Strip-tease de beneficencia

Foto de Photoxpress

Foto de Photoxpress

Los espectadores tenían que llevar al teatro prendas de invierno para las personas sin hogar. Entre bastidores, los bailarines se vestirían con ellas para desfilar por el escenario y dejarlas caer luego de una manera muy sensual. “Vivimos un periodo tremendamente oscuro: una multitud de enfermos, necesidad permanente de ropa, incesantes llamadas desde otras regiones”, confiesa Elizaveta a la revista Russki Reporter. “Esta actividad no es más que una petición de ayuda, presentada con un toque de humor”.

Se puede discutir largamente sobre el aspecto ético y moral del asunto. Sin embargo, es incuestionable que hoy en Rusia las organizaciones benéficas tienen dificultades y sobreviven como pueden.

“En Rusia, el sistema de beneficencia parece estar invertido y los medios procedentes de los donantes particulares no superan el 10-15%”, comenta a Vedomosti María Chertok, directora de la fundación СAF Rusia. Según las estadísticas de 2011, el 73% de la financiación de las organizaciones sin ánimo de lucro rusas procede de empresas y ciudadanos privados. Este tipo de situación, que se puede calificar de contradictoria en muchos niveles, es el resultado de la simple premisa “nos las arreglaremos sin el Estado”.  Es decir, como desde arriba no se hace nada, las iniciativas parten desde abajo.

A pesar de todo, la necesidad de ayuda y el deseo de prestarla se hacen cada vez más evidentes. Según una encuesta llevada a cabo por Russki Reporter en el Foro de Donantes de octubre de 2011, la mayoría de los encuestados consideran que el mayor obstáculo para el desarrollo de la colaboración social en Rusia consiste en “las dificultades que presenta la regulación estatal” y en “el insuficiente nivel de desarrollo de la infraestructura de la beneficencia”. 

Al mismo tiempo, Internet está prácticamente desbordado con peticiones de ayuda. Una de estas voces es la de Glinka, más conocida como “la doctora Liza”, que, a través de su blog en livejournal y las redes sociales, implora a los lectores que aporten medios para su organización “Ayuda Justa”, destinada a brindar apoyo a los sin techo y a las personas sin recursos. “No quiero trabajar con el Estado, la mía es una fundación privada. Una cosa es no entrar en conflicto con el Estado y otra es cooperar con él. Mi blog es la única plataforma a través de la cual puedo difundir el hecho de que hay gente durmiendo en los portales. No tengo un canal de televisión propio, ni una emisora de radio, ni periodistas contratados o especialistas en marketing. Solo dispongo de mi blog. Gracias a Dios, la gente me oye”, asegura en la entrevista concedida a Sobesednik.ru.

En lo que se refiere a las iniciativas estatales, según los datos de The Boston Consulting Group, la financiación de organizaciones no gubernamentales en Rusia a través del presupuesto público constituye tan sólo un 5%, diez veces menos que en los países desarrollados, y cuatro veces menos que en los países emergentes. Tampoco existen programas de reducción de impuestos ni otros incentivos que  apoyen la actividad benéfica. Por su parte, las acciones puntuales que el Estado lleva cabo están cada vez más desacreditadas. El concierto benéfico organizado por la fundación “La Federación” a finales de 2010, que contó con la participación de estrellas internacionales y la presencia del primer ministro Vladímir Putin, acabó provocando un sonado escándalo: tras cuatro meses, la madre de una niña enferma de cáncer declaró que no había llegado a recibir el dinero que se le había prometido. Muchas veces los eventos benéficos organizados por el Kremlin, anunciados a bombo y platillo y con una excepcional cobertura mediática, parecen más bien campañas de promoción política a gran escala.

Sin embargo, por más extravagantes que puedan parecer, ¿no sería mejor hacer la vista gorda ante las formas que toma la beneficencia? Sobre todo, teniendo en cuenta que a los que necesitan ayuda no les importa en absoluto de qué manera les llega una medicina, un refugio para pernoctar o una cena caliente.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.