El primer viaje de Tintín

© Hergé

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Durante el fin de semana del estreno de «El secreto del unicornio», las aventuras de Tintín arrastraron a las salas a más de un millón de espectadores. ¿Sabían quienes vieron la nueva película de Spielberg que el primer reportaje del intrépido reportero belga fue en Rusia?

«El periódico Petit vingtième, siempre atento a complacer a sus lectores y a tenerles al corriente de lo que pasa en el extranjero, acaba de enviar a la Rusia soviética a uno de sus mejores reporteros: Tintín. Ante vuestros ojos veréis desfilar, todas las semanas las múltiples peripecias de su viaje». Así anunciaba el suplemento juvenil del rotativo belga “Le vingtième siècle” que enviaba al «país de los soviets» al hoy famoso periodista del cómic y su inseparable Milú. La iniciativa pretendía ampliar el número de lectores y se encomendó la tarea a alguien sin un cargo específico en la redacción, Hergé, conocido hasta entonces como dibujante y creador de Totor. Cansado de ese personaje crea Tintín y recibe el primer encargo del director: enviar al periodista de «línea fina» a Rusia. Con ello se pretendía reforzar el discurso católico-conservador del periódico con un mensaje muy concreto sobre el gobierno soviético.

Tintín es llevado ante el comisario nada más llegar a su destino © Hergé


El nacimiento de Tintín en las páginas del “Petit vingtième” fue el 10 de enero de 1929 con la despedida del reportero en la estación de tren, rumbo a Berlín, para partir desde allí a Moscú. El posicionamiento ideológico de la historia queda inmediatamente claro desde la primera viñeta: Milú está preocupado porque le han dicho que Rusia está llena de ratas y pulgas, y un espía ruso, en un compartimento cercano, prepara una bomba para acabar con el «burguesito asqueroso». Los malos del cómic no tardan en aparecer.

El trasfondo ideológico está bastante claro desde el principio © Hergé


     La primera aventura de Tintín adolece de la inexperiencia de su