Lo étnico, en el buen sentido

El Rusia está aumentando el interés por otras culturas minoritarias, no sólo extranjeras sino también de remotos lugares del país. Este interés se plasma en la cantidad de festivales que han surgido y en la creciente popularidad de las músicas del mundo. A pesar de poder tratarse simplemente una moda pasajera, abre la posibilidad a una actitud más tolerante.

A principios de los años 2000, el crítico de música Artemi Troitski se entrevistó con un grupo musical procedente de Tuva, llamado Yat-ja y cuyo solista era un auténtico chamán. La banda era muy conocida fuera del país, donde daba conciertos en grandes salas que siempre llenaban, mientras que en Rusia no eran famosos. Hoy en día es difícil sorprender a alguien con ejemplos de este tipo. Además, esta tendencia positiva de recuperación del patrimonio étnico no sólo tiene éxito entre unos pocos “iniciados”, sino también entre los que toman prestados los atributos tradicionalistas como mera moda.

El interés hacia culturas de etnias ajenas es relativamente reciente en Rusia. La paulatina inclusión de la sociedad rusa en la “aldea global” ha aumentado el interés hacia las tradiciones de los pueblos del mundo. En estos momentos, la principal fuerza motriz para este movimiento es la búsqueda de una identidad propia, en el marco de un estado multicultural. En particular, las pequeñas etnias que temen perder una parte de su legado debido a los procesos de globalización. Han sido precisamente los integrantes de estos pueblos los que, haciendo hincapié en la originalidad de su cultura, han intentado formar parte de la tendencia denominada “musicas del mundo” y de paso, dar a conocer una serie de problemas sociales que les afectan.

Plataformas como el festival moscovita “Mundos fascinantes. La Rusia étnica”, muestran al público general la vida cotidiana de las etnias pequeñas del Extremo Norte y del Extremo Oriente, con sus viviendas tradicionales, los chum y los objetos de artesanía local hechos de hueso, abalorios, etc. Lo hacen de una manera algo romántica, pero aun así estos eventos cumplen con su cometido. La meta principal de los organizadores consiste en mostrar la diversidad cultural y las tradiciones de las ignotas comunidades que componen el panorama étnico de la Rusia actual. En particular, en el foro nómada de este año se presentaron cuarenta pequeñas culturas de Rusia: los ket, los nganasán, los saam o los yukaguir, cuya población no supera las 2.000 personas. Fue también significativo que el  festival se celebrara el 9 de agosto, con motivo del Día Internacional de las Etnias Autóctonas del Mundo.

San Petersburgo no se queda atrás si lo comparamos con Moscú, ya que cada otoño en el Centro Serguéi Kuriojin se celebra el foro Etno-Mecánica. Este foro reúne a los amantes de la música étnica. Según sus organizadores, el objetivo consiste en fomentar la tolerancia étnica, racial y religiosa a través de las formas musicales y el arte actual de los pueblos del mundo. Hoy en día, estos temas son cada vez más populares entre jóvenes y adultos. Sin embargo, muchos no piensan en la tolerancia étnica al ponerse una pulsera africana de ébano o al comprar un CD de apasionante música balcánica.

Por lo tanto, el objetivo de Etno-Mecánica es compaginar el amor por la estética de las culturas populares con las ideas de responsabilidad social y tolerancia, así lo señalan desde la fundación.

Otro motivo por el cual ha empezado a surgir un interés por las tradiciones de los pueblos del mundo es el de los factores económicos. Muchos rusos tienen ahora la posibilidad conocer países exóticos. Por otra parte, cada vez hay más representantes de distintas músicas étnicas que visitan Rusia. Entre los jóvenes, la moda de la música de los pueblos del mundo adopta a veces formas tan extravagantes como la de tocar el vargán (arpa de boca armenia) o la de practicar el canto de armónicos tibetano. Los habitantes de Moscú pueden disfrutar de este tipo de géneros musicales paseándose por la calle Bolótnaya o por el Viejo Arbat, en el centro histórico de la capital.

Una de las tendencias más populares es el género afrocaribeño, que los rusos conocen, en cierto modo, gracias a canciones populares del estilo de Guantanamera. En las numerosas discotecas surgidas en las grandes ciudades rusas, toda persona que lo desee puede aprender unos pasos de  rumba o de salsa cubana. Esto ayudó a propagar entre el público ruso la herencia musical de las islas tropicales, cuyos intérpretes, con su alegría vital, proponen una visión del mundo muy positiva. Músicos como Cesaria Évora, Richard Bona, así como Omara Portuondo junto con Buena Vista Social Club (hay agradecer la labor de la película homónima del alemán Wim Wenders) siempre son recibidos con un gran entusiasmo por el público ruso.

El surgimiento del reggae en las latitudes nórdicas también ha jugado un papel importante dentro de esta tendencia cultural. Sin embargo, el pulso débil y el ritmo pausado y oscilante que caracteriza a este género afrocaribeño, ha tenido como consecuencia que no haya gozado de mucha aceptación entre los músicos de rock profesionales, los mayores popularizadores de todo lo inusual. Según el periodista musical Alexánder Kushnir, el reggae soviético surge en la parte más occidental del país, Kaliningrado, encarnado en la personalidad de Oldie Beloúsov y su grupo, denominado Comité de Conservación del Calor. Más tarde, el reggae se empezó a asociar con la persona de Guera Morales, que promovió activamente el lado positivo de la música de Jamaica y de la subcultura rastafari.  Morales, de padre cubano, parece que lleva estas vibraciones positivas en la sangre. Por cierto, hay que recordar que Morales padre formó parte del destacamento boliviano del Che Guevara. Los aficionados, mientras tanto, esperando que se les diese la oportunidad de dar “un paso hacia Jamaica” llevaban rastas en el pelo y se vestían con ropa roja, amarilla y verde. A muchos de ellos los podemos ver hoy en día en las calles de las grandes ciudades. El cumpleaños de Bob Marley, el 6 de febrero, se celebra prácticamente por todos los representantes de esta subcultura.

El interés hacia las tradiciones no es sólo un tributo a la moda, sino también una premisa para entender a otras culturas del mundo. Algo que, por su parte, supone una clave para la definición de la identidad de los rusos y el establecimiento de la tolerancia, que tanta falta hace actualmente en este país multiétnico.

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