Los itinerarios de Alberto García-Alix

La retrospectiva de García-Alix titulada “De donde no se vuelve” ha estado en la Casa de la Fotografía de Moscú hasta el 6 de noviembre. El propio fotógrafo estuvo presente en la capital rusa, donde dio una clase magistral.

“No me sigas... estoy perdido”, así se titulaba una de las exposiciones de Alberto García-Alix, y sin duda este sigue siendo un tema “básico” en las muestras actuales del afamado fotógrafo español. Un intento por recopilar las imágenes del pasado y del presente nos lleva a sentir con más intensidad el caos de la existencia humana, capturada en blanco y negro a través de la mirada frontal del fotógrafo a sus propias vivencias, algunas extremas y unidas a las drogas, con un entorno repleto de personajes insólitos, muchos ya desaparecidos.

La retrospectiva de García-Alix titulada “De donde no se vuelve” ha estado en la Casa de la Fotografía de Moscú hasta el 6 de noviembre, está compuesta por un centenar de fotografías (algunas de las cuales se exponen por primera vez en esta muestra), que hacen que sea posible trazar la carrera de 30 años del fotógrafo, completadas por un vídeo del mismo nombre. El vídeo fue presentado en una clase magistral impartida por el propio García-Alix junto con el comisario de la exposición y amigo suyo, el también fotógrafo y artista, Nicolás Combarro. Este film es una confesión íntima del artista y  determina la estructura y el título de toda la exposición. El fotógrafo salió de la sala en el momento del inicio y regresó cuando el film había acabado. “Es un pequeño homenaje a todos mis amigos, muchos de los cuales ya han desaparecido, así que no me gusta verlo”, explica.

“¿Has conseguido sentir cómo es Moscú? ¿Has traído contigo la cámara?”, le pregunta a García-Alix una joven durante la clase.  “Una pequeña, porque vengo para una semana, además tengo dislocado un pie”, fue la respuesta. “Me gusta la historia, he leído mucho sobre la historia rusa”, añade. “Pero de momento tengo muy pocas impresiones de Moscú. Me gustaría empaparme más, pero no he tenido tiempo, además vengo cojo, me caí de la moto hace poco”. “¿A gran velocidad?”, “No, parado, ja ja!” Durante la clase hubo preguntas de todo tipo, excepto de  cuestones técnicas, ya que según García-Alix, “De donde no se vuelve” no es más que “una licencia poética para hablar de fotografía”.

Cuando tenía veinte años, García-Alix abandonó la universidad, dejó su casa y compró su primera cámara. A partir de ese momento inició una carrera fotográfica, que coincidió con el nacimiento de una nueva era en España, tras la muerte del dictador Franco. Se integró en "La Movida",  imbuido del espíritu de una libertad tan esperada. Al unísono con los nuevos tiempos, Alberto García-Alix examina los límites de lo permitido, captando las escenas la vida nocturna de Madrid, en la que pululan los libertinos, los drogadictos y las estrellas porno. A partir de entonces, su vida atrajo a los personajes  intemperantes, como él mismo. "En realidad el contexto de las primeras fotografías de los años 80, es muy similar a lo ocurrido en Rusia, cuando en a mediados de la misma década, en la perestroika, nuestra nueva cultura de moda juvenil salió a la superficie", comenta la directora de la Casa de la Fotografía de Moscú Olga Svíblova.

Sensualidad previamente prohibida e interés por el lado oscuro de la vida, estas cuestiones tienen un eco de la revolución del 68 y de la ideología hippie. Todo esto crea un estilo artístico único y reconocible, que más tarde Gracía-Alix llamaría "delirio de la soledad". La búsqueda de la medida de lo posible, el análisis a fondo de las posibilidades de las emociones y las sensaciones humanas, para ofrecer al espectador una narración en primera persona. La obra de García-Alix es autobiográfica. Las personas que aparecen en los retratos están estrechamente vinculadas al fotógrafo: son sus amigos, entre los que hay rockeros, poetas, músicos, artistas, amantes, escritores y compañeros. Se caracterizan por su expresividad y erotismo, y por lo tanto, son considerados como provocativos. “Pero yo no quería un desnudo como tal”, explica el autor. “Lo que quería eran retratos. Ellos siempre pueden estar desnudos, pero lo que nos desnuda es la mirada frente al espectador”, comenta García-Alix.

Sin embargo, más alla de la corporalidad, se esconde una gran ternura y una  humanidad poco común. El carácter directo de sus retratos capta la esencia de las personas cuyas vidas se encuentran en las situaciones límite. "Cuando hago una foto a alguien, quiero darle dignidad. Mis fotos son una prueba documental de mi amor por la gente",  dijo el artista. “El retrato es un enfrentamiento. Modelo y fotógrafo siempre sostienen un singular curso. El modelo presiona de tal manera, que pide violentamente un acto de compresión... O quizás, el que pida ese acto sea yo mismo”. 

Asimismo, los autorretratos juegan un papel importante en su obra. Es un fotógrafo que trata de encontrar y descubrir los lados desconocidos de su propia personalidad. Entre los retratos y autorretratos hay una serie, no me estoy equicovando, de “paisajes”, que están llenos de emoción activa, personificados, identificados con el mundo interior de su autor, o del modelo. Esquinas agudas, sombras verdaderamente profundas, habitaciones vacías, edificios que se ciernen en la oscuridad como los muros de una ciudad perdida.  “Recuerdo que cuando íbamos en coche por Pekín y vi los rascacielos, me acababan de llamar para comunicarme que un amigo se había muerto. Automáticamente, comenzé a ponerle nombre a los edificios y en ese momento empezé a escuchar mi voz interior para así llevarla “al papel”, contó García-Alix.  “La cámara me obliga a sentirme vivo”, confesó el fotógrafo. “Cuando cojo la cámara, me tengo que obligar a mirar por ella y reflexionar sobre lo que vemos. La fotografía es una búsqueda constante”, resumió. 

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