El escudo antimisiles, un asunto sin solución

Legión Media

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El embajador de Rusia ante la OTAN, Dmitri Rogozin, ha propuesto crear un escudo de defensa conjunto que proteja a Europa no solo del ataque de misiles, sino que incluso detecte y destruya los objetos espaciales que puedan poner en peligro la Tierra. La iniciativa, bautizada como Defensa Estratégica de la Tierra, ha sido un encargo del presidente ruso, Dmitri Medvédev a su ministro Rogozin, y a su adjunto en política exterior, Serguéi Prikhodko.

La falta de entendimiento entre Rusia y Estados Unidos respecto al escudo antimisiles parece un enredo sin un final a corto plazo.


Después de que Estados Unidos abandonara el Tratado de Defensa Antimisiles de 1972, y el presidente George Bush forzara el despliegue de este sistema en Europa, Estados Unidos y Rusia no han resuelto sus diferencias, sino todo lo contrario, ambos se han metido en un callejón sin salida.


Cronología


La decisión de desplegar el sistema de defensa antimisiles en su actual versión se tomó en la cumbre de la OTAN hace un año en Lisboa. La Administración de Bush tenía la intención de situar baterías antimisiles en Polonia, y un radar para el sistema de defensa en la República Checa.


Moscú consideró que se trataba de un agravio directo a su potencial estratégico y amenazó con la posibilidad de responder con las medidas que considerase adecuadas. Según la Agencia de Defensa Antimisiles del Pentágono, Estados Unidos está construyendo el sistema de defensa antimisiles en cuatro fases. Hasta finales de 2011 se preveía situar en el Mediterráneo barcos dotados de baterías antimisiles, algo que se ha decidido ubicar en la base gaditana de Rota. Además, se instalaría una estación de radiolocalización en el sur de Europa. En la segunda fase, hasta 2015, el Pentágono enviará a Rumanía baterías móviles antimisiles SM-3. Washington y Bucarest firmaron el acuerdo el pasado 13 de septiembre.


En la tercera fase, hasta 2018, EEUU tiene intención de desplegar las mismas baterías de tierra en Polonia, y para 2020, sustituirá estos antimisiles por otros más modernos, capaces de proteger todo el territorio de los países miembros de la OTAN, no solo frente a los misiles balísticos de medio y largo alcance, sino también frente a los intercontinentales.


Este programa ha provocado una reacción muy dura por parte de Rusia, ya a finales de octubre, Moscú declaró que estaba prepararando una respuesta militar. El Gobierno tiene previsto instalar sistemas de misiles táctico-operativos de nueva generación en la ciudad de Luga, en la región de Leningrado.


Cuando el nuevo embajador de EEUU en Rusia, Michael McFoul, se negó a dar garantías jurídicas de que el escudo europeo no sería dirigido contra Rusia, Moscú anunció el despliegue de la primera brigada armada exclusivamente con los sistemas más avanzados de misiles Iskander, capaces de transportar carga nuclear.


Los estadounidenses subrayaron que estaban dispuestos a presentar las garantías correspondientes, incluso por escrito, pero estas no tendrían validez jurídica. En cambio, Estados Unidos propuso a Rusia participar en las pruebas de vuelo de los escudos antimisiles fabricados para ser instalados en el territorio europeo. Rusia propuso una alternativa de cooperación mediante la creación de un escudo común para protegerse de los asteroides. Ahora le toca a la OTAN mover ficha en este complicado juego.

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