Otra ciudad, los mismos rostros

La plaza Bolótnaya en 1947. Foto de Alexéi Góstev

La plaza Bolótnaya en 1947. Foto de Alexéi Góstev

La exposición “Historias moscovitas. Siglo XX” en la Galería fotográfica de los hermanos Lumière, muestra la vida en la capital durante la primera mitad del siglo XX. Además de mostrar fotografías de gran calidad, ha obtenido un gran éxito de público.

Son pocos los que podrían reconocer en una fotografía de 1950 a la Plaza del Manezh de Moscú, actualmente un lugar de peregrinación de los turistas extranjeros. Quizá haya alguien que recuerde los trolebuses de dos pisos y el Russo-balt, el primer automóvil soviético, o las zonas de juego de arena para niños en  medio del Bulevar Tverskói. La capital actual apenas se parece a la de 1950, cantada en centenares de películas y canciones. Los organizadores de la exposición “Historias moscovitas. Siglo XX”, han decidido recordar mediante imágenes al dorado Moscú.

En las tres salas de la “Galería fotográfica de los hermanos Lumière” se han unido una gran cantidad de estilos y autores, pero que comparten el mismo género: el reportaje. Los interesados en la fotografía soviética recordarán a Borís Ignátovich, Naum Granovski, Alexéi Gostiev, Emmanuil Evzerijin, Yakov Jalipa, Mark Márkov-Grínberg, Mijaíl Trajman, Alexánder Ustínov, Víktor Ajlómov, Yuri Trankvilitski y otros. Rusia Hoy ha tenido la oportunidad de hablar con uno de ellos: Vladímir Nikoláievich Stepánov.

Un género, el reportaje, y una innumerable cantidad de estilos y enfoques autorales se unieron en las tres salas de la Galería fotográfica moscovita de hermanos Lumière. Los admiradores de la fotografía soviética, indudablemente, recordarán a Borís Ignátovich, Naum Granovski, Alexéi Gostiev, Emmanuil Evzerijin, Iákov Jalipa, Mark Márkov-Grínberg, Mijaíl Trajman, Alexánder Ustínov, Víktor Ajlómov, Iuri Trankvilitski y otros. El corresponsal de Rusia Hoy logró hablar con uno de ellos: Vladímir Stepánov.

-Cuando yo tomé mis primeras fotos, tenía diecisiete años, era el año 1957 –cuenta Vladímir Nikoláievich-. Entonces enseñaban a fotografiar en los círculos de pioneros, de los que en la Unión Soviética había muchísimos. Mi aparato fotográfico costó centavos, ¡pero fotografiaba como correspondía! Sabe, en aquel tiempo incluso tuve una consigna: “Fotografiar todo lo que nadie fotografía”.

El festival mundial de la juventud y los estudiantos en Moscú, 1957

Foto de Mijaíl Trajman


“Cuando tomé mis primeras fotos, tenía diecisiete años, era 1957. Entonces enseñaban a fotografiar en los círculos de pioneros, que abundaban en la Unión Soviética. Mi aparato fotográfico costó unos kopeks nada más, ¡pero fotografiaba como correspondía! Sabe, en aquel tiempo tenía una consigna: “Fotografiar todo lo que nadie fotografía”.

La organizadora de la exposición, Natalia Ponomariova, subrayó lo difícil que les resultaba a los fotógrafos aficionados de mediados del siglo pasado hacer sus fotografías: “En los años 50 no  podía fotografiar Moscú quien quisiera y con mucha frecuencia, los organismos de seguridad abordaban a los fotógrafos; les velaban los rollos o les quitaban la cámara. En respuesta, los fotógrafos comenzaron a retratar la vida de la capital del país de los soviets desde las ventanillas de los autos. En la exposición es posible contemplar este tipo de fotografías”.

Un género, el reportaje, y una innumerable cantidad de estilos y enfoques autorales se unieron en las tres salas de la Galería fotográfica moscovita de hermanos Lumière. Los admiradores de la fotografía soviética, indudablemente, recordarán a Borís Ignátovich, Naum Granovski, Alexéi Gostiev, Emmanuil Evzerijin, Iákov Jalipa, Mark Márkov-Grínberg, Mijaíl Trajman, Alexánder Ustínov, Víktor Ajlómov, Iuri Trankvilitski y otros. El corresponsal de Rusia Hoy logró hablar con uno de ellos: Vladímir Stepánov.

-Cuando yo tomé mis primeras fotos, tenía diecisiete años, era el año 1957 –cuenta Vladímir Nikoláievich-. Entonces enseñaban a fotografiar en los círculos de pioneros, de los que en la Unión Soviética había muchísimos. Mi aparato fotográfico costó centavos, ¡pero fotografiaba como correspondía! Sabe, en aquel tiempo incluso tuve una consigna: “Fotografiar todo lo que nadie fotografía”.

