Muchos acuerdos y pocos resultados

Las universidades rusas tienen firmados cientos de contratos con las escuelas superiores de América Latina, pero la mayoría de ellos se desaprovecha. Foto de RIA Novosti

Las universidades rusas tienen firmados cientos de contratos con las escuelas superiores de América Latina, pero la mayoría de ellos se desaprovecha. Foto de RIA Novosti

Iván Valderrama, de 28 años, procedente de Santiago de Chile, estudia en la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos (RUDN) en Moscú. Cuando nos comunicamos por primera vez por teléfono, no pude creer que este chico que habla un perfecto ruso fuera un estudiante latinoamericano. Para asegurarme de que no había marcado un número incorrecto, le tuve que preguntar a mi interlocutor: “Disculpa, ¿eres Iván de Chile?”.

Iván lleva varios años estudiando en la facultad de medicina de la RUDN y no se arrepiente de haber venido a la capital rusa.

- ¿Por qué decidiste estudiar aquí?

- Rusia es una potencia científica. Los investigadores rusos se han llevado más del 60% de los Premios Nobel en ciencia. Yo quería estudiar medicina. En Rusia la enseñanza es una de las mejores del mundo, -explicó Iván.

En un principio no estaba becado y debía pagar por sus estudios en Moscú. Pero gracias a sus esfuerzos y tras haber sacado buenos resultados en los exámenes, logró obtener una beca. “De todas formas -comenta Iván- estudiar en una universidad de Moscú sale más barato que en Chile. Aquí pagué entre 4 y 5 mil dólares al año, y en Chile pagaría 7-8 mil dólares”.

Iván dice que está muy a gusto en Moscú, el clima y el idioma (dos cosas que suelen asustar a los extranjeros) no le suponen ningún problema. De hecho, lleva menos de cinco años en la capital y ya habla ruso sin acento.   

Foto de ITAR-TASS

Lo único que le preocupa a Iván, quien tras terminar la carrera universitaria planea volver a su país para trabajar como médico, es que el título obtenido en la RUDN no será reconocido en Santiago. El flamante diplomado tendrá que volver a aprobar distintas asignaturas en la Universidad de Chile, incluido las que no le han enseñado en Moscú, como, por ejemplo, la ética. Para conseguirlo deberá hacer un gran esfuerzo y armarse de paciencia, ya que estos procedimientos le harán perder, como mínimo, un año y medio.

Los acuerdos que no funcionan

Actualmente, en las universidades rusas estudian unos 1.100 jóvenes procedentes de Sudamérica, según los datos proporcionados a Rusia Hoy por el Ministerio de Educación y Ciencia de Rusia. Unos 700 estudiantes latinoamericanos (más de la mitad) tienen una beca.

A primera vista, no es poco. Sin embargo, este número podría ser mucho más elevado, teniendo en cuenta que en Rusia existen más de mil universidades públicas y casi 500 escuelas superiores privadas, que pueden ofrecer más oportunidades a los estudiantes sudamericanos. Pero existen ciertas dificultades que frenan esta cooperación.

La colaboración entre las universidades rusas y latinoamericanas se basa en acuerdos bilaterales entre las escuelas superiores de ambas regiones. Esto quiere decir que la cooperación se realiza de forma individual. Cada institución rusa que quiere estrechar los vínculos con las escuelas superiores de Sudamérica (o viceversa), tiene que hacerlo todo por su cuenta: buscar a su futuro socio, estudiar su programa académico y científico, hacerle una oferta de colaboración, preparar la documentación necesaria, ajustar detalles y llevar el proyecto a cabo. Todos los procedimientos resultan complicados, requieren mucho esfuerzo y muchas inversiones. No es de extrañar que la mayoría de los proyectos de cooperación, tras ser firmados con éxito, se abandonen sin que se inicie su realización.

Nikolái Frolov, director del Departamento de relaciones con los países iberiamericanos de la Universidad Técnica Estatal de Kursk, comenta que su universidad ha firmado acuerdos con una decena de los países latinoamericanos, tales como Uruguay, Argentina, Chile, Colombia, Venezuela, Cuba, etc. Pero, en su mayoría, son acuerdos que existen sólo en el papel. En realidad, la universidad de Kursk coopera con Perú y Ecuador ya que mantener la colaboración activa con los demás países resulta muy difícil y bastante caro: “En Rusia debería existir un programa estatal que apoye estas iniciativas. Sin una ayuda estatal no vamos a llegar a nigún lado. En noviembre de este año en la Argentina se celebró la ‘Expouniversidad-2011’, pero no pudimos participar en este acontecimiento tan importante para nosotros por una sencilla razón: no teníamos recursos económicos para realizar el viaje”, cuenta Frolov.

Otros aspectos de colaboración Las universidades rusas y sudamericanas no sólo cooperan en el ámbito académico sino también realizan distintos proyectos científicos conjuntos. Así, la Universidad Técnica Estatal de Kursk y la Universidad Nacional de Ingeniería de Perú han terminado la construcción de su propio sputnik que en 2013 será lanzado al espacio. La Universidad Estatal “Lomonósov” de Moscú y la UNAM (México) también han emprendido la construcción del sputnik “Unamsat-1”. La Universidad de la Amistad de los Pueblos (RUDN) está realizando una investigación científica en medicina junto con la Universidad de Colima de México. Este proyecto ha recibido el apoyo de los gobiernos de ambos países y es financiado por los ministerios de salud.

