Cheliábinsk mira hacia el exterior

Cheliábinsk, ubicada 1.600 kilómetros al este de Moscú, en los Montes Urales. Foto de Lori

Cheliábinsk, ubicada 1.600 kilómetros al este de Moscú, en los Montes Urales. Foto de Lori

Cheliábinsk, situadada en los Urales, fue una ciudad cerrada dedicada a la industria pesada. Durante el caos de los años 90, una serie de ingenieros creó Metran, que actualmente es una empresa puntera internacional. La industria pesada de la zona ha sufrido en la crisis del 2008. Aunque el gobernador Yúrievich tiene ambiciosos planes para buscar inversores extranjeros.

En 1992, en medio del caos provocado por la “terapia de choque” económica, un grupo de ingenieros que trabajaba en una fábrica vinculada a la defensa y que estaba atravesando por dificultades vio la oportunidad de utilizar sus conocimientos y utilizarlos en el recién creado libre mercado. Estos trabajadores estaban ubicados en la otrora cerrada ciudad de Cheliábinsk. El resultado de su esfuerzo fue Metran, que en la actualidad es una de las principales productoras rusas de transmisores de medidas. Además, alberga la sede del Centro Mundial de Ingeniería del gigante estadounidense Emerson, que adquirió la empresa en 2007. Metran cuenta con más de mil empleados y, como dueña de cientos de patentes de ingeniería rusas e internacionales, actúa según el lema “calidad internacional a precio ruso”.


Lamentablemente, la mayoría de las fábricas de Cheliábinsk dedicadas a la metalurgia y la defensa no tuvieron una transición tan fluida hacia el libre mercado. La decadencia industrial, la infraestructura obsoleta, la contaminación y las llamadas “monograd” —ciudades que dependen económicamente de una sola fábrica—, que constituyen graves problemas en toda Rusia, se manifiestan con particular severidad en la región de Cheliábinsk. Además, no tiene gas ni petróleo, las principales fuentes de financiación de la economía rusa.


Retrato de Cheliábinsk


Ubicada 1.600 kilómetros al este de Moscú, en los Montes Urales que separan a Europa de Asia, Cheliábinsk ha celebrado su 275° aniversario recientemente. Durante la era soviética, la ciudad estuvo cerrada al mundo exterior mientras se concentraban allí grandes núcleos de producción metalúrgica, de armas y de tractores. También albergó algunos de los laboratorios de armamento nuclear más sofisticados de Rusia.


La privatización y las políticas de libre mercado del entonces presidente Borís Yeltsin asestaron un duro golpe a Cheliábinsk. Cuando los pedidos estatales de defensa dejaron de llegar, la industria pesada de la ciudad sufrió graves consecuencias y los científicos nucleares tuvieron que apañárselas con unos pocos dólares al mes. Los pocos productos no militares que se fabricaban no podían competir en el libre mercado. En 1994 se permitió a los extranjeros que visitaran la ciudad y hacía varios meses que las fábricas habían dejado de pagar los salarios a sus empleados.


“Resulta difícil imaginar que, en la década de los noventa, hubiera un solo hotel para atender a los extranjeros”, recuerda Dwight Bohm, ejecutivo estadounidense de Emerson que ostentó el cargo de director general de Metran. “En esa época, no se podía comprar ni un solo libro en inglés. Muchas de las personas que conocí jamás habían visto a un extranjero”.


Después del colapso financiero de 1998 en Rusia, hubo un período de auge económico que estimuló la demanda de productos metalúrgicos y materias primas de Cheliábinsk, como el oro, lo que a su vez trajo el desarrollo de una economía local de servicios, donde surgieron tiendas, restaurantes y boutiques.


Posible futuro


El año pasado, el presidente Dimitri Medvédev designó a Mijaíl Yúrievich, abogado de 41 años, gobernador de la región. En 1997, a los  28 años, Yúrievich fue nombrado “Hombre del año” en Cheliábinsk debido a sus aptitudes de gestión en una sociedad local dedicada a la agricultura. El exempresario acaba de regresar de un viaje a los Estados Unidos en el que estuvo buscando a inversores en ese país.