 La curadora de la exposición, Natalia Ponomariova, subrayó lo difícil que les resultaba, a mediados del siglo pasado, hacer lo suyo a los fotógrafos aficionados: -En los años 50 no cualquiera podía fotografiar Moscú y con mucha frecuencia los fotógrafos eran abordados por gente de los organismos de seguridad, les velaban los rollos o les quitaban la cámara. En respuesta, los fotógrafos comenzaron a retratar la vida de la capital del país de los Soviets desde la ventanilla de los autos. En la exposición es posible contemplar fotografías semejantes.

La exposición “Historias moscovitas” es un álbum fotográfico del siglo XX: 1934, el encuentro con los rescatados miembros de la expedición ártica del “Cheliúskin”; 1953, la despedida con Iósif Stalin, en la que miles y miles de personas se dieron cita durante tres días y tres noches.

El cuadro se hallaba a sí mismo: revoluciones en Rusia, apertura de la Exposición Nacional de Agricultura, la Gran Guerra Patria, el desfile de la Victoria, la construcción del nuevo edificio de la Universidad de Moscú en las colinas de Vorobiov (en ese entonces colinas de Lenin), la inauguración del estadio “Luzhnikí”, el IV Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes y muchos otros sucesos.

Pero no sólo en eso estaba fijo el objetivo del fotógrafo soviético. “Además de los acontecimientos sociales significativos, nos importaba mostrar la vida y la cotidianeidad de los moscovitas: el descanso en los parques y bulevares de la amada Moscú, los paseos de elefantes cerca del teatro del Ejército Rojo, los chicos en los areneros en el Bulevar Tverskói, los habitantes  de Maslovka y Zamoskvorechie”, recuerda Ponomariova.

Miliciano dirigiendo el tránsito en la Plaza Roja, 1954

Foto de Nikolái Rajmánov

La exposición “Historias moscovitas” es un álbum fotográfico del siglo XX. El cuadro va desde las revoluciones, pasando por la apertura de la Exposición Nacional de Agricultura, la Segunda Guerra Mundial, el desfile de la Victoria, la construcción del nuevo edificio de la Universidad de Moscú en las colinas de Vorobiov (en ese entonces colinas de Lenin), la inauguración del estadio “Luzhnikí”, el IV Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes y muchos otros sucesos.

Pero el objetivo del fotógrafo soviético no sólo se fijaba en estos eventos. “Además de los acontecimientos sociales significativos, nos parecía importante mostrar la vida y la cotidianidad de los moscovitas: el descanso en los parques y bulevares, los paseos en elefante cerca del teatro del Ejército Rojo, los niños jugando en la arena en el Bulevar Tverskói, los habitantes  de Maslovka y Zamoskvorechie”, recuerda Ponomariova.

La calle de Gorky (hoy el día es Tverskaya) despues de la reconstrucción, 1934

Foto de Naum Granovski

La vida de Moscú se muestra a través de las relaciones humanas, los encuentros y las despedidas, el amor y la amistad. Las parejas de enamorados cerca de los monumentos y en las taquillas de los cines, el chico sentado al pie de una estatua leyendo: cada fotografía es una pequeña historia.

En la exposición se recoge la vida de la ciudad desde principios del siglo pasado hasta la década de los 60, en trescientas fotografías. Tres salas y tres centenas de fotos y, pese a ello, hubo gente a la que no le pareció suficiente. En el libro de comentarios y propuestas hay gran cantidad de mensajes como este: “¡La exposición conmociona, pero hacen falta más fotos!”

En ese libro que, como apunta Natalia, se lee como una novela, se pueden encontrar muchas observaciones interesantes: “Gracias por ayudar a volver a la infancia. Gracias porque ahora los  niños saben cómo fue Moscú”. “Así es como habría que contar en las escuelas la historia de Moscú”. “Lástima que esto ahora sean sólo fotografías, que todo se haya ido para siempre como en las viejas películas. ¡Esta exposición es un sorbo de aire fresco en medio de la jungla urbana!”

En los últimos días de la exposición hubo gran cantidad de visitantes. Una psicóloga evaluó las fotografías desde su especial punto de vista: “Las ciudades, entre ellas Moscú, siempre me interesaron como marco para los individuos. Siempre dirijo mi atención a las emociones humanas, a los gestos, a los ojos. Debo decir que ha pasado más de medio siglo y los rostros de los moscovitas no han cambiado en absoluto. Incluso si ves las fotografías del tiempo de la guerra observarás que, pese al dolor y la angustia por la pérdida, la gente supo conservar esa pureza y ese mismo amor a la vida”.

La exposición se clausuró pero ha prometido volver. Eso sí, con una nueva época y nuevas fotografías. Todos los que sientan nostalgia de la capital que fue o deseen descubrir el viejo Moscú con una nueva óptica, podrán hacerlo muy pronto, en la segunda parte de la exposición, que abarcará desde los años 60 hasta los 90.

Vea más fotos en la galería de los hermanos Lumière

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