Cualidad inesperada en el carácter ruso

Foto de Flickr.com / Michalis Palis

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Algunas personas que han vivido en Rusia un tiempo son capaces de entrever lo que se esconde en el “alma rusa”. Entre los rasgos del caraćter nacional está el extremo individualismo o esa mezcla que contiene rasgos asiáticos y europeos.

"Para entenderlos hay que ir a Rusia y quedarse a vivir allí durante un tiempo: ir a la sauna, beber vodka, pescar en el hielo y hablar horas y horas a corazón abierto", me confesó un catedrático europeo. Es difícil determinar la nacionalidad de este investigador, hijo de una francesa y un belga que vino a Rusia en calidad de catedrático de una universidad suiza.


Por lo tanto, igual que muchas otras personas en Europa y los Estados Unidos, considera rusos a todos los habitantes de Rusia que hablan ruso y comparten, como está de moda decir ahora, los valores socioculturales. Para ser un ruso así, no hace falta estar bautizado, apellidarse Ivanov o Sídorov ni tener el pelo rubio y rizado.

 
"Por ejemplo, mucha gente cree que los rusos son vagos”, de esta manera continua compartiendo sus secretos el catedrático. “Cuando llegué, pensé que era verdad. Ordenara lo que ordenara, los profesionales rusos que formaban parte de mi grupo siempre tenían algo que objetar. Pensé que era para no hacer nada o para alargar el tiempo. Y sólo después de un año me di cuenta de que ustedes, los rusos, siempre procuran que su actividad tenga sentido. Además, nunca piensan que los jefes tengan que saber más. Al contrario,  los jefes siempre desconocen algo que ustedes ya saben. Por otro lado, no saben conservar la distancia entre jefes y subordinados. Por esta razón, si el jefe les da una orden, siempre dicen que esto se puede hacer de otra manera o que no hay que hacerlo. Pero esto no tiene nada que ver con la pereza. Al contrario, están muy orientados hacia el resultado y quieren aumentar la productividad en el trabajo".

 
El catedrático ha sacado sus conclusiones a través de la experiencia laboral. Ahora, antes de iniciar un proyecto de investigación reúne a todos los miembros de su equipo para dedicar un día entero a debatir detalladamente el plan de trabajo completo, nombrando responsables para cada una de las partes del proyecto. El catedrático intenta que cada uno de los miembros del equipo se responsabilice al menos de una cosa, aunque sea de garantizar que siempre haya lápices afilados y té caliente a mano. Hace poco, su equipo ganó la licitación para un importante proyecto público.

 
Esta historia me pareció muy instructiva y no sólo porque el narrador pudo darse cuenta del error cometido al sacar conclusiones precipitadas, sino también porque a mí, en tanto que rusa, las conclusiones a las que llegó me resultaron sorprendentes. Resulta que nosotros mismos nos vemos muchas veces a través de los tópicos, lo que nos impide desarrollar nuestro potencial.

 
En otra ocasión, un sociólogo ruso me contó que la tan trillada afición rusa por la vida en comunidad de la que tanto hablan los políticos, no es más que un mito. “No sólo somos individualistas sino que estamos prácticamente atomizados. No hay un lugar como este en el mundo civilizado", me aseguró.

 
Un diseñador de juegos online que trabaja en un nivel internacional afirma que la diferencia de mentalidades se ve claramente en los jugadores de varios países. Según él, los rusos son realmente euroasiáticos, por mucho que los escépticos se riesen de este término. "Sólo en Rusia los jugadores se comportan en algunos casos como europeos y en otros, como asiáticos”, cuenta. “Por ejemplo, ningún europeo va a jugar a un juego donde para ganar haya que hacer trampa a un amigo; para ellos es algo inaceptable. Sin embargo, a los chinos les encantan este tipo de cosas. A los rusos también".

 
Según él, hay también un rasgo típicamente ruso y es la gran afición a las gangas. "Los europeos perciben la victoria como algo que recompensa sus esfuerzos, los estadounidenses aprecian su suerte. Mientras que los rusos necesitan que en sus redes caiga un pez dorado y cumpla todos sus deseos (como en el cuento tradicional), todos a la vez y completamente gratis. Y si después pudiesen tomarlo por la cola y estrellarlo con todas sus fuerzas contra la mesa, sería el colmo de la felicidad", se ríe mi conocido. Bueno, éste es un rasgo muy nuestro que podemos reconocer. Incluso hemos aprendido a estar orgullosos de él.


Originalmente publicado en utro.ru

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