La Gran Muralla antichina

Dibujo de Peter Timofeyev

Dibujo de Peter Timofeyev

La Unión Euroasiática entre Rusia, Bielorrusia y Kazajistán conlleva beneficios para todas las partes. Debido a la complejidad para adaptar las legislaciones de los diferentes países no estará operativa, como mínimo, hasta el 2015. Además de establecer unos estándares comúnes para los participantes, supone una especie de barrera para la expansión china en la región.

Cualquier integración interestatal siempre es mejor que la desvinculación política y económica. En primer lugar, se van eliminando las fronteras aduaneras, lo cual simplifica las transacciones comerciales entre los países. En segundo lugar, se crean mejores condiciones para la movilidad de la población, estimulando la migración laboral. En tercer lugar, las uniones entre países permiten reaccionar de una manera más eficaz ante los desafíos externos y eso es algo que influye en la estabilidad financiera de los estados participantes.

 

El acuerdo trilateral entre Rusia, Bielorrusia y Kazajistán sobre la creación de la Comisión Económica Euroasiática (CEE) firmado el 18 de noviembre en Moscú y ratificado por la Duma Estatal el 22 de noviembre de este año, es precisamente un caso de esta índole. Entre los ámbitos de actividad de la Comisión figuran, entre otros, distintos temas macroeconómicos: la regulación de los aranceles aduaneros, la regulación aduanera no tarifaria, la administración fronteriza, el establecimiento de regímenes comerciales respecto a terceros, las subvenciones industriales y agrarias, los contratos públicos y/o municipales, la política de divisas, la migración laboral y el movimiento de capitales, entre otros. Las decisiones de la Comisión Económica Euroasiática tendrán carácter vinculante. Las posibles discrepancias que surjan serán resueltas por el Consejo Superior Euroasiático para la Economía que estará formado por los jefes de Estado y los gobiernos de los países miembros.

 

Las funciones de la Comisión dan respuesta a la pregunta que tanto preocupa a los escépticos euroasiáticos: ¿quién está interesado en crear un espacio económico euroasiático? ¿Vladímir Putin? ¿El presidente bielorruso, Alexánder Lukashenko? ¿Nursltán Nazarbáiev, presidente kazajo? Por sorprendente que suene, la respuesta es extremadamente simple: los tres países y sus respectivos líderes, porque por primera vez en los últimos 20 años surge en el territorio de la antigua URSS una nueva comunidad económica sin connotaciones políticas, que dicho sea de paso, respeta la identidad nacional de cada una de las partes. Además, se estima que en 2011 el intercambio comercial entre Bielorrusia, Rusia y Kazajistán alcance alrededor de los 80.000 millones de euros, un 40% más que el año pasado.

 

La primera beneficiada será Bielorrusia, ya que el precio del gas a partir del año que viene será de unos 110-120 euros por 1.000 metros cúbicos. También Kazajistán, que pagará mucho menos por transportar su petróleo a través de los oleoductos rusos. A su vez, Rusia también ganará porque su mercado se llenará de artículos bielorrusos y kazajos de modo que aumentará la competitividad dentro del país.

 

Se puede pensar que la piedra angular de cualquier unión interestatal es la creación de una moneda común. Conviene destacar que el pasado 18 de noviembre los negociadores de los tres países demostraron tener la sabiduría suficiente como para evitar abordar este tema, ya que el establecimiento de un centro emisor único conlleva una pérdida parcial de soberanía nacional. De esta manera, evitaron caer en la “eurotrampa”.

 

En este sentido, contar con unos estándares armonizados resulta más importante que una moneda común. Estos estándares, como en Europa, se refieren a la producción de mercancías y a la prestación de servicios y están dirigidos hacia el avance común de todos los estados miembros. El proceso de unificación de los parámetros técnicos es largo (en Europa empezó en 1985) y resultaría conveniente que los estándares correspondientes de la Unión Euroasiática no tardaran más de 5 ó 10 años en establecerse.

 

Para garantizar un funcionamiento pleno la Comisión tendrá que unificar hasta 175 normativas nacionales de los países miembros. Es mucho y, teniendo en cuenta el gran nivel burocrático de los organismos públicos administrativos, es poco probable que la Comisión Económica Euroasiática pueda funcionar íntegramente a partir de enero de 2012. En el mejor de los casos lo hará a partir de 2015.

 

La Comisión también supone ventajas para los empresarios rusos ya que les permite registrar sus empresas, por ejemplo, en el territorio de Kazajistán, donde las cargas tributarias son menores y el nivel de corrupción más bajo. Este tema ha cobrado cierta actualidad y ya son varias centenas de empresas las que han cambiado su domicilio fiscal registrándose en el territorio de Kazajstán. Además, los empresarios rusos están interesados en la creación de la Comisión Económica Euroasiática porque la abolición de visados les permitirá aumentar la cantidad y la calidad de la mano de obra.

 

Asimismo, la creación de la Unión Euroasiática es una forma de defensa económica ante la expansión china. Actualmente, hasta un 50% de las empresas de Kazajistán cooperan de una u otra manera con socios chinos. La presencia china en la economía rusa también es considerable: según diferentes estimaciones, el número total de inmigrantes chinos en Rusia, entre legales e ilegales, es de varios millones de personas.

 

En resumen, la creación de la Comisión Económica Euroasiática favorecerá la modernización y la industrialización de Rusia, reducirá los gastos de las transacciones y ayudará a la integración de los tres países en la división internacional del trabajo.

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