Alexánder Pushkin: el poeta más ruso

Foto de RIA Novosti

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Una de las pocas convenciones que casi todos los rusos comparten es la genialidad de Pushkin. No opinan igual los no rusos, por bastantes razones, la primera por no ser rusos y la segunda y no menos importante por el obstáculo de la traducción, que todo lo allana, empalidece, cuando no deforma, pero este es un tema en el que no vamos a entrar. Pushkin es genial, en primer lugar por su obra poética, versos que la mayoría de los rusos conocen, recitan y a los que acuden en la situaciones más insospechadas. Pushkin crea con su obra la lengua moderna rusa. Tal vez este hecho resuma su importancia para la cultura rusa. Pushkin es adorado por su pueblo. Unos pueden preferir Tolstói a Dostoyevsky, Gógol a Chéjov, Tsvetáyeva a Ajmátova, pero nadie discute la primacía del poeta ruso por excelencia. "Pushkin es nuestro todo", dijo alguien, y es verdad.” (Ricardo San Vicente. Relatos de Iván Petróvich Belkin. Alianza Editorial, 2009)

Pequeño, moreno de piel y de pelo ensortijado, muy alejado de los cánones de belleza rusa, Aleksandr Pushkin nació en Moscú el 6 de junio de 1799. Su padre procedía de una familia noble venida a menos, y su exótica madre era descendiente de un esclavo abisinio que pasó de criado de librea a almirante de la flota rusa del zar Pedro I el Grande. El niño y joven Pushkin estuvo desde el principio familiarizado con la literatura, sobre todo con los autores franceses que reposaban en la biblioteca particular de su padre. Su tío paterno, Vasili Pushkin era un poeta bastante conocido en su tiempo. Según la costumbre de la aristocracia, el niño Pushkin tuvo preceptores franceses que le enseñaron la lengua francesa antes que el ruso. Menos mal que su niñera se esmeró para que también aprendiera el folklore y el idioma de su país. Ya de jovencito se convierte en todo un personaje entre la élite de intelectuales que rodean al zar. Su sensualidad, su ingenio, el carácter orgulloso, un desbordante romanticismo y su ironía, encadilan a la alta sociedad afrancesada rusa de principios del XIX. Estudió en el Liceo, institución creada por el zar Alejandro I, destinada a la formación de los hijos del zar a la que más tarde pudieron acceder los nobles elegidos.


En el colegio no le va tan bien dada su creatividad libertina, procaz y festiva que le obligarán a pasar años en el destierro. Este exilio involuntario, Pushkin lo recibe con cierta alegría porque su sino parece que va cumpliendo paso a paso la biblia de los que son de espíritu romántico. En los lejanos territorios de Kishiniov, Odessa o el Caúcaso, Pushkin continuará escribiendo versos escandalizadores que lo alejarán aún más de la esfera de poder. Es en esta época cuando comienza la escritura de la novela en verso Eugenio Oneguin, la primera obra en la que se deja entrever su gusto por el realismo. Pero sigamos con su biografía. Sus amigos los decembristas sufren un estrepitoso fracaso en su intento de rebelión contra la Rusia Imperial en 1825.


En 1831 se casa con Natalia Goncharova, que al parecer tenía deslumbrada a toda la corte por su belleza y a la que le salen no pocos pretendientes, entre ellos el mismo zar. Pushkin, que era muy celoso, no quería por nada del mundo que su amada esposa tuviera que satisfacer el apetito de Pedro, por muy Grande que fuera este, así que por todos los medios intenta alejarse del libertino mundillo cortesano. Se esforzará por hacer de la escritura una profesión y ganarse las lentejas con su pluma. Con ese propósito funda su propia revista: El Contemporáneo. Pero el zar no lo deja escapar tan fácilmente, concediéndole un título humillante con el que atarlo en corto a la pata del trono que le obliga a asistir a las fiestas reales eso sí, con su linda esposa. Al pobre Pushkin se le acumulan los enemigos en la alta sociedad, y tras ser humillado en una carta sin remitente, el Byron ruso alberga sospechas respecto a un dandi francés a quien acabará arrojándole el guante.


Desgraciadamente, un gélido 10 de febrero de 1837, el mejor poeta ruso recibirá un balazo mortal en el estómago. El zar, temiendo desórdenes callejeros pues Pushkin era muy querido por el pueblo, ordenó que se le enterrara en el más absoluto secreto. "Pushkin ha muerto, ha fallecido en la flor de la vida, en la mitad de un glorioso camino...No hay corazón ruso que ignore el valor de esta irreparable pérdida", reza la única necrológica que se hizo eco de su muerte.

 

Lo que otros escritores dijeron de Pushkin 


Gógol: "Pushkin es un fenómeno extraordinario y quizá único del espíritu ruso: es el hombre ruso en su evolución, tal como puede llegar a ser dentro de doscientos años."


Dostoievski: "Pushkin no sólo encarna el espíritu ruso, sino que posee una especial capacidad para comprender y asimilar sutilmente los ideales de otras naciones."


Nabokov dedicó varios libros a la obra del autor al que consideraba "tan inevitablemente parte de nuestra vida como la tabla de multiplicar".

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