“Necesitamos una nueva industrialización o, como se dice en la jerga moderna, necesitamos atraer inversiones”, explicó Yúrievich. “No me refiero simplemente a instalar fábricas nuevas, sino a modernizar la base industrial. Tenemos que ponernos al día con las economías desarrolladas”. La visita del gobernador a los Estados Unidos estuvo precedida por similares viajes a Alemania, Italia, Japón y China, en donde también intentó convencer a empresarios acerca del clima favorable para las inversiones existente en la región.


Yúrievich designó a Alexéi Ovakimyan, de 38 años, para el cargo de vicegobernador encargado de los proyectos de inversión. Antes de asumir el cargo, Ovakimyan había fundado una exitosa empresa de consultoría. “En la mayoría de las reuniones con los inversores extranjeros quedó claro que nunca habían escuchado hablar acerca de Cheliábinsk. Ni siquiera sabían que existíamos”, afirmó el funcionario.


Desde el año 2008, la región ha logrado atraer un promedio de 3.000 millones de dólares anuales en concepto de inversiones extranjeras directas. Una parte importante de ellas proviene de Fortum Corp, el gigante finlandés de la energía que posee un ambicioso programa de inversión y producción en la zona. “Descubrí que el problema no era la falta de interés de los inversores internacionales, que activamente están buscando proyectos en mercados emergentes como el nuestro, sino la falta de ideas creativas de nuestra parte. De todas las propuestas que nos presentaron los emprendedores locales que buscan atraer capital, las que son viables no superan el 10%”, aseveró Ovakimyan.

Problemas actuales


Evgeny (que prefirió no dar su apellido), un obrero de unos 40 años que trabaja en una fábrica de acero y también se gana la vida como taxista, se lamentó por el estado de las fábricas locales dedicadas a la defensa. “Solíamos ser conocidos por tener los mejores tanques del país. Ahora, los pedidos de defensa no están ni cerca de lo que eran y, debido a la nueva reforma militar, incluso están cerrando las bases y las academias militares”. “El problema es que a muchas empresas, como la fábrica de balas Amaza, les es sencillamente imposible fabricar productos competitivos, ya que no hay demanda y la tecnología que utilizan es obsoleta. El mundo ha cambiado y la estructura y las exigencias del ejército son distintas”, explicó Ovakimyan. “Durante los próximos dos años, no habrá pedidos de defensa provenientes del Estado pero, entre 2014 y 2015, llegarán contratos importantes”.


La última crisis asestó un duro golpe a las fábricas y los talleres de Cheliábinsk. Las proyecciones más optimistas indican que la región regresaría a los números anteriores  a la crisis, un producto interno de 23.000 millones de dólares, hacia finales de este año. “Lo que estamos intentando hacer es aprovechar la capacidad productiva y las instalaciones que ya tenemos en vez de vender terrenos para nuevos desarrollos. En el caso de Amaza, hemos podido dividir la zona en varios lotes y ofrecérselos a inversores de industrias tan diversas como el procesamiento metalúrgico y las tecnologías de ahorro de energía”, añadió el funcionario.
Mientras tanto, en la fábrica de Metran, en el centro de Cheliábinsk, ya se advierten los preparativos para la gran celebración por su vigésimo aniversario el año próximo.

 
Un futuro en la educación


A principios de este mes, el gobernador de Cheliábinsk Mijaíl Yúrievich cerró una visita de una semana a EE UU. Asistió a reuniones en California y Chicago en las que contestó preguntas elaboradas por algunos representantes de las empresas estadounidenses más importantes, como Google y Bank of America, acerca del clima para las inversiones y de las leyes de propiedad intelectual en Rusia.
El objetivo del funcionario era convencer a los fabricantes estadounidenses para que llevaran su producción a Cheliábinsk. Yúrevich aprovechó la visita para fomentar un programa de becas según el cual los estudiantes de la Universidad Estatal de Cheliábinsk podrán realizar prácticas en empresas estadounidenses, algo tan importante para el futuro de la región como la promoción industrial. Este programa cuenta con el respaldo del American Councils for International Education (Consejo Estadounidense de Educación Internacional), con sede en Washington, D.C.

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