Visotski, un Hamlet con guitarra (II)

Foto de Itar Tass

Foto de Itar Tass

Los “bardos” siguen ocupando un lugar preferente en la memoria soviética. Una prueba de ello es la reciente creación de la artista Kristina Kivirand, quien ha hecho un trabajo visual sobre cuál es el mejor recuerdo de la URSS entre los rusos que viven en Estonia. El resultado es curioso, aunque no sorprendente: los recuerdos positivos más reiterados están relacionados con la música, y sobre todo con los bardos.

Los tres grandes autores de “poesía cantada” (avtorskaya pesnya en ruso) son Bulat Okudzhava, Alexander Galich, y el propio Visotski. Como género, la música “bardo” comenzó en los 50 tras la muerte de Stalin, convirtiéndose en referente cultural en los 60 y 70. No obstante, sus raíces se pueden remontar a las “canciones gitanas” de finales del siglo XIX o incluso a Alexánder Vertinski, artista de variedades que alcanzó gran fama a principios de siglo por la calidad y el componente provocador de sus actuaciones y letras.

Aun así, para Laura Olson, autora del libro “Performing Russia: Folk Revival and Russian Identity”, los orígenes del movimiento bardo estaban más cercanos a la chanson francesa que al mundo rural ruso: “No era folklórico si nos atenemos a las tradiciones musicales rurales, pero sí es folklórico, si aceptamos como sus raíces las canciones gitanas y el lumpen urbano. Además, estas canciones se acababan convirtiendo en folk, porque al ser memorizadas y cantadas por amateurs y ciudadanos ordinarios formaban parte de la cultura oral”.

“En el contexto ruso, el término bardo tiene connotaciones nostálgicas y remite a una escena de distensión y desahogo en la cocina o en el campo alrededor de una hoguera, donde alguien cogía una guitarra y cantaba de forma espontánea y sincera”, explica la antropóloga fino-rusa Elina Mäkilä. “Los bardos eran sobre todo intérpretes de la realidad soviética y como cantautores fueron particularmente relevantes en los 60”, añade Elina.

En las actuaciones de los bardos el timbre de voz tenía una vital importancia, no sólo para transmitir el mensaje sino también para distinguirse de otros cantantes. Su forma de actuar, aparentemente convencional, alcanzaba así un importante potencial de ruptura por la espontaneidad de su puesta en práctica.

“Cuando hablamos de bardos debemos tener en cuenta que hay dos dimensiones: una la poética y otra la social. No obstante, tanto el valor social como el significado cultural fue oficialmente denostado por las autoridades soviéticas”, apunta Elina Mäkilä.

Así, a pesar de las trabas burocráticas y de la imposibilidad de publicar su música, estos tres grandes bardos alcanzaron una popularidad inimaginable fuera del circuito oficial. El contacto directo con sus seguidores, y la difusión semi-privada de sus conciertos a través del “magnitizdat” hizo el resto.

Según Alena Ledeneva, del London University College, las grabaciones “pirata” de Okudzhava podrían haber superado el millón de copias, mientras que en el caso de Visotski varios millones de copias estuvieron en circulación hasta que fue publicado por “Melodía”.

“Como interpretación subjetiva de la realidad, la poesía de los bardos estaba siempre fuera de la cultura oficial y ponía en cuestión a ésta. No es que fuera política, sino que era personal. De hecho, al ser apolítica resultaba especialmente efectiva. Incluso, las generaciones que vivieron aquella época todavía recuerdan la música de los bardos como un soplo de aire fresco y como la mejor descripción del día a día soviético”, concluye la antropóloga Elina Mäkilä.

Valentina Cherepujina, profesora de literatura rusa en la Universidad Estatal de San Petersburgo, también recuerda a Visotski “como un soplo de aire fresco”. Ella era una de esos “jóvenes no abiertamente antisoviéticos” capaz de transcribir en una noche las 238 páginas de “Nerv” (el por entonces censurado poemario de Visotsksi), o de tomar el tren a Moscú junto a sus amigos para asistir a funciones de Visotski en el teatro Taganka, y volver ese mismo día a Leningrado.

