La OMC: pros y contras

Foto de Corbis

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La entrada de Rusia en la Organización Mundial del Comercio está generando calurosos debates entre los analistas, presentamos una polémica entre dos posturas contrapuestas. Un artículo de Andréi Nechaev para Rusia Hoy y otro artículo extraído de Itogi de Félix Goriunov.

Contra: sería mejor no entrar ahora

Félix Goriunov, analista

La entrada de Rusia en la OMC será un paso adelante para el club del comercio internacional. El hecho de que uno de los países más grandes del mundo se convierta en miembro es un rayo de luz en medio de la oscuridad que ensombrece la economía en general, y a la organización en particular.

Por parte de Rusia, el ingreso en la OMC apenas afectará al rendimiento económico del país en un futuro próximo. Aunque, en muchos aspectos, los términos conseguidos por los negociadores rusos de sus socios comerciales son favorables para la economía y el comercio del país. Aseguran el acceso sin restricciones de los productos rusos a los mercados extranjeros, la llamada condición de nación más favorecida. Su calidad de miembro crearía un clima más favorable para la inversión extranjera en Rusia, así como mejores oportunidades de inversión de este país en el resto de países de la OMC.

Sin embargo, por muy buenas que sean las condiciones, Rusia no debería ingresar ahora en la OMC. Su economía está débil y es poco competitiva. El ingreso solo mantendrá esta situación en un futuro inmediato, a menos que el Gobierno cambie radicalmente su política socioeconómica que ha generado que el país tenga poca fuerza incluso entre los emergentes. Un informe del Banco Mundial explica: “El petróleo y el gas constituyeron menos de la mitad del total de las exportaciones en el año 2000. En diez años esta cifra ha aumentado a dos tercios del total de las exportaciones, un 15% adicional procede de otros productos extractivos, y solo un 9%, de exportaciones de alta tecnología, principalmente en la industria de defensa”.

Queda claro entonces que la economía de Rusia sigue dependiendo de las industrias extractivas. Con los ingresos de las exportaciones de petróleo, que suponen la mitad del presupuesto federal, el país depende totalmente de los vaivenes de los precios en el mercado energético mundial. Ingresar ahora en la OMC significa aceptar un papel secundario en la división internacional del trabajo como gran proveedor de materias primas.

En segundo lugar, Vladímir Putin sostiene que Rusia necesita ingresar en la OMC para eliminar pérdidas en los ingresos de las exportaciones por valor de unos 2.500 millones de dólares al año. Los principales perdedores en esta discriminación son los magnates del acero y de los metales no ferrosos de Rusia, que presionaron al Kremlin para que se adhiriese a la OMC. Mientras que los oligopolios ya se han preparado para resistir la competencia internacional, la mayoría de compañías de manufactura, agricultura y servicios rusos, por no hablar de las pequeñas empresas, no son competitivas ni siquiera en el mercado interior. Sin un fuerte apoyo estatal, algo prohibido por las reglas de juego de la OMC, estas se irían a pique.

En tercer lugar, aunque la corrupción ha sido condenada por el Kremlin como el enemigo público número uno del país, no hay signos visibles de que haya disminuido. Según algunas estimaciones, las cantidades pagadas en sobornos y comisiones ilícitas superan todos los ingresos fiscales del Gobierno. La abrumadora corrupción ha colocado a las empresas rusas bajo una doble imposición, que hace que al principio no sean competitivas.

Y por último, muchos empresarios rusos son presa fácil para los burócratas del Gobierno y agentes del orden que exigen su parte de activos o comisiones de las ganancias a cambio de protección. La práctica pone trabas incluso a las grandes empresas para comercializar sus productos a escala nacional porque los burócratas en las regiones defienden los negocios locales frente a los foráneos. No es de extrañar que el clima de negocios poco amistoso haga que el capital nacional huya del país. El Banco Central de Rusia estima que este año la salida de capital alcanzará los 70.000 millones de dólares. A este dato habría que añadir el cerca de un billón de dólares que ha salido del país desde mediados de la década de 1990. Lo que la economía rusa necesita ahora urgentemente es que el trato hacia los negocios internos sea más favorable. Esta necesidad es mucho más acuciante que el calificativo de “nación más favorecida” que ofrece la pertenencia a la OMC.