Natalia Karpóvskaia, directora del Centro Hispano-Ruso de la Universidad Federal Rusa del Sur (Rostov en el Don), es la responsable de la cooperación con los países latinoamericanos. Natalia asegura que la preparación de un proyecto bilateral puede durar años. En este momento, la Universidad Federal Rusa del Sur, que ya colabora de forma muy activa con distintas universidades de España, está elaborando sus primeros acuerdos con las escuelas superiores en América Latina: tres acuerdos con Cuba y tres con México. “De momento no es mucho -comenta la directora- pero sabiendo lo difícil que es realizar un proyecto de este tipo, preferimos ir poco a poco. No queremos tener acuerdos que nos sobren pero que no funcionen en realidad, lo que pasa muy a menudo. Procuraremos hacer todo para que cada uno de los contratos que firmemos se aplique en la práctica”.

Además, la universidad está realizando otro proyecto ambicioso con la participación de Rusia, España y Cuba: la Universidad Federal del Sur de Rusia, la Universidad de Cádiz y el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría han logrado crear el Centro Hispano-Ruso de Idiomas y Cultura que se inaugurará en febrero del próximo año 2012 en Cuba y cuyo objetivo principal será la enseñanza y la promoción de la lengua y la cultura rusas.  

La Universidad de la Amistad de los Pueblos (RUDN) que actualmente cuenta con 463 estudiantes de 20 países de América Latina y del Caribe, es el líder indsicutible en la cooperación entre las universidades rusas y latinoamericanas. Según Evgueni Martynenko, director del Departamento de Relaciones Exteriores de la RUDN, a lo largo de los 51 años de su historia, la universidad ha firmado 43 acuerdos con las escuelas superiores sudamericanas y la mitad de esos contratos fueron suscritos en los últimos 10 años. Por un lado, esas cifras muestran el creciente interés de las universidades latinoamericanas por una cooperación más estrecha con Rusia. Por otro lado, tan sólo 4 de los 20 países latinoamericanos mantienen una colaboración realmente activa con la RUDN. Y estos países son la Argentina, Bolivia, México y Chile.  

“En la época soviética, cuando fue creada la universidad, el número de los estudiantes latinoamericanos era mucho más elevado por motivos obvios -comenta Evgueni-. Ahora sigue existiendo el interés por estudiar en Rusia, incluso en los últimos años este interés ha aumentado, pero el actual sistema de cooperación entre nuestros países no funciona tan bien como nos gustaría. No es un secreto que muchos chicos latinoamericanos prefieren ir a estudiar a EE.UU. ya que les resulta más cómodo y más barato”.

 

Por un título reconocido

Los jóvenes latinoamericanos que estudian en Rusia tropiezan con un gran problema: los títulos rusos no se reconocen en sus países de origen. Victoria Velázquez, de 26 años, de Ecuador, estudia en la RUDN. Desde hace tiempo la joven estaba soñando con aprender el idioma ruso ya que su madre es de origen ruso. Victoria ha ingresado en la facultad de psicología de la RUDN, pero aún no sabe si volverá a Ecuador tras terminar la carrera o se quedará a vivir en Rusia (no descarta esta opción). De todas formas, sabe que si vuelve a su país, tendrá que enfrentarse a muchas dificultades para homologar su título universitario.

Los obstáculos que impiden el desarrollo de relaciones entre las universidades rusas y latinoamericanas se discuten en el marco del Foro de los Rectores de Rusia y del Espacio Iberoamericano cada dos años. La última edición del foro se celebró en abril de este año en Moscú donde los rectores volvieron a plantear los principales problemas.

Sin lugar a dudas, el hecho de que las universidades pueden firmar acuerdos bilaterales en el ámbito académico y científico, es un gran logro. Pero entre la firma de un contrato y su realización a veces hay un abismo. ¿Debería existir un mecanismo intergubernamental que apoye esas iniciativas? Los rectores son unánimes sobre esta cuestión y se expresan a favor de la creación de un sistema que facilite los trámites para las universidades, que preste ayuda económica a los estudiantes y, lo más importante, que permita reconocer los títulos universitarios rusos en América Latina y viceversa.

Así, hace un par de años, surgió la idea de crear un Erasmus en el espacio iberoamericano. Evgueni Martynenko en su entrevista a Rusia Hoy calificó esta idea como brillante, ya que Erasmus podría activar el desarrollo de relaciones entre las universidades: “Erasmus funciona en Europa, el hecho de que los estudiantes reciben una ayuda financiera de la Comisión Europea es un gran éxito. Si hubiera existido el mismo programa en el espacio iberoamericano, los estudiantes saldrían beneficiados”. Pero aún está por verse si esta idea llegará a realizarse algún día.

Lea una entrevista con Cecilia Domingo, médica egresada de la RUDN, actual representante para la Argentina y el MERCOSUR del Instituto de Sistemas y Tecnologías Electroquímicos de Rusia (ISTER)

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