Un solo en la tabla de lavar

Foto de Itar Tass

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El grupo «Iva Nova» está formado por cinco chicas y apareció en la escena musical rusa en 2002. Su carta de presentación es un estilo musical que combina el rock duro, los ritmos étnicos, los motivos folklóricos y los sonidos electrónicos.

«Iva Nova», es una excpeción en Rusia. Son únicas en su género porque muestran un rock femenino de nivel europeo. Además, son las mismas chicas que utilizan como instrumentos musicales ollas, sartenes y otros utensilios domésticos. Su música combina un solo de acordeón con el crujido urbano de tubos de metal, la guitarra eléctrica con los sonidos de una tabla de limpiar.

Aunque todavía no son muy famosas en Rusia, la banda es muy reclamada en Occidente, donde en ocho años han realizado más de 20 giras por Europa. El grupo tiene tres álbunes, ha participado en más de 30 festivales internacionales y es habitual en los certámenes europeos.

¿De dónde surgió la idea de tocar música étnica?

Katia: Simplemente, siempre nos ha gustado. Pero desde hace tiempo no tocamos solamente folk. El estilo se transforma, y aunque queden elementos, en los últimos tiempos nos vienen cosas de los ruidosos experimentos de las vanguardias.

Junto con los motivos eslavos, aparecen ritmos bailables del techno, algo de punk... Una mezcla ecléctica de diferentes estilos.

Yo sí que definiría a vuestro estilo como «techno folk»...

Katia (percusión): Techno folk, etnomecánica, punk gitano, turbo folk... Nos han llamado de todas las maneras. En Europa coleccionamos los nombres de nuestro estilo que aparecen en los carteles, todos intentar nombrar lo que somos. ¡Aprendemos mucho! (Se ríe).

¿Dónde actuáis con más frecuencia, en Europa o en Rusia?

Katia: Antes íbamos más por Europa y ahora tratamos de dar más conciertos en Rusia. Pero aquí es difícil, no es nada fácil hacerse un hueco en los clubes pequeños y no porque sobre el dinero.

Y es que suele venir poca gente a vernos, no somos un grupo famoso y no sonamos en la radio. Mientras que en Europa hay un club en cada pueblo, y además suele ser bueno. La gente es agradable, nuestros conciertos les gustan. Aunque, para alcanzar un nivel más elevado, es necesario buscar un festival. No te puedes contentar con conciertos sueltos. 

¿Participáis en muchos festivales? ¿En qué se diferencian los festivales rusos y los eurepeos?

Katia: Cada vez vamos a más festivales: al etno-festival «Dikaya Miata» en Moscú, al FolRockForum, al Festival Internacional Kvir-Cultura en San Petersburgo. En Europa también hemos estado, por ejemplo, el festival étnico «Faces» en Finlandia, «Fusion» y «Open Air» en Main ZB en Alemania,  «Progress Festival Vooruit» en Bélgica... Muchos.

 

Nastia (voz y percusión): Desgraciadamente, no es lo mismo participar en un festival en Europa o en Rusia.

Inna (guitarra y voz): Sí, en Rusia el feudalismo florece por todas partes. Por ejemplo, a menudo pagan solamente al cabeza de cartel y a nosotras nos dan las «gracias». Muchas veces solo dan de comer a los que son más importantes. En general hay poco respeto, tanto por parte de los organizadores como del público. En Europa no nos encontramos con cosas así.

¿Cuál es el instrumento más importante del grupo?

Katia: Es difícil decirlo. Evidentemente, si se va la acordeonista, por ejemplo, no podemos seguir tocando. Por otro lado, tampoco podemos tocar sin el bajo, la guitarra o la batería. A veces añadimos intrumentos adicionales: en el nuevo programa hay muchos instrumentos de percusión, hay una canción en la que todas las chicas tocan la batería. Hay también teclados, dub y muelles aunque a nosotras nos gustan más los instrumentos nacionales como las ollas de barro para la percusión, la tabla de lavar, las cucharas, las panderetas y las carracas.

¿Tienen sueños musicales?

Nastia: Por alguna razón, ¡sólo pesadillas! A veces es como si estuviera en un escenario de diez metros de altura y me da miedo mirar hacia abajo. No entiendo por qué es tan alto. El público no ve nada...

Katia: Sí, yo también tengo todo el rato sueños musicales absurdos. Empieza un concierto y no hay instrumentos, y no se puede tocar nada.

Y, ¿no tenéis sueños en las que salís desnudas al escenario?

Nastia (se ríe): En sueños no, pero en la realidad...

Katia (interrumpe): Sí, una vez, estábamos dando un concierto en Berlín y yo tenía que levantarme de mi sitio e ir hacia delante con un tambor. Mientras estaba tocando siento como la cremallera de la falda se empieza a abrir y como baja. Al final la falda cayó al suelo y me puse de rodillas. Así terminé de tocar.

Nastia: Desde entonces Katia se ata la cremallera con cintas, en serio.

Pero bueno, eso pasó en Berlín. Seguramente estén acostumbrados.

Nastia (riéndose): Sí, es muy posible. Berlín es una ciudad excelente, a menudo tocamos allí en cuclillas.

 

Además de Alemania, ¿en qué otros sitios habéis tocado?

Nastia: En Bélgica, Holanda, Francia, Finlandia, la República Checa...

Inna: No, no, en la Repúblca Checa sólo estuvimos de paso. Lo único que hicimos allí fue comer.

 

¿Entienden vuestras canciones en Europa? ¿Cantáis en ruso solamente?

Katia: Entienden el sentido, eso es lo más importante.

Nastia: Pero no sólo cantamos en ruso, también lo hacemos el búlgaro, tártaro y georgiano.

Inna: Nastia tuvo una pareja que era medio georgiana y escribía las canciones en esta lengua, en un estilo conversacional.

Nastia: Escribía las canciones pero teníamos problemas con la pronunciación. El georgiano es una lengua muy difícil. Y mi novio no lo hablaba. Entonces fuimos donde nuestros vecinos, una pareja georgiana entrada en años que tenía una tienda justo al lado de nuestra casa. Leyeron el texto y yo lo grabé. Ahora lo cantamos.

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