Más allá de Kólskaya

Foto de RIA Novosti

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El accidente de la plataforma petrolífera Kólskaya la semana pasada fue consecuencia de errores estratégicos relacionados con la innovación de la propia industria. Los desafíos que se plantean a esta sector son de gran calado para la economía del país.

No cabe duda de que la historia del accidente en la plataforma Kólskaya es una tragedia. Aunque también es muy significativa. Hay gran cantidad de voces que claman contra los horrores de la dependencia de la economía rusa del petróleo y el gas, a veces se compara incluso a la jeringuilla de un drogadicto. En clara oposición se encuentran las industrias de extracción de materias primas y  de alta tecnología y desarrollo innovador. Tras esta maraña de discusiones, nos hemos olvidado de cosas muy simples.

En primer lugar, la industria del petróleo y del gas constituye un sector directamente relacionado con ciertos objetivos tecnológicos de importancia, ya que ya no sólo se trata de extraer materias primas de una manera primitiva. Actualmente el porcentaje de petróleo que se extrae mediante pozos, es decir, según el procedimiento más sencillo, es mínimo. Solamente hay casos aislados, y si diéramos con un pozo en un nuevo yacimiento, sería todo un acontecimiento. Además, esta industria es un complicado sistema técnico que, en el fondo, es el único que puede crear hoy en día una demanda real de soluciones innovadoras en Rusia.

No es una casualidad que el accidente se haya producido en una plataforma de Shelf. La tendencia mundial consiste en desplazar la extracción de la tierra al mar, cada vez más lejos de la costa y a mayores profundidades. Por ejemplo, en Brasil se trabaja a más de 5.000 metros de profundidad.  Entonces, nos hemos visto atrapados en una seria trampa, ya que el desplazamiento hacia el mar es una tendencia que sobre todo se ha hecho patente en los últimos diez años. Sin embargo, la situación de la industria del petróleo y del gas en Rusia está en muchos aspectos condicionada por los enfoques soviéticos, incluyendo las soluciones científicas. Ésta estaba orientada a la extracción en tierra. Todos nuestros gigantes están en tierra firme, los proyectos de Shelf se concentraban principalmente en el Mar Caspio. Los proyectos que empezamos, por ejemplo, en la isla de Sajalín, se realizaron en la época post soviética con participación de empresas extranjeras. Nuestro potencial en ese ámbito resulta muy limitado.

Por cierto, la propia Kólskaya no fue producida en Rusia, sino en Finlandia en 1985, aunque para la industria petrolera 25 años no sea un plazo demasiado importante. Además, hay que tener en cuenta que el accidente más grande de la industria petrolera internacional de los últimos años también tuvo lugar en una plataforma de sondeo, en este caso en el Golfo de México, lo cual refleja  la realidad de este tipo de extracción en la actualidad.

Lógicamente, tras el accidente surgen preguntas muy razonables y bien fundadas: ¿cómo ha volcado la plataforma Kólskaya? ¿Para qué había 67 personas en la plataforma mientras ésta se transportaba, es decir, cuando no se estaba llevando a cabo ningún proceso de extracción? Espero que recibamos las respuestas correspondientes y no ocurra lo mismo que con la investigación del accidente en la central hidroeléctrica de Saiano-Shúshenskaya, cuando lo primero que se hizo fue publicar una lista de culpables, incluidos los exministros de industria energética, y al final todo se redujo a encontrar a una serie de chivos expiatorios entre los empleados.

Además, aparte de todo esto y  de la pérdida de vidas humanas, se plantea otra importante cuestión: se habla constantemente de la “jeringuilla petrolera” de la que depende la economía del país, pero en realidad esta jeringuilla está bastante oxidada. Existen serias dudas acerca de nuestra capacidad para reaccionar ante los desafíos contemporáneos. Se califica como “la vergüenza del estado” a un sector que demanda una gran cantidad de innovaciones. En realidad, le faltan dinero y oportunidades para llevar a cabo procesos de innovación. Podemos adoptar todos los programas de desarrollo de Shelf que queramos, pero si no cambiamos nuestra actitud respecto a la industria del petróleo y gas, seguiremos encontrándonos que para completar el presupuesto habrá que seguir gravándola con altos impuestos, lo cual la dejará sin dinero para su desarrollo. Por otra parte, nos sorprendamos por tener que encargar plataformas de sondeo a Finlandia y que éstas luego se hundan a la hora de ser transportadas, llevándose consigo vidas de nuestros compatriotas.

Konstantín Símonov, director general del Fondo Nacional de Seguridad Energética

  

Artículo publicado orginalmente en ruso en la revista Expert.

 

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