“Femenina pero no feminista” ¿Aumenta la desigualdad de género en Rusia?

Imagen de la época soviética de una mujer pensativa

Imagen de la época soviética de una mujer pensativa

“Yo las imagino como un puñado de mujeres sin atractivo alguno, con pelo grasiento, bigote y piernas sin afeitar; todas esas que claman ser feministas lo hacen por pura desesperación, porque ningún hombre querría estar con ellas”, Svetlana Kolchik -redactora jefe de la revista Marie Claire en Rusia-, relata de esta forma cómo reaccionó una colega periodista al tratar el tema del feminismo.

Rusia está considerado como un país “de mujeres”, no sólo porque hay casi diez millones más de mujeres que de hombres, sino también porque obtuvieron derechos sociales como el aborto, el divorcio, el voto o la incorporación al mundo laboral relativamente pronto.

De hecho, un breve paseo por cualquier ciudad rusa parece demostrar que son ellas las que sacan el país adelante cada día. Sin embargo, el movimiento feminista en Rusia es prácticamente nulo y, según los expertos, tampoco tiene vistas de emerger a medio plazo.

Tras la toma de poder de los bolcheviques en 1917, las nuevas autoridades declararon su intención de “liberar a las mujeres” y “cambiar el modelo de familia”. Así, impulsado por la comisaria del pueblo Aleksandra Kolontai, se aprobó en 1918 un nuevo Decreto sobre el Matrimonio y los Códigos de Familia que facilitaba el divorcio y legalizaba el aborto, creándose, además, los llamados “consejos de mujeres” como órganos consultivos.

Cartel de propaganda soviética invitando a la mujer a salir de la cocina

Con la llegada de Stalin al poder, dichos órganos desaparecieron y ciertos derechos sociales como el divorcio o el aborto fueron restringidos, aunque no anulados.

  

Fue sobre todo durante la segunda guerra mundial cuando las mujeres se incorporaron masivamente al trabajo, pero la guerra pasó, algunos soldados regresaron y Stalin murió.

Lo que encontraron a continuación tampoco fue un camino de rosas: sus derechos volvieron a ser ampliados, pero ahora ellas tenían que hacer frente a la llamada “doble carga”: un empleo estable y sacar adelante casa e hijos. Esto, junto al hecho de que sus trabajos siempre solían estar pobremente pagados, contribuyó en gran parte a que la Unión Soviética fuera uno de los líderes mundiales en el número de divorcios y de abortos.

En los noventa la situación no mejoró, sino todo lo contrario. El colapso de la URSS dejó un desempleo masivo y una inquietante falta de espectativas, lo que llevó a mucha gente (sobre todo mujeres) a decidirse por un exilio exterior y no interior (alcoholismo).

Fue en esta época cuando comenzaron a llegar productos occidentales de todo tipo, desde ropa y cosméticos a revistas y películas; la mayoría de éstas reflejaban una ideología más conservadora que la vista en Moscú o San Petersburgo en cuanto al rol de la mujer.

“En particular fueron las soap-operas y las revistas de moda las que promovieron la idea de que el lugar de la mujer estaba en el matrimonio y en la familia; además extendió la idea de cazar a un marido rico y mostrarse siempre guapa” explica Olga Voronina, Directora del Centro para Estudios de Género de Moscú, quien añade: “las mujeres rusas vivieron durante décadas una realidad gris con muchas carencias materiales y se acabaron creyendo el mito”.

Según cuenta Voronina en la revista Russia Profile, fue durante la perestroika cuando las ideas feministas y de igualdad de género se empezaron a presentar como un “anacronismo soviético”: “a esas mujeres se les calificaba de agresivas, marimachos o sexualmente frustradas”.

En el mismo artículo de Russia Profile, la cofundadora de “The Modern Woman’s Survival Guide” e investigadora de la Universidad de Alaska Fairbanks, Alla Ivanchikova, argumenta que la posible restricción de los derechos de la mujer en Rusia se debe a que la sociedad no participó en “la segunda ola de feminismo” que durante los 70 consiguió mejoras sustanciales en Canadá y Estados Unidos.

