¿Carrera profesional en snowboard?

Foto de Legion Media/ Alamy

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La velocidad con la que cambia la sociedad rusa es mareante. Es como si la generación más joven y la vieja vivieran en el mismo país pero habitaran diferentes planetas. Aún en estos tumultuosos tiempos, es importante intentar comprender qué es lo que está ocurriendo y prepararse para el futuro. Una de las maneras para entrever cómo será la sociedad del futuro es examinar las aspiraciones de sus jóvenes.

Cada vez que me reúno con mis contemporáneos rusos intento estar atento, sobre todo al reunirme con un joven como Kirill. Es un fotógrafo de deportes extremos y tiene un modo de vida que era imposible imaginar para los rusos del siglo pasado.

Como muchos de su generación, Kirill abrazó la cultura occidental que inundó Rusia tras el colapso de la  URSS. De hecho, es uno de los fotógrafos más destacados de Rusia para snowboard. Gracias al aumento de la capacidad adquisitiva de la emergente clase media, este deporte se ha convertido en uno de los pasatiempos favoritos entre los jóvenes que son lo suficientemente valientes como para abandonar la estabilidad de los skis.

Conocí a Kirill el pasado fin de semana en una competición de snowboarding en el recién restaurado y precioso parque Gorki. Además del snow, había gran cantidad de elementos occidentales, como el hip-hop que acompañó al evento. Mientras escuchaba a Kirill explicar las normas de la competición, pensaba en que muchos rusos están siendo lingüísticamente occidentalizados. La competición se llamaba “jibbing” y los “riders” conseguían puntos por “grinding” en los “rails” o por realizar buenos “jumps”. La lista podría seguir.

La rápida occidentalización aumenta la distancia cultural intergeneracional. Es particularmente desconcertante para la generación más adulta, que considera que el país sufre una invasión cultural no-rusa y de valores materialistas. Aunque en mi entrevista con Kirill me quedé sorprendido por su actitud ante su trabajo, al mismo tiempo rusa y occidental, de una manera espiritualizada.

De modo que cuando pregunté a Kirill sobre sus participantes favoritos en la competición, rápidamente me respondió que sobre todo estaba interesado en promover a sus compatriotas. De hecho, esa era la intención de los organizadores del evento, que promocionaron automáticamente a algunos competidores hacia las eliminatorias para que tuvieran más visibilidad.

En contra de las críticas referidas al materialismo, Kirill hizo una entusiasta descripción del componente artístico que hay en sus fotografías. Explicó que sus mejores tomas han sido en la montaña, donde puede completar la acción de los deportistas con la belleza del paisaje. Espera que las personas que vean sus fotos sientan las mismas emociones que los deportistas y el deseo de compartirlas. El propio Kirill practica snowboard y lo describe como un proceso profundamente emocional.

Lo cierto es que quedé impresionado por la forma de trabajar de Kirill y su pasión. A pesar de lo que sientan las generaciones más adultas acerca de la occidentalización, la apertura de Rusia a las nuevas tendencias culturales y a la economía de mercado internacionales ha dotado a los jóvenes de fantásticas nuevas oportunidades. A principios del siglo XXI pueden elegir entre un amplio abanico de nuevas carreras y caminos para la autorrealización, que simplemente eran inimaginables en la estricta disciplina social soviética.

Además, que la generación actual se esté occidentalizando rápidamente, no significa que exista el riesgo de perder la cultura nacional. Ese tipo de preocupaciones no son nuevas en Rusia, ya que en los siglos XVIII y XIX experimentó también una fuerte occidentalización. En cambio, al final de este periodo surgió una próspera vida cultural; nacional debido a su originalidad y de atractivo a nivel internacional. En muchas ocasiones los propios rusos consideran que este periodo de logros culturales no ha sido superado.

Uno de las mejores obras de este florecimiento cultural es la novela “Padres e hijos” de Turguéniev. En ella el autor nos recuerda que la responsabilidad de la generación de más edad no consiste en resistirse al cambio, sino en facilitarlo a través de medidas constructivas. Jóvenes como Kirill deberían poder seguir el camino que han elegido y ser respetados por las personas mayores. Cuando esta generación envejezca, la sociedad rusa tal vez sea capaz de recobrar parte del dinamismo de los años anteriores.

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