Conocer San Petersburgo

Focus Pictures

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Magníficos tejados desde donde se divisa la ciudad majestuosa, salones de bailes de estilo decimonónico y canales que compiten con los de Venecia, descubra la ciudad más europea de Rusia.

Un paseo por los tejados de la ciudad


San Petersburgo es plana y con pocos desniveles. Si uno quiere hacerse una idea general de la ciudad, lo mejor es escalarla y disfrutar de las vistas desde los tejados y sus numerosas terrazas. Una vez en las alturas, parece que la ciudad se rinde a nosotros, nos pertenece.

El guía de nuestro arriesgado paseo se llama Dmitri y tiene 22 años. “Las alturas te dan la posibilidad de rebelarte. Estando aquí puedes ser tú mismo, lejos de las convenciones del mundo que está allí abajo”, dice Dmitri. “Abajo” el guía es empleado de banca.


Durante las casi tres horas de paseo escalamos hasta cuatro tejados situados en el centro histórico de la ciudad. Nos hemos movido en un radio de apenas dos kilómetros cuadrados pero es como si hubiéramos visitado otro planeta.


La altura puede dar vértigo incluso a quienes no lo sufren. Un vértigo de libertad y de belleza. Una subida de adrenalina provocada por la sensación de riesgo.


Dmitri cuenta que sus barrios favoritos “al pie de las nubes” están situados en el centro histórico: Nevsky, Fontanka, Griboedov, la Plaza Sennaya, pero también la isla Vassilevski. Le gusta, sobre todo, el barrio de Petrogradskaia, que oculta un enorme potencial y ofrece paseos de varias horas sin tocar el suelo. Los aficionados a las sensaciones fuertes encontrarán lo que buscan en las grandes torres de los barrios periféricos.“Desde lo alto de un edificio de 25 pisos, cuando el cielo está despejado, tenemos una panorámica increíble de la ciudad”, explica.

Serguéi, un roofer (palabra que proviene de roof , tejado en inglés, y que se han adjudicado los que se mueven por los tejados) experimentado, de unos cuarenta años, explica: “En los años ochenta y noventa en los tejados nos cruzábamos con una juventud alternativa que subía para refugiarse y huir de la represión”, explica.


Los
roofers de ahora buscan la hazaña, la velocidad, sueñan con techos intransitables, fuertemente vigilados o lugares insólitos. También están los contemplativos, los enamorados de la ciudad, los neorománticos que encuentran en las alturas un oasis de calma y aislamiento para escapar del bullicio. Suben para tomar fotografías, leer, meditar, broncearse (a pesar de que en San Petersburgo el promedio de días de sol es de 72 al año) y aprovechan la sensación de bienestar que provoca la liberación de los sentidos.


Se han multiplicado los sitios en Internet y agencias turísticas que proponen paseos por los tejados, además de organizar bodas, cumpleaños, o sesiones de fotos a precios muy variables.


Esta preferencia por las alturas ha sido imitada por muchos bares, clubes y restaurantes que en verano instalan sus mesas en las terrazas, aprovechando las magníficas vistas que hay de las iglesias y monumentos.

Vivir la aventura exige respetar ciertas normas de seguridad: un calzado cómodo con suelas antideslizantes, mantener siempre las manos libres (la mochila con lo necesario se llevará a la espalda); llevar una linterna, y por supuesto no colgarse de los cables.


Cada uno seguramente encontrará su techo. Una cosa es segura: esta experiencia no decepciona a nadie.

Disfrutar del baile de salón al estilo decimonónico

Imagínese el eco de una sala de cámara, la melodía de un pianoforte, el dulce sonido de las notas de Mozart y un parqué reluciente.

San Petersburgo en el XIX era una ciudad de grandes ceremonias y fantásticos bailes. Esos festejos perduran en la actualidad.

“Sin embargo, no siempre hubo bailes en la antigua Rusia”, dice Irina, la directora de una compañía de eventos que organiza fiestas de salón. “Se los debemos a Pedro I el Grande, el zar innovador, ferviente admirador de Francia y favorito de las mujeres. Fue a partir de 1718 cuando los miembros de familias nobles se turnaban para celebrar reuniones en sus mansiones. Los bailes en San Petersburgo se distinguían por su particular lujo y esplendor”, explica.



Representación de un vals en el Palacio de Catalina

Esta costumbre decimonónica ha experimentado un renacimiento en estos años. También en el siglo XXI se aprecia un refinamiento de las formas y la inteligencia del buen gusto. Tal y como ocurría en el pasado, cuando se celebraban fiestas en el Palacio de Catalina en Tsárskoie Seló (una especie de Versalles de San Petersburgo) y en el Palacio Yusúpov, hoy las salas de teatros y galerías abren sus puertas a invitados de lujo. Con frecuencia se organizan bailes de carácter solidario a los que acuden estrellas del espectáculo. Hace diez años, el cantante Elton John participó por primera vez en un baile privado en el palacio de Catalina. Los bailes organizados en los días festivos son para el público general. Así que si decide viajar a San Petersburgo esta Nochevieja, no debe faltar al baile de Año Nuevo en Tsárskoie Seló.


Horas antes a la fiesta, un carruaje conduce a los clientes desde el hotel hasta el palacio. Al son de música militar, se recorre una alfombra azul que da acceso al salón de baile. Los invitados son recibidos por húsares reales que ofrecen copas de champán con emblemas de oro. A medianoche las bóvedas del palacio se inundan con el sonido de las campanadas. El zar y la zarina pronuncian palabras solemnes, e invitan a los asistentes a bailar polkas, polonesas y valses. El baile del hada Dragée (Azúcar) da paso a los bailes de los cosacos al compás de un acordeón. La fiesta concluye después de un majestuoso saludo real.

La Venecia del norte


Pedro I, fundador de San Petersburgo, fue un notable plagiador. Copió la ota holandesa, la arquitectura francesa, y el concepto urbanístico de Italia. La Venecia del norte -así se llama a menudo a San Petersburgo- es una ciudad de ríos y canales, construida sobre 101 islas.

Hubo un tiempo en que San Petersburgo fue una ventana a Europa para Rusia. Procedentes de todo el mundo llegaban a sus puertos buques mercantes y barcos de pasajeros. El Grande quería que los extranjeros contemplaran la majestuosidad y la belleza de laciudad.



Una de las embarcaciones turísticas sobre el río Neva

Cada año, a partir del mes de mayo, San Petersburgo se abre a la navegación. Las vías pluviales de la ciudad se llenan de barcos, lanchas y motonaves. “Los paseos por los ríos y c a n a l e s constituyen una parte esencial en la visita a San Petersburgo”, cuenta la directora de la agencia de turismo INCOTOUR, Ania Jrustóvskaia. “Permiten ver la ciudad desde otra parte fundamental. Los turistas siempre se sorprenden de lo armoniosa y solemne que se ve la ciudad desde el agua. Por la noche, los palacios y sus numerosos puentes se iluminan.” Los puentes de San Petersburgo se levantan y dan vía libre a los enormes barcos que en las madrugadas de verano surcan el río Neva. Contemplarlos desde alguna de estas embarcaciones es para el visitante, una experiencia inolvidable.

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