De Vaslav Nijinski a Iván Vasiliev

Foto de Itar Tass

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Los barceloneses aficionados al ballet ruso están de enhorabuena. La cartelera de la capital catalana está viviendo un otoño especialmente intenso en cuanto a la presencia de la danza rusa. Durante las fiestas de la Mercè, el parque de la Ciutadella fue el escenario de una coproducción ruso-catalana de El lago de los cisnes con participación del teatro Mariinski de San Petersburgo (compañía que a final de mes se podrá volver a ver en el Gran Teatre del Liceu). A principios de octubre, se inauguró en el CaixaFòrum una exposición sobre Serguei Diághilev y su compañía, Los ballets rusos, y finalmente, las estrellas del otro gran ballet del país, el Bólshoi de Moscú, actuaron recientemente en el Liceo en la Gran Gala Masterpieces of Classical and Modern Ballet.

Con este pretexto, Rusia Hoy ha entrevistado a Roberto Fratini, dramaturgo, director de ballet y profesor de teoría de la danza en el Institut del Teatre de Barcelona, justo antes de pronunciar una conferencia sobre Vaslav Nijinski y su controvertida coreografía de La consagración de la primavera. Con él recorremos más de un siglo de historia del ballet ruso.

-¿Qué representa la figura de Vaslav Nijinski?


-“La trayectoria de Nijinski es interesante porque se formó en el teatro Mariinski. Pertenece a la última generación de bailarines que se formaron según el método de Petipa, por tanto, dentro de un estilo postromántico altamente formalista y en un momento en el que este modelo adolecía de un cierto estancamiento. Y esta generación que se había educado en el tardo Petipa necesitaba inyectar aire fresco y nuevas poéticas a la danza rusa. Eso explica por qué es uno de los primeros en unirse de forma entusiasta a la iniciativa de Diághilev y a la compañía Los Ballets Rusos y más tarde también es de los primeros en romper todas sus ataduras con el sistema imperial ruso.”

Nijinski interpretando en Scheherazade

-¿Qué aportó a la historia de la danza?


-“Posiblemente sigue siendo el bailarín más mítico del siglo XX porque gracias a él ocurrieron dos cosas: por un lado, los hombres volvieron a bailar. Los bailarines de Petipa sustancialmente eran ascensores biológicos para las bailarinas, así que todos más o menos tenían un físico de carnicero. Nijinski en cambio era espigado, vagamente andrógino. Era un bailarín increíblemente dotado. Sus saltos han pasado a la historia. Por otro lado y aunque parezca contradictorio, Nijinski introdujo algo así como una sensualidad en la manera de interpretar la danza”.

-¿Y como coreógrafo?


-“El papel de Nijinski como coreógrafo es un poco controvertido. Es autor solamente de tres coreografías con Los Ballets Rusos: Jeux, La siesta del fauno –estas dos son coreografías cortas- y el primer programa largo era justamente La consagración de la primavera. El mismo Stravinski se quejaba insistentemente de que Nijinski era infinitamente mejor bailarín que coreógrafo.”

-¿Qué supuso “La consagración de la primavera”?


-“Fue un intento de hacer algo moderno, pero hecho por personas que venían del ballet clásico. En 1913 podían permitírselo porque lo que hoy conocemos como danza moderna apenas existía. Pero el problema es que Nijinski no tenía una mentalidad de coreógrafo moderno y, por eso, su propuesta de modernidad era como una inversión de pesadilla de los pasos clásicos.”

-¿Entonces Diághilev, Nijinski y Los Ballets Rusos no son en su opinión tan rompedores como se dice?


-“La verdadera revolución llegó en los años 20 con Bronislava Nijinska y con Balanchine, que serían los auténticos creadores del neoclasicismo abstracto y formalista precisamente porque eran grandes conocedores del lenguaje clásico y eso era más moderno que los decorados de Picasso o la música de Stravinski”.

-¿Qué otros grandes nombres del ballet ruso destacaría usted?


-“Sin duda, los coreógrafos de Los Ballets Rusos. Los más grandes de ellos pienso que fueron Balanchine y Nijinska. Balanchine es posiblemente el mayor coreógrafo del siglo XX. Después de él supongo que deberían citarse coreógrafos de la era soviética. Hay muchos, pero yo siempre cito a Jacobson. Y otra figura que me gusta mucho destacar es la de Maia Plisetskaya, no sólo porque es posiblemente la bailarina clásica del siglo XX, sino porque cuando se ha convertido en coreógrafa ha creado piezas que, si no eran obras maestras, desde luego eran sumamente interesantes. Siempre me ha parecido increíblemente valiente y fascinante que alguien educada en un medio tan formalista pudiera crear algo como el ballet Anna Karenina. En cambio, nunca me ha gustado especialmente Grigorovich, pero igualmente merece ser citado.”

La bailarina Maia Plisetskaya

-¿Y en cuanto a bailarines?


-“Mi preferido es Vladímir Vasiliev, incluso más que Nureyev. Tiene una nobleza, una belleza de movimiento extraordinaria y, en pareja con Maxímova, era un fuego de artificio.”

-¿Qué opinión le merece el ballet ruso durante la época de la Unión Soviética?


-“A partir de los años 40 y 50, la terrible estética estalinista y el realismo socialista impidieron que se creara un ballet teatralmente maduro. Básicamente, se limitaban a repetir los esquemas clásicos. Y también impidió que la forma fuera refinándose. El ballet ruso se convirtió prácticamente en una disciplina atlética. Se produjeron en los años 50 y 60 bailarines y bailarinas extraordinarios, como Olga Semiónova, como Vasiliev o Maxímova… el problema es que pocos de ellos tenían realmente estilo.”

-Y actualmente ¿el ballet ruso ha sabido desprenderse de este corsé tan formalista, tan rígido?


-“La verdad es que no mucho, por lo que veo. La escuela francesa, la escuela inglesa, la americana, hasta la cubana han desarrollado durante décadas técnicas muy refinadas y en cambio la escuela rusa, en la mejor de las hipótesis, ha quedado estancada en el modelo Vagánova, que es un modelo extraordinario pero trasnochado. De todas formas, con la apertura de fronteras y la globalización hay mucha circulación y es difícil establecer escuelas. Muchas de las mejores bailarinas rusas han estudiado en Occidente y tienen una manera de bailar muy refinada. El problema no es de bailarines, es de coreógrafos. No hay coreógrafos rusos neoclásicos realmente destacados”.

-Hace unos pocos días actuó en el Liceo de Barcelona Iván Vasiliev y otras figuras del teatro Bolshói. ¿Tuvo ocasión de verlo?


-“No pude, pero he visto bailar tanto a Vasiliev como a Svetlana Zajárova y son bailarines extraordinarios.”

-¿Mariinski o Bolshói?


-“Por razones objetivas, actualmente habría que decir el Bolshói, porque desde la época soviética tienen los mejores bailarines, aunque por razones nostálgicas, posiblemente el Mariinski, sobre todo porque nació para hospedar la danza. El Bólshoi tiene una visión más operística”.

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