 Periodista y analista económico internacional especializado en temas de GATT/OMC.


Pro: el beneficio de las normas

Andréi Nechaev, economista


Rusia deberá cambiar las medidas fáciles de política aduanera que hasta ahora aplicaba para potenciar la economía nacional, como los elevados aranceles que gravan la importación de coches extranjeros o el control administrativo a las inversiones extranjeras. Son medidas que además, no han conseguido proteger a las industrias nacionales. Es el caso del sector del automóvil, que a pesar de haberse beneficiado de estas políticas proteccionistas, se encuentra cerca de entrar en un estado de coma.
No se consigue un clima de inversión favorable a través de restricciones artificiales de la competencia en un país donde su escasez supone una grave enfermedad de la economía (y también de la política). El clima inversor mejora con medidas para proteger los derechos de propiedad (incluida la propiedad intelectual), la independencia y la profesionalidad del poder judicial. También reduciendo la presión burocrática que existe sobre las empresas y los ciudadanos, y actuando contra la corrupción.

Sin duda, la entrada en la Organización Mundial del Comercio (OMC) endurecerá la competencia en el mercado interior, lo que beneficiará enormemente a los consumidores y, también, a una parte de los productores nacionales. Además, el ingreso en la OMC mejorará las condiciones para las empresas exportadoras y para los inversores. Y al mismo tiempo facilitará la entrada de inversión directa en Rusia, un requisito importante para la modernización del país.

Rusia no pierde su capacidad para regular y proteger su mercado interno. Los países que, tras entrar en la OMC, consideran necesaria la defensa adicional del mercado interior, pueden negociar con la organización unas condiciones particulares. Un ejemplo es el caso de China, que ha conseguido conservar su capacidad de actuación gracias a la alteración artificial de la tasa de cambio de su moneda, entre otras cosas.

Cabe señalar que las exigencias que la OMC ha solicitado a Rusia en la etapa final de las negociación no son en absoluto rígidas. Por ejemplo, el nivel permitido de apoyo estatal a la agricultura es superior al que rige en la actualidad. La protección de la propiedad intelectual (objeto de conflicto con la OMC) es tan necesaria para Rusia como el aire. Sin ella, las conversaciones sobre la economía de la innovación, la modernización del país y la salida activa a los mercados extranjeros con productos de alta tecnología se quedarán sólo en palabras. Por cierto que en este tema, la adhesión a la OMC no resulta tan ventajosa. La posibilidad de que las empresas exportadoras se beneficien de las medidas anti-dumping , las cuotas de importación y otras medidas comportarán un beneficio directo calculado en varios miles de millones de dólares (las estimaciones para los diferentes años varían desde los 2.500 hasta los 4.000 millones de dólares).

Para los estándares de las exportaciones rusas estas cantidades no suponen un gran cambio. Sus beneficios repercutirán principalmente en el sector metalúrgico, los fabricantes de fertilizantes, los exportadores de cereales e incluso un pequeño círculo de sectores económicos. El petróleo y el gas que Rusia suministra al extranjero se rige únicamente por la ley de la oferta y la demanda.

La exportación de productos de alta tecnología se reduce básicamente al suministro de maquinaria militar a países del Tercer Mundo. La adhesión a la OMC creará a largo plazo unas condiciones más favorables para la construcción de maquinaria rusa y para los fabricantes de otros productos de alto contenido tecnológico ya que facilitará su salida al mercado mundial.

El principal beneficio de la entrada de Rusia en la OMC no es el beneficio material inmediato para los exportadores, sino el acceso a la articulación de normas comunes para el funcionamiento de la economía mundial y el comercio internacional.

No obstante, no es una coincidencia que el número de miembros de la OMC sea comparable al número de países que son miembros de la ONU. Ningún país que haya entrado en la OMC ha decidido abandonarla después. Al contrario, casi todos los países intentan conseguir el ingreso.

Ex ministro de Economía de Rusia.

Publicado 
por primera 
vez en Itogui.

Andréi Nechaev, economista


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