Antártida: la controversia continúa

Foto de Flickr.com / Toto-School

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En la reunión Consultiva del Tratado Antártico, realizada a fines de junio de este año en Buenos Aires, la delegación rusa presentó el plan con los principales proyectos de investigación científica hasta 2020 en el continente blanco. Uno de los proyectos más importantes, la perforación del hielo sobre el lago Vostok, está llegando a su fin. Los trabajos han durado veinte años. Los científicos confían en llegar a la superficie del agua para diciembre.

El lago Vostok, de 250 km de largo y 50 km de ancho, fue descubierto por científicos rusos en la década de los 90. Poco después se iniciaron los trabajos de perforación del espesor del glaciar. Este proyecto es único por su naturaleza ya que el resto de los 150 lagos detectados en la Antártida siguen bajo glaciares con muchos kilómetros de espesor. El grosor de la capa de hielo situada sobre el Vostok alcanza alrededor de 3600 metros. Según Víctor Boyarski, director del museo del Ártico y el Antártico en San Petersburgo, el año pasado los investigadores lograron estar muy cerca del agua del lago, a una distancia de unos 60-70 metros. El científico tiene la esperanza de que para diciembre de este año se logre llegar a la superficie. «Se trata de un proyecto pionero para la ciencia nacional. Finalmente tendremos la posibilidad de sacar muestras de agua de este lago donde se mantienen guardados datos sobre la vida en nuestro planeta desde hace 500.000 años», señala Boyarski.

Los científicos del mundo entero siguen atentamente el avance de los trabajos, ya que los resultados de estas investigaciones pueden ser una revolución para la ciencia moderna o, como mínimo, seguro que aportan nuevos datos fidedignos sin análogos hasta el momento. Sin embargo, continúa la polémica en torno a los límites de la intervención humana en la Antártida y sus posibles consecuencias.

52 años del Tratado Antártico

En diciembre se cumplen 52 años de la firma del Tratado Antártico, el cual le confiere al sexto continente el status de patrimonio de la humanidad y territorio dedicado a la ciencia y la paz. Los Estados le confieren cada vez más importancia a las investigaciones en esta región. Este interés es comprensible: aquí se encuentra alrededor del 80% de la reserva mundial de agua dulce, sin mencionar siquiera los posibles yacimientos de recursos minerales. Los geólogos y economistas consideran que las capas más profundas de la Antártida y los mares adyacentes son una especie de “colchón de seguridad” para la humanidad. No obstante, por ahora resulta imposible utilizar sus riquezas porque, en primer lugar, aún no existe una tecnología que permita realizar la extracción de minerales en condiciones de temperatura extremadamente baja y en témpanos de hielo a la deriva. En segundo lugar, el Protocolo de Madrid aplicó una moratoria para este tipo de actividades hasta el año 2048. Este documento, firmado por los países miembros del Tratado Antártico, prohíbe “cualquier actividad vinculada a los recursos minerales de la Antártida, excepto las investigaciones científicas”.

Alexánder Panov, científico y diplomático, exrector de la Academia Diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia aclara que el Protocolo de Madrid prohíbe la perforación industrial en la Antártida pero no la de carácter científico: «Las perforaciones para pruebas siempre se han realizado sin ningún tipo de obstáculos, incluso existieron intentos de alcanzar tierra firme en el continente. A esto se dedican científicos de diferentes países”, señala.

Intereses comerciales

Aunque los objetivos de las investigaciones que se realizan en la Antártida son exclusivamente científicos, la comunidad mundial expresa su preocupación ya que en el futuro podrían transformarse en actividades industriales y comerciales.

Valeri Masólov, geólogo y miembro del consejo científico de la Academia de las Ciencias de Rusia en cuestiones del Ártico y del Antártico, considera que antes de extraer recursos minerales de la Antártida es preciso comprender “para qué necesitamos esto y cuánto nos va a costar”.  Según la opinión de este especialista, el potencial de minerales y materia prima del continente se puede dividir en dos regiones: la parte continental, que está dentro de un “estuche” con un espesor de varios cientos de metros hasta 4,5 km. Y la zona de profundidad y de los mares marginales. “¿Será rentable económicamente extraer algo situado debajo del espesor del glaciar?”, se pregunta el científico. Otra cuestión es la posibilidad de extraer petróleo y gas en los mares marginales del continente. Según lo afirman los geólogos, podrían contener gran cantidad de hidrocarburos. A decir verdad, por ahora este tipo de materia prima es apenas una “riqueza virtual”: los especialistas aún  no poseen datos que corroboren fehacientemente esta hipótesis.

Por otro lado, tal y como afirma Víctor Mizin, subdirector del Instituto Moscovita de Relaciones Internacionales, actualmente la prioridad para los científicos rusos son las investigaciones en el Ártico. Rusia no cuenta con recursos propios suficientes para asimilar esa región : «A nuestro lado tenemos un enorme continente: el Ártico. Hasta ahora no tenemos claro cómo lo vamos a explorar. Es evidente que si no atraemos la tecnología con la que cuentan nuestros amigos de los países nórdicos, no lo lograremos. Entonces, hablar ahora sobre la extracción de recursos minerales en el Atlántico Sur es un sinsentido”, expresa convencido Mizin.

A pesar de lo dicho, los científicos rusos no dejan de lado la posibilidad de que en el futuro la comunidad mundial decida levantar la moratoria establecida por el Protocolo de Madrid. “En el momento en el que la tecnología avance y permita explorar nuevos territorios sin amenazar la ecología, las convenciones comenzarán a ‘amoldarse’ a la nueva realidad”, considera Serguéi Yakutseni, presidente del consejo comunitario de la Agencia Federal de uso del subsuelo. Según su opinión, cuando venza el plazo de vigencia de la moratoria, en 2048, puede haberse dardo un gigantesco salto tecnológico. De acuerdo con el especialista, las grandes corporaciones trasnacionales podrán presionar con el fin de introducir enmiendas al protocolo de Madrid. Pero no será fácil: los ecologistas y legisladores de los 48 países miembros del Tratado Antártico seguramente se opondrán. La extracción de recursos en el Atlántico Sur representa una seria amenaza para un ecosistema único, que permite no solamente estudiar los procesos biológicos y climáticos, sino también obtener datos sobre la vida en la Tierra hace miles de años.

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