Pago con tarjeta

Foto de PhotoXPress

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Mientras continúan las protestas callejeras en Europa y EE UU en contra del crecimiento de los bancos, el orden del día de las entidades finacieras en Rusia es el estancamiento o la expansión hacia las regiones.

Iván Svitek, presidente del consejo administrativo del banco Home Credit, se ha quejado hace poco de que sólo un 24% de los rusos pida créditos, y de que sólo un 18% tenga cuentas de ahorro. Mientras tanto, en Europa la mayor parte de la población utiliza simultáneamente entre dos y seis, productos financieros. El alto directivo de Home Credit, uno de los líderes en la concesión de créditos a particulares en Rusia, considera que los bancos tienen potencial y deberían aventurarse en las regiones remotas e incrementar el uso de la tecnología, como hace McDonald’s.

Estos razonamientos no son infundados. Según los datos del Banco Mundial, en Rusia hay cuatro veces menos oficinas bancarias que la media mundial. Según el Fondo Monetario Internacional, el endeudamiento de las personas físicas  constituye alrededor del 9% del PIB, en comparación al 85% de Estados Unidos. Además, el 44% de los rusos, según la Agencia Estatal de Estadística de Rusia (Rosstat) vive en zonas rurales o pequeñas ciudades donde todavía no ha llegado la banca privada, que apuesta por el desarrollo de su negocio en las grandes capitales.

Hoy en día, según los datos de la Agencia Nacional de Estudios Financieros, el 74% de los rusos usa tarjetas bancarias, pero el 92% de las mismas ha sido contratado por iniciativa de un empresario con el fin de abonar los salarios a sus trabajadores. La agencia calculó que el volumen de endeudamiento de los ciudadanos ante los bancos a través de tarjetas de crédito constituía unos 350.200 millones de rublos (unos 8.320 millones de euros) hacia finales de agosto, con una cartera total de créditos a particulares de 4,8 billones de rublos, según datos del Banco Central. En total, en Rusia, con una población total de 140 millones de personas no se utilizan más de 11 millones de tarjetas de crédito.

Un mercado salvaje

El auge de la concesión de créditos a particulares y la expedición de tarjetas de crédito empezó a mediados de los años 2000, al mismo tiempo que se producía un crecimiento en los ingresos de la población, y alcanzó su cumbre hacia 2008. Los que más activamente desarrollaron este negocio fueron los bancos comerciales particulares y las filiales rusas de los bancos internacionales. Al estar muy poco desarrollado, era un mercado muy atractivo, pero suponía mucho riesgo, ya que al menos parte de los ingresos de muchos rusos era dinero negro. En su lucha por una alta cuota de mercado, los bancos no se preocupaban mucho de la ausencia de devoluciones, ya que incluían estos riesgos en los intereses de los créditos. En aquel momento era muy popular la siguiente táctica utilizada, por ejemplo, por el banco Russki Standart: enviaba tarjetas de crédito por correo sin que el usuario se hubiera dirigido a ellos previamente. La persona podía simplemente abrir su buzón, sacar el sobre, activar la tarjeta y empezar a utilizarla. Sin embargo, los intereses, incluidas las comisiones encubiertas, llegaban hasta el 250% anual, algo de lo que muchos sólo se enteraban hasta que llegaba el momento de pagar.

Este comportamiento agresivo permitió a Russki Standart convertirse en el líder del mercado ruso de tarjetas de crédito, una posición que sigue manteniendo, según la agencia Frank Research Group, con una cuota correspondiente al 18,5% del mercado (casi 32 millones de tarjetas). Durante la crisis de 2008, se produjo una avalancha de no devoluciones y los bancos cambiaron de táctica. Las deudas pequeñas, de hasta 10.000-40.000 rublos (230-950 euros), con pocas posibilidades de ser cobradas fueron amortizadas por los bancos directamente. Sin embargo, al toparse con un déficit agudo de liquidez y la brusca reducción del volumen de expedición de nuevas tarjetas  pasaron al cobro expeditivo de las deudas. De modo que los endeudamientos con poca posibilidad de ser recuperados se traspasaron a cobradores de morosos, que utilizaban métodos ilegales, incluidas palizas y amenazas de muerte.

En los tribunales, los deudores declaraban que los bancos les cobraban unas tasas de interés tres o cuatro veces más altas que las indicadas inicialmente. “Estamos carteándonos con la Asociación Estadounidense de Endeudados. Ellos se quejan de que los intereses declarados para la utilización de tarjetas de crédito son del 7% mientras que en realidad son del 12%: ¡qué malos son los bancos en EE UU! Y yo les cuento que aquí puede ocurrir que se indique un 12% y finalmente acabe resultando un 200%,” comenta Mijaíl Kozlov, presidente de la ONG Amnistía Crediticia, organización que lucha por los derechos de los endeudados. Según él, todos los bancos occidentales a los que no se les permite tratar así a sus clientes, campan a sus anchas en Rusia.