“Las mujeres soviéticas ya no eran feministas porque habían recibido sus derechos y protección social desde arriba. De esta forma no pudieron entender la escala de las pérdidas que sufrieron tras el colapso de la Unión Soviética. La desigualdad social entre hombres y mujeres está ligada con la estratificación económica de los 90”, sostiene Ivanchikova.

Para Nastia, estudiante de teatro en San Petersburgo, “hemos retrocedido al punto donde estaban las sociedades occidentales en los años 50”; mientras que Rima Sharifullina, presidenta de la ONG “Petersburgskaya Egida”, relaciona el retroceso de los derechos de la mujer con el incumplimiento de algunos derechos humanos.

Para la sueca Erika Edquist, activista en la defensa de los derechos de la mujer, “feminismo y Derechos Humanos son dos movimientos que pueden ayudarse mutuamente, para conseguir que los derechos sean más igualitarios y efectivos”.

Ante la pregunta de cuál es la diferencia entre feminismo y feminidad, y si son compatibles, Erika nos responde: “en pocas palabras, podemos decir que la tarea del feminismo es examinar cómo la feminidad y la masculinidad son creadas y mantenidas en una estructura de poder, para así liberar a ambos de dicha estructura”.

No obstante, la redactora jefe de la revista Marie Clarie en Rusia, Svetlana Kolchik, discrepa de esta opinión y escribe: “la feminidad es una parte esencial del ser mujer ¿quién discutiría eso? Igualmente el feminismo me parece un concepto ya pasado, un slogan de los sesenta y setenta, cuando la revolución sexual infectó el mundo occidental y los derechos de la mujer volvieron a ser un tema caliente”. Conviene explicar -para mejor comprensión-, que Svetlana tiene sólo 33 años y ha realizado parte de sus estudios en “el mundo occidental”.

Para los que hemos realizado parte de nuestros estudios “en el mundo ruso”, nos resultará familiar que entre los extranjeros se hagan comentarios como estos: “¿es esto una universidad o un night-club? ¿Cómo pueden tomarlas en serio con esos tacones y esas mini faldas?”.

Para esta bloguera el problema no es sólo la asunción de “prestar atención a su belleza”, sino que además se espera de ellas que sean “bien leídas, inteligentes y competentes”.

No obstante, en opinión de Erika Edquist, “la forma cómo las mujeres rusas (u hombres) visten no tiene relación con la regresión o aceptación del feminismo en la sociedad. Si las feministas luchan por la igualdad de derechos para todos las mujeres con mini falda y tacones también son aceptadas. Otro asunto es si los accesorios tradicionalmente aceptados como femeninos pueden, en ciertos contextos, favorecer la conservación de la relación de poderes tradicional”.

Durante la celebración del día de la mujer, el pasado 8 de marzo, el todavía primer ministro Vladimir Putin declaró “queremos que las mujeres sean los ornamentos de nuestros de nuestras vidas”.

Las interpretaciones pueden ser varias. Pero el próximo candidato a las elecciones presidenciales rusas ha recibido numerosos agasajos femeninos en los últimos años, como este calendario de las estudiantes de periodismo de la MGU por su 58 cumpleaños o estos vídeos de apoyo a su reelección. Por cierto, también el ahora presidente Dmitri Medvedev ha sido mimado con un club de fans femenino.

Otra actitud ante el asunto es la que toma Irina Khakamada, antigua diputada de la Duma y candidata presidencial: “Yo soy una post-feminista. Una mujer que no lucha por sus derechos, que no intenta demostrar nada, y para quien los hombre existen para dar felicidad: como un coche de carreras o un bonito reloj; Para todo lo demás –dinero, tener hijos y criarlos- me basto por mi misma”.

Algunos links para saber más sobre el tema:

http://hpronline.org/world/on-being-a-feminist-in-russia/

http://www.dailymail.co.uk/news/article-2021265/Putins-bikini-clad-Army-girls-car-wash-leaves-Russian-news-anchors-lather.html

http://www.feminisnts.ru/феминизм/русский-феминизм

https://www.rbth.com/articles/2010/04/06/dont_call_her_a_feminist.html

http://www.svobodanews.ru/content/feature/24330531.html

https://www.youtube.com/watch?v=VBx677GwhWU

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