¡Fotógrafos al tren!

Foto de Serguéi Proskudin-Gorski

Foto de Serguéi Proskudin-Gorski

La red ferroviaria rusa, tan presente en el imaginario cultural del país, es la segunda del mundo con más de 80.000 km de vías. Las expediciones de Langue son un homenaje al primer gran documentalista del territorio ruso, Serguéi Proskudin-Gorski, que inmortalizó en color la Rusia prerrevolucionaria.

Pocos países se identifican tanto con el ferrocarril como Rusia. Sólo le hacen sombra Inglaterra, por ser la cuna de la máquina de vapor, y Estados Unidos, donde a mediados del siglo XIX se construyó la primera gran línea ferroviaria que unía las dos costas. No obstante, ¿qué sería de Anna Karénina o Doctor Zhivago sin la estela de humo que escupía la chimenea del ferrocarril? ¿Y de la revolución que viajó a toda máquina en tren? Un territorio tan basto como Rusia buscó la manera de unir las siete zonas horarias y en 1891 se puso manos a la obra e inició la construcción del transiberiano simultáneamente desde los dos extremos de la mítica línea. Más de un siglo después, los visitantes y pasajeros de la Estación de Atocha de Madrid han podido contemplar el trabajo documental del fotógrafo ruso Anton Langue, fruto de los cinco años del proyecto «Rusia a través de la ventana del tren» con el patrocinio de Russian Railways. Langue cuenta que, sumados, ha pasado dos años viajando por caminos de hierro:

 

«La base del proyecto es mostrar diferentes aspectos de la vida rusa en su unidad. Los ferrocarriles son, aquí, los hilos que unen el territorio. Las vías son una herramienta para penetrar en lo más profundo del país en todos los sentidos: la historia, los grupos étnicos, las tradiciones culturales. El espíritu de aventura te espolea en todo momento. En eso radica la poesía del proyecto, porque todos hemos mirado, ni que sea una vez en la vida, a través de la ventana de un tren. Ese es el vínculo entre el espectador y la manera de abordar este proyecto».

Dadas la extensión y variedad de la geografía rusa, la ciclópea aventura de Langue y su equipo se dividió en diez etapas o rutas que abarcan toda la riqueza visual del paisaje: la tupida red ferroviaria de Moscú; la desconocida región Transbaikal; el esfuerzo constructivo del BAM; la gran obra de ingeniería de la ruta del lago Baikal; la infinita Siberia; las tierras ricas en materia prima de los Urales, origen de la industria rusa; la antigua ruta comercial que sigue el curso del Volga; el Cáucaso, el Mar Negro y las zonas étnicas «calientes»; la primera línea rusa que unió San Petersburgo con  Tsárskoye Seló; la chejoviana isla de Sajalín; las rutas orientales; las líneas que conectan los principales puertos del país, etc. Sin embargo la vía férrea no ejercía siempre de linde. En ocasiones era un punto de partida para acometer expediciones con otros medios de transporte y penetrar en espacios todavía más alejados.

El paralelismo con la figura de Proskudin-Gorski no es baladí. Este pionero de la fotografía en color consiguió convencer al zar para que financiera, después de mostrarle sus imágenes en un audiencia, las expediciones que la imaginación del fotógrafo proyectaba. Entre 1909 y 1915 viajó por once regiones rusas montado en un vehículo ferroviario, especialmente equipado, que el ministerio de transporte puso a su disposición. El ingente resultado final creado con unos medios técnicos mucho más desafiantes –trabajaba con negativos de vidrio- es hoy el testigo de las grandes obras de ingeniería de principios del siglo XX. Su cámara se convierte en el testigo de las obras faraónicas que intentaban acercar todos los puntos del mapa ruso, qué duda cabe, no sólo para una mejor gestión del imperio sino también por los imperativos de la guerra. Para darnos una idea de la importancia de esta temática, en su primer viaje documenta las obras del sistema de canales Marinskii [hoy Volga-Báltico].

 Nacido en 1863 en Múrom, Proskudin-Gorski estudió química en San Petersburgo, Berlín -donde entró en contacto con Adolf Miethe y sus estudios sobre el color- y París. El principal descubrimiento por el que hoy es conocido es su genuino sistema de fotografía en color consistente en tres exposiciones monocromas en negativos distintos, cada una realizada con un filtro (verde, azul y rojo). El resultado se proyectaba gracias a un dispositivo llamado «linterna mágica» que hacía la síntesis aditiva de la imagen. La propia técnica fotográfica requería, por consiguiente, de motivos estáticos, por lo que predominan el paisaje, las infraestructuras y la arquitectura. No obstante, los retratos que nos han llegado de sus expediciones nos sorprenden todavía hoy porque emanan una luz vívida y distante, la de un imperio que desapareció en el ojo de un torbellino imparable. Uno de sus fotografías forma parte ya de nuestro imaginario literario. Se trata  del único retrato en color de Lev Tolstói, de 1908, convertido ya en la época en icónico, lo que vendría a ser el rostro del Che inmortalizado por Korda. Este éxito fue el espaldarazo para que se le abrieran las puertas de la financiación. Su proyecto, entre enciclopedista y antropológico, de crear un gran archivo sobre Rusia es consustancial a la fotografía. Desde sus orígenes, este género ha sido utilizado para la clasificación y archivo de la realidad. De hecho, en la misma época, nacen proyectos de la misma naturaleza que son viables por dos motivos: la mejora de las comunicaciones gracias al ferrocarril –cuya construcción se convierte en sí mismo en un tema fotográfico, como hiciera William Henry Jackson- y los nuevos procesos químicos de fijación de la imagen. El banquero y filántropo Albert Khan , por poner un ejemplo, inició en 1909 el ambicioso proyecto «Los archivos del planeta». El acaudalado francés encargó a varios fotógrafos registrar la variedad de la vida en cincuenta países con placas autocromas, el sistema de fotografía en color ideado por los hermanos Lumière. En total una mirada sobre el mundo compuesta de 72.000 fotografías y 180.000 metros de película.

Entre las misiones de Proskudin-Gorski y las de Langue ha pasado un siglo. El mal de archivo -expresión que dio título a la conferencia que pronunció Jacques Derrida en 1994 sobre el archivo como piedra angular del pensamiento contemporáneo- no se ha erradicado sino todo lo contrario: seguimos registrando y reinterpretando a un ritmo exponencial. Y las formas de compartir y visualizar las imágenes también se han transformado: de los álbumes fotográficos de Proskudin-Gorski al viaje virtual por el transiberiano en Google Maps, con vídeos desde las ventanillas y las fotografías del propio Langue.

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