Los bancos, por su parte, insistían en que todos los pagos encubiertos y todas las comisiones figuraban en los contratos, y que simplemente había que leerlos detenidamente. En el 90% de los casos, los tribunales se ponían del lado de los bancos, afirma Kozlov. Hay que tener en cuenta que  para algunas personas los créditos acababan trágicamente con la pérdida de todo. Según los datos de Amnistía Crediticia, en aquella época, se suicidaban al día alrededor de 100 personas  endeudadas con los bancos. Finalmente, el Estado intervino en el conflicto obligando a las organizaciones crediticias a declarar el precio total de los créditos a partir de 2008. Hoy en día, alrededor de 10 millones de personas tienen dificultades para pagar la deuda de su tarjeta de crédito, y alrededor de 5 millones no pagan nada, dice Kozlov.

De cara al endeudado

Por su parte, los bancos empezaron a ser más cautelosos con los clientes. Usan los datos de los Bureau de Historia Crediticia, creados hace poco, para valorar su solvencia. Además, los bancos estatales se han empezado a mostrar más activos en el mercado de las tarjetas de crédito, desplazando así a la banca comercial privada. Según datos de Frank Research Group, Sberbank ocupó el segundo puesto en este mercado, con una cuota del 13,3%, seguido por otro banco estatal, el VTB 24, con un 10,1%.

Los bancos estatales disponen de mucha liquidez barata, gracias a la cual han podido ofrecer unos intereses menores en comparación con la media del mercado. Por ejemplo, el interés mínimo de Sberbank constituye el 17% al año en rublos, y para los créditos al contado, unos 5-6 puntos menos. Como consecuencia, la competencia tuvo que seguir su ejemplo y renunciar a las comisiones adicionales bajando los intereses anuales hasta el 15-50%. A pesar de la intervención de los bancos estatales, algo que ciertos expertos consideran un factor negativo para el desarrollo del mercado, la banca privada ha experimentado un aumento en la contratación de tarjetas de crédito. Home Credit dejó atrás a la competencia y la cuota de las tarjetas en su cartera ha superado este año el 13%. Asimismo, Russki Standart, en cuya cartera de créditos las tarjetas constituyen el 52%, tiene previsto obtener ente 5.000 y 5.300   millones de rublos (alrededor de 118 y 120 millones de euros) de beneficio neto.

Hoy en día la inmensa mayoría de los bancos expiden tarjetas gratis, pero aún quedan bancos que piden unos 2.000 3.000 rublos (unos 47-70 euros) por expedir una tarjeta de plástico. Los intereses son más altos que los de los créditos convencionales, pero se puede obtener en 15 minutos. Además de los intereses, los usuarios de tarjetas tienen que pagar una comisión mínima de 600 rublos (14 euros) al año por el mantenimiento. Algunos bancos no cobran nada durante el primer año. Sin embargo, todos cobrarán una comisión (a partir del 2,5% y nunca inferior a los 200 rublos) por sacar dinero en efectivo. Eso sí, con las tarjetas de crédito los bancos conceden un período de exención (50-60 días), durante el cual al prestatario no se le cobran intereses. Por su parte, los puntos de venta se han tenido que adaptar a estos cambios y los establecimientos  colaboran con los bancos. Como resultado, en las grandes ciudades uno puede prescindir perfectamente de llevar dinero en metálico. "Las tarjetas de crédito se utilizan principalmente para comprar algo durante la vigencia del “período de gracia”. Por lo tanto, la mayor parte de las operaciones tiene un 0% de interés”, señala el vicepresidente gestor de la filial de San Petersburgo de VTB24, Mijaíl Ioffe.

La sensación de zozobra nacida debido a la agudización de la crisis del endeudamiento en la zona euro no permite a los banqueros ver el futuro con optimismo, pero parece que el impetuoso crecimiento de los créditos a particulares no se va a ver amenazado. Los bancos rusos afirman que no los reducirán a diferencia de lo que ocurrió hace tres años, aunque no hay seguridad de que el dinero prestado no se “encarezca”. En la mayoría de los casos, se trata de inversiones de clientes particulares en depósitos y obligaciones en Europa, donde ya nadie está dispuesto a otorgar préstamos a los bancos rusos al 5-7% de interés anual como antaño.

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