelos en el Kuznetsov: hay que aterrizar con una máquina de 25 toneladas en 36 metros, encarando la pista con el ángulo indicado y a la velocidad indicada. “Sólo puedes calcular  hasta un 60% de las condiciones para el descenso”, dice. Lo más complicado es mantenerse en la llamada amplitud del vector de descenso que, en la aproximación a la nave es de 1,5º, es decir, no más grande que la cabeza del piloto: “Ahí es donde hay que mantener fija la vista”. Los pilotos cuentan que no todos los que vuelan bien “desde la pista”, es decir, desde tierra, pueden descender a la nave. “Una vez llegó un conocido que jugaba en los simuladores de los ordenadores, todo un profesional. Se jactaba que podría hacerlo sin problemas también en los simuladores de vuelo. Bueno, lo senté en uno, le puse unas condiciones reales de vuelo, las más sencillas, y no llegó ni a las cercanías del portaaviones. En la realidad todo es incluso más complicado”.

El Almirante Kuznetsov es menor que un portaaviones norteamericano normal: dos campos de fútbol de largo, cerca de 1.500 integrantes del personal, 65 aparatos aéreos (los norteamericanos tienen 95). Sus tareas de combate también son diferentes, para EE UU el portaaviones es una fuerza de choque, señala el coronel Kuznetsov, para “llegar y expulsar a cualquiera lejos de sus costas”, en cambio para Rusia se trata de “asegurar la cobertura desde el aire de las fuerzas de la flota”. En Estados Unidos todos los portaaviones son atómicos, en cambio el ruso navega con gasolina, lo que significa que su mantenimiento es más caro. Los militares dicen que el portaaviones requiere una modernización y está en los planes de Defensa. El Almirante Kuznetsov puede servir otros veinte años si tiene un buen mantenimiento, aseguran. Por su parte,  Anatoli Serdiukov, ministro de Defensa, declaró el pasado mes de julio que no se prevé la construcción de nuevos portaaviones en una perspectiva a largo plazo.

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