Irán: bajo el signo del átomo

Foto: Reuters/ Vostock

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Según información no oficial, el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ha publicado un informe con pruebas que demuestran que Irán ha superado la masa crítica para crear una bomba atómica. Muchos de los países colindantes, sobre todo Israel, han expresado su extrema preocupación al respecto y han sacado a relucir la retórica militar.

Aunque las autoridades de Teherán lo niegan, en Israel resuenan cada vez con más fuerza los tambores de guerra. Los últimos diez días de noviembre amenazan con entrar en la historia como el momento del inicio de una nueva guerra a gran escala en la región. La gravedad de la situación hizo reaccionar a Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores ruso, que el pasado 7 de noviembre declaró que "un ataque militar [a Irán] sería un error de consecuencias impredecibles".

Entre las “revelaciones” sensacionalistas relacionadas con este grave problema destacan las acusaciones contra los especialistas rusos, que supuestamente han preparado a Irán para la guerra nuclear. Pero si analizamos la situación con los ojos de un especialista, ¿cómo pudo un solo físico conseguir que un país desarrollara armas nucleares? Según la OIEA, el ruso Viacheslav Danilenko se dedicó durante al menos cinco años a mediados de la década de los 90, a transmitir a los iraníes la tecnología necesaria para la creación de detonadores de alta precisión, usados para iniciar la reacción nuclear en cadena.

No cabe duda de que un profesional de alto nivel pueda hacer avanzar considerablemente las investigaciones teóricas en el ámbito nuclear. Pero no es serio afirmar, tal y como lo hacen los autores del informe, que haya jugado “un papel clave en la creación de las armas nucleares”.

Las armas nucleares son un sistema integral de alta tecnología que incluye equipos técnicos independientes, como misiles o aviones portadores por un lado, y componentes nucleares, termonucleares o de neutrones en sí, por otro. Además de equipos terrestres de mantenimiento y control. Sólo en caso de que todos estos elementos funcionen de una manera sincronizada se puede decir que un estado posee armas nucleares. Y por mucho talento que tenga el especialista en cuestión, no sería capaz de influir de una forma considerable en todos los componentes del potencial nuclear iraní.

El programa aeroespacial iraní


Efectivamente, los éxitos de Irán en el ámbito aeroespacial demuestran que este país tiene capacidad para el transporte de armas nucleares. El primer satélite iraní, Sina-1, se lanzó el 28 de octubre de 2005 a través del cohete portador ruso Kosmos-3М, desde el cosmódromo de Plesetsk. En aquel momento, Irán se convirtió en el 43 país con un satélite propio en el espacio.

Posteriormente, el 17 de agosto de 2008, Irán intentó poner en órbita el transbordador Safir. Reza Tagizade, jefe de la Agencia Espacial Iraní, declaró que la puesta en órbita de la réplica del satélite había sido un éxito. Sin embargo, los expertos internacionales no confirmaron la información y Estados Unidos comunicó que, según sus medios de observación, la segunda etapa del satélite se había destruido a una altura de 152 km.

Asimismo, el 4 de febrero de 2009 Irán  puso en órbita elíptica el satélite Omid con la ayuda del cohete propio, Safir-2. El lanzamiento se hizo para conmemorar el 30 aniversario de la revolución islámica. Según los medios de comunicación iraníes, Omid estaba destinado a “los investigaciones y trabajos en el ámbito de las telecomunicaciones”.

El 15 de junio de 2011, Irán  puso en órbita con éxito el satélite artificial Rassad-1 (Observación-1). Se supone que dará 15 vueltas a la Tierra al día, a una altura de 260 km. El satélite funciona con paneles fotovoltaicos y lleva a cabo la observación y grabación de objetos en una superficie de 150 kilómetros cuadrados.

Actualmente Irán y desarrollo espacial son dos términos inseparables. Hay motivos suficientes para afirmar que tras una serie de lanzamientos de cohetes balísticos de medio alcance y de portadores de programas suborbitales, así como el éxito de un vuelo orbital a gran escala, abren la posibilidad para que la República Islámica pruebe próximamente armas estratégicas de tipo balístico.

Pero no es más que eso. Una prueba


Sin embargo, un país que haya llevado a cabo con éxito varios lanzamientos espaciales, no se proveerá de un sistema de misiles nucleares importante en un período corto de tiempo. La posesión de estas armas significa, desde el punto de vista militar, que deben estar preparadas para el combate, y que el sistema sea capaz de mantener el complicado algoritmo de vuelo.

Pero es que incluso una unidad de este tipo de armas probada con éxito está condenada al fracaso actualmente, una época en la que las alarmas de agresión nuclear y la reacción ante tales agresiones están muy desarrolladas.

En este punto, viene muy bien recordar el ejemplo de la URSS. En la primera etapa, el tiempo de preparación para el lanzamiento del conocido misil R Р-7 era de 10 horas. Sin embargo, las autoridades soviéticas no se cansaban de repetir que el país tenía capacidad para atacar a Estados Unidos.

Además, no es lo mismo lanzar un satélite que hacer que una ojiva de un misil de combate alcance su objetivo, y más si se trata de un ataque intercontinental. Incluso Serguéi Koroliov y su equipo necesitaron muchísimas pruebas hasta que llegaron a resolver el problema de la desintegración del dispositivo en las capas densas de la atmósfera.

Nadie duda de que Irán lleve a cabo una política nuclear activa, sin la ayuda de Rusia. Si estudiamos seriamente la experiencia técnica de este país no hay que olvidar las palabras de Lev Feoktístov, uno de los fundadores de la industria militar nuclear rusa: “Es imposible alcanzar de golpe el mismo nivel que tienen las potencias nucleares en cuanto a la construcción de armas nucleares. Sin embargo, no es nada complicado crear una bomba y hacerla explotar, teniendo a mano simplemente un par de libros de referencia con constantes, varias enciclopedias y libros de texto básicos”.

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