La decepción de los dos líderes

Imagen de Niyaz Karim

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Cuando el presidente Dmitri Medvédev y el primer ministro Vladímir Putin aparecieron en las pantallas de la televisión rusa la noche que siguió a las elecciones a la Duma, sus rostros eran sumamente elocuentes. Las sonrisas tensas no podían ocultar la decepción de los dos líderes. Rusia Unida (RU), su partido, fue masivamente rechazado por los rusos. El porcentaje de votos cayó desde casi el 64% obtenido en 2007, hasta el 49%. Y eso a pesar del enorme fraude electoral llevado a cabo en todo el país.

Gobernadores regionales, autoridades locales y la policía encabezaron el ataque contra los partidos de la oposición, los observadores electorales y los periodistas. Fue en vano. Algo más incómodo todavía: Moscú y San Petersburgo y otras grandes ciudades produjeron los resultados más bajos para Rusia Unida. Si no fuera por el fraude masivo, el partido perfectamente podría haber obtenido el tercer puesto en las dos capitales. En un país donde, parafraseando a “Tip” O’Neil, el recordado líder demócrata del Congreso norteamericano, “toda la política es central”, es como si lloviera sobre mojado.  

Esa noche en mi programa de la BBC entrevisté a Andréi Vorobiov, responsable del comité ejecutivo de RU. En varias ocasiones se negó a responder cómo explicaría la pérdida de casi el 15% de los votos. Sentí cierta compasión por Vorobiov, es probable que él y sus colegas estuvieran auténticamente confundidos. Lo que presenciamos el 4 de diciembre fue el regreso de la política a Rusia, cuando todos pensaban que estaba prácticamente muerta. Se pueden sacar varias conclusiones.  

En primer lugar, estas elecciones son un referéndum de facto sobre la década de Rusia Unida en el poder. Aunque consideremos impecables los resultados oficiales (que definitivamente no lo son), se le ha enviado una señal muy clara a la clase gobernante del país. Todavía no es un mensaje –diferentes personas votaron contra el partido dominante por diferentes razones- pero sí que es un signo evidente de que la población está cansada del monopolio político de RU, y de la corrupción asociada a éste.  

En segundo lugar, en Rusia todavía hay muchos que creen que RU es un grupo de “nobles malos” en la corte del “buen zar” Vladímir Putin. Sin embargo, también es evidente que para un gran número de personas ésta ha sido una oportunidad de expresar personalmente su insatisfacción con Putin. En este sentido, la votación de diciembre puede verse como una especie de “round cero” ante las elecciones presidenciales, previstas para marzo de 2012. En general se supone que Putin saldrá elegido para desempeñar su tercer mandato, pero las elecciones a la Duma han arrojado una sombra sobre esta perspectiva. Si en primavera Putin se dedica a hacer el simulacro de batalla electoral que fueron la mayoría de los comicios anteriores, perderá aún más credibilidad. Podría haber apostado y abierto el campo para una competencia genuina, siguiendo una especie de estrategia “Putin 2.0” (un escenario improbable, a decir verdad), pero las leyes restrictivas que él y RU promovieron dejan muy poco tiempo para que se materialice una verdadera alternativa y unos contendientes genuinos. Lo cual coloca a Putin, no sólo frente a la creciente insatisfacción de las masas sino, ante una creciente decepción respecto a su capacidad para controlar la situación desde el interior de la clase gobernante. En este momento no parece probable que se libre una pelea interna dentro del Kremlin, pero es algo que podría cambiar en los próximos meses.  

En tercer lugar, han sido las últimas elecciones en las que la televisión controlada por el Estado ha desempeñado un papel decisivo. El uso de Internet crece de forma masiva en Rusia. Se ha pasado de 32 millones de usuarios mensuales en 2008 a 50 millones de usuarios diarios en 2011. Para 2016, cuando se inicie el próximo ciclo electoral, el porcentaje de votantes con acceso a la red podría acercarse al 75 u 85%. Y si bien el 80 ó 90% de los usuarios navega en busca de cotilleos de los famosos, citas u ofertas, la ciudadanía con conciencia política dispone ahora de una plataforma gratuita para participar en debates y organizarse. Desenmascarar el fraude electoral habría sido imposible sin smartphones, Facebook y Twitter.  La “política real” siempre tiene que ver, por cierto, con la interacción directa con la gente, pero esta vez el activismo online no sólo ha permitido la auto-organización fuera de línea, sino que la ha hecho efectiva. De ahí que sea posible que el gobierno intente introducir una legislación restrictiva con respecto a Internet. Habrá que observar lo que ocurre en 2012.  

Esto nos lleva a la cuarta conclusión. Han sido los primeros comicios rusos en los que la llamada “clase media” en ciernes ha ido realmente a votar. Se trata de personas de treinta y tantos años, autosuficientes, que hablan inglés y manejan el iPad. Es la generación que más se ha beneficiado de la “década de las vacas gordas”: los dos primeros mandatos de la presidencia de Vladímir Putin entre 2000 y 2008. Fueron los años del boom petrolero, que enriqueció a mucha de esta gente. Muchas de estas personas ignoraban la política completamente, muchos apoyaban a Putin y a RU. La crisis económica, el estancamiento político y la corrupción los alejaron. El problema es que nunca volverán. Perder el apoyo –o en todo caso, ganar la indiferencia- del futuro de Rusia no es algo que se pueda dejar pasar por alto.  

En quinto lugar, y para terminar, cuanto más recurran las autoridades a tácticas de mano dura, más oposición producirán. Los rusos vuelven a tener nuevamente la política en sus mentes, y todavía no ven muchas alternativas a su alcance. No hay fuerzas políticas creíbles en el centroderecha y tampoco hay nadie que entusiasme al electorado nacionalista moderado, que conforma aproximadamente el 30% del censo. Esto abre un terreno fértil para los populistas y los demagogos. En estos momentos el mayor peligro que acecha al país es el vacío potencialmente peligroso que podría abrirse de repente, si no se dan pronto los pasos necesarios para modernizar y liberar el ineficiente y obsoleto sistema político ruso.

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