“Si comparamos a Visotski con otros bardos, tenemos que destacar varias cosas: primero su carisma, después su voz y forma de interpretar, y luego lo más importante, su capacidad de recoger historias de la gente y cantarlas como si él mismo las hubiera vivido. Además podríamos destacar su sentido de la ironía, lo que hace que sus canciones tengan muchas lecturas entre líneas”, describe Elina Mäkila.

Casi todos los especialistas en el tema coinciden en las cualidades que hicieron de Visotski tan popular: originalidad y autenticidad a la hora de tratar los problemas de sus conciudadanos. Su capacidad de empatizar y transmitir. La radicalidad e intensidad rusa de su carácter. Y por último su calidad como poeta. Todo esto y mucho de carisma le convirtieron en un héroe del pueblo y en todo un símbolo de inconformismo.

En sus memorias (Le vol arreté), Marina Vladi describe que cuando salía a pasear con Visotski por Moscú la música de éste parecía salir de todas las ventanas. Sin embargo, no todo eran elogios. En vida, Visotski fue criticado “por mostrar lo peor de la sociedad”, “por su lenguaje sucio” y por “ávaro” al dar cuatro conciertos en un día. Los “intelectuales” del régimen incluso lo ridiculizaban como “el ídolo de los antros”. Las críticas siguieron incluso tras su muerte, pero con la Perestroika el régimen recicló la imagen del bardo para apropiarse de ella.

Probablemente, quien mejor tomó el legado de Visotski fue Alexander Bashlachov (Sashbash). Malogrado músico de punk-rock de los ochenta. De entre los músicos actuales, el único que puede afrontar una cierta comparación sería Yuri Shevchuk, líder del grupo DDT.

Visotski murió el 25 de julio más caluroso que se recuerda en Moscú. Era 1980 y los juegos olímpicos de la URSS tenían que ser un ejemplo del poder soviético, por lo que las autoridades se asustaron cuando miles de personas se congregaron de forma espontánea frente al teatro Taganka, según los periodistas extranjeros, al ver a la gente abandonar sus puestos de trabajo “porque ha muerto Volodia”. Al día siguiente el New York Times hablaba de 30 mil personas increpando a los policías que impedían el paso a la plaza de Taganka. El velatorio duró tres días y miles de telegramas y cartas de condolencia llegaron al teatro.

Una de las letras que se puede leer en el museo dice así: “Escuchamos con frecuencia que no valemos nada, que no tenemos libertad, que nuestros comercios están vacíos. Todo eso es cierto, y de repetirlo caemos en la desesperación. Oh señor, ¿qué clase de nación es esta? Pero luego caemos en la cuenta que tenemos a Visotski”.

Según reconocería el mítico director del teatro, Yuri Liubimov: “Tras el funeral de Visotski empecé a respetar a la gente de Moscú”.

Para saber más:

https://www.youtube.com/watch?v=hTZLqi2-_Dw&feature=related

https://www.youtube.com/watch?v=-Q2KIIQ6NmI&feature=related

https://www.youtube.com/watch?v=Q7PcG3LO654&feature=related

https://www.youtube.com/watch?v=NUIuUEH4qTY

https://www.youtube.com/watch?v=a6_-IFG0GlE&feature=related

http://www.bard.ru/

http://english.ruvr.ru/2011/07/25/53701660.html

http://www.kulichki.com/vv/eng/

https://www.youtube.com/watch?v=1T3MILrOIAQ&feature=related

https://www.youtube.com/watch?v=SczL6Q2_jzk&feature=related

http://www.myspace.com/visotskythegreat

http://www.tumblr.com/tagged/vladimir+vysotsky

http://rt.com/all-about-russia/literature/vladimir-vysotsky/

Todos los derechos reservados por Rossíiskaia Gazeta.

Esta página web utiliza cookies. Haz click aquí para más información.

Aceptar cookies