No tocar

Dibujo de Niyaz Karim

Dibujo de Niyaz Karim

Las últimas protestas en Rusia muestran una tendencia que se suele dar en todos los países: algunos apelan a la necesidad de cambios, otros a la importancia de la estabilidad.

Cualquier político o partido en el poder siempre dice lo mismo antes de las elecciones: “No es conveniente cambiar a mitad de camino”. Mientras que los que pretenden el poder apelan constantemente a la necesidad de cambios. Tras las elecciones, los vencedores replican a los que disputan su victoria: “No hay que tocar nada”. Como si quisieran decir que el discurso mismo sobre las irregularidades en las elecciones minara la legitimidad del poder en general. Esto es totalmente natural y todos los políticos lo hacen. Recordemos lo ocurrido en el año 2000: George W. Bush fue proclamado vencedor de los comicios presidenciales en EE UU, la misma noche de las votaciones, aunque resultó ser algo prematuro. Durante las siguientes semanas, mientras los tribunales consideraban las denuncias del demócrata Al Gore, Bush y su partido advertían permanentemente que una prolongada disputa minaba la legitimidad del sistema en general. Aunque en principio se desconocía quién había sido elegido hasta la finalización del escrutinio o, como resultó finalmente, hasta la decisión del Tribunal Supremo.


En el caso de Rusia, la situación se desarrolla de la misma manera. Los líderes de Rusia Unida, incluyendo al presidente Dmitri Medvédev, hacen hincapié en que quienes ponen en duda la versión oficial de los resultados electorales del pasado 4 de diciembre, minan la estabilidad de las autoridades. Por su parte, la campaña electoral para las elecciones presidenciales del primer ministro Vladímir Putin se basa en lo poco conveniente que es el poder para sus oponentes. Esto no es así, evidentemente; para la mayoría de los políticos de la oposición resulta muy necesario que exista un fuerte poder estatal. Otra cosa es que ellos se querrían ver a sí mismos, y no a Putin, como presidentes. En fin, una capacidad para la asegurarse la supervivencia política consiste en comportarse de tal modo que la crítica a uno mismo sea tomada como crítica al puesto que uno ocupa o, todavía mejor, a todo el país.


Sin embargo, el atento elector se distingue del pasivo precisamente porque comprende que la frase “no hay que tocar nada”, es una fórmula estándar de aquellos que se encuentran en en el poder. Lo que hay que discernir en cada caso concreto es quién no quiere que se toque nada. Si los votos están escrutados honestamente y alguien intenta cambiar los resultados con ayuda de  manifestaciones callejeras (es algo que ocurre), los culpables son los perdedores. Aunque, al contrario, si los resultados de las elecciones han sido falsificados de tal forma que la distribución del poder cambia sustancialmente, entonces los que no quieren tocar nada son los que intentan aparentar que no ha habido falsificaciones. La estabilidad no significa que el líder de un país no sea reemplazado, pase lo que pase. Lo que supone la estabilidad es que los líderes y los partidos en el poder puedan ser reemplazados por decisión de los votantes. (Por cierto, no es casual que los países excomunistas con los sistema políticos más estables sean precisamente aquellos donde los partidos en el poder se alternan casi cada vez que hay elecciones).


Nuestro país no necesita conmociones ni revoluciones. Lo que le hace falta es contar con unos años de progreso hacia adelante. Decenas de miles de moscovitas se manifestaron el pasado día 10 en la plaza Bolótnaya precisamente para defender el derecho de Rusia a un desarrollo sereno y con éxito.


Konstantín Sonin es profesor universitario, vicerrector de la Escuela Rusa de Economía


Publicado originalmente inicialmente en el diario ”Védomosti”

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.