Elecciones en Rusia: las autoridades y la oposición se pronuncian a favor de la votación

Foto AFP / Noticias del Este

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El sistema electoral ruso empezó a forjarse en 1993 al mismo tiempo que la Constitución, que otorgó grandes poderes al presidente en detrimento del parlamento. Desde entonces, la legislación electoral sufrió varios retoques: desde 2002 las leyes electorales fueron corregidas unas 150 veces. Como resultado, hoy en día Rusia dispone de un sistema electoral que las autoridades y la oposición junto con los defensores de los derechos humanos califican de modos radicalmente opuestos.

La Comisión Central Electoral considera que la legislación electoral rusa es “una de las mejores del mundo”, destacando el alto nivel tecnológico del proceso de votación: un sistema automático de recuento de votos, una base de datos electrónica de electores y cámaras de video instaladas en todos los distritos electorales. Todo ello, según el presidente de la Comisión, Vladímir Churov, elimina las posibilidades de cometer fraude.


Sin embargo, también existe otra opinión. “Hoy en día la situación electoral en Rusia no corresponde a sus obligaciones internacionales y ni siquiera cumple con la legislación nacional”, se dice en la carta de los defensores de los derechos humanos a la Asamblea Parlamentaria de la Unión Europea.


Las quejas de los defensores de los derechos humanos se fundamentan en que durante los últimos 10 años, la legislación electoral está siendo modificada por el partido Rusia Unida, y estos defensores de los derechos humanos consideran que los cambios favorecen a este partido. En particular, fueron suprimidas las elecciones directas de los gobernadores, los partidos tienen prohibido formar coaliciones electorales; se eliminó la opción “en contra de todos” y el umbral de participación de electores que antes se exigía para que las elecciones fuesen válidas; se elevaron las exigencias en cuanto al número de personas que integran un partido a registrar oficialmente de 10 mil a 45 mil personas (con una población total de 142 millones de personas). En comparación, la legislación alemana no exige registrar formalmente los partidos en un organismo público ni un número mínimo de miembros a la hora de crearlos.


Los partidarios de las medidas limitantes en Rusia señalan que una parte de ellas fue introducida de acuerdo con los estándares de las asociaciones europeas de las que Rusia forma parte (OSCE, APCE), y que las elecciones resultan más claras para los electores. Además, se eliminó el caos legislativo en la Duma Estatal, donde anteriormente existía mucha dificultad para adoptar nuevas leyes debido a la polaridad en las opiniones de los diputados y en los intereses de sus partidos. Los partidarios de las limitaciones alegan también los resultados de las encuestas que testifican que los rusos apoyan la idea de la existencia de tres o cuatro grandes partidos.


Sin embargo, en Gran Bretaña, país supuestamente bipartidista, realmente existen alrededor de 40 partidos, cinco de los cuales están presentes en el parlamento, mientras que en la Rusia multipartidista, sólo hay siete, y cuatro de ellos están en el parlamento. En Reino Unido los partidos se pueden registrar con un número mínimo de dos personas y se dan de alta libremente en el registro de partidos. En general, en la mayoría de los países de Europa la solvencia de un partido no es determinada por el Estado, como en Rusia, sino por los electores a la hora de votar. La Comisión Central Electoral objeta al respecto que el sistema de partidos existente en Europa se ha ido formando durante siglos y tiene una estructura complicada, poco adaptada a la realidad actual, algo que demuestra el intento, aunque fallido, de llevar a cabo una reforma electoral en Reino Unido. Según Vladímir Churov, la Comisión, en cuanto a la legislación electoral, se basa en las legislaciones de las “nuevas democracias”: los países de América Latina, India, Corea del Sur, donde las tradiciones democráticas individualistas están menos arraigadas que en los países occidentales tradicionalmente democráticos.


Los politólogos aseguran unánimemente que en los últimos años los partidos creados sin la autorización del Kremlin no pasan la criba del Ministerio de Justicia, encargado de registrar oficialmente los partidos. Mucha gente en Rusia considera que ya no hay intriga alguna respecto a quién va a ganar las elecciones parlamentarias ni sobre quién será el próximo presidente ruso.


El presidente de la Comisión Central Electoral, Vladímir Chúrov, no está de acuerdo con estas afirmaciones: para él, el resultado de las elecciones no está de ninguna manera predeterminado. Por más raro que parezca, una gran parte de la oposición coincide en ello con Chúrov: sus líderes consideran que si la gente acude a las elecciones y vota dentro de las opciones de elección existentes, será posible debilitar la posición de Rusia Unida. Porque en caso de que los electores estropeen los boletines o voten a un partido que no supere el umbral del 7%, sus votos no se pierden, sino que son adjudicados a los partidos ganadores. El presidente Dmitri Medvédev, que encabezó hace poco la lista electoral del partido en el poder, no cree que la legislación actual sea perfecta. Incluso accedió, entre otras cosas, a pensar en introducir una limitación según la cual ninguno de los partidos tendría derecho a obtener la mayoría de los votos en la Duma Estatal. Además, según su iniciativa, el umbral necesario para que un partido pudiera entrar en el parlamento bajaría del 7 al 5% del total de votos. Sin embargo, los críticos dicen que se trata de medidas más bien decorativas e insignificantes, mientras que los partidarios de las autoridades afirman que este tipo de pequeñas enmiendas y correcciones son típicas de una “democracia en proceso de consolidación”, un proceso que, sin embargo, ya dura 20 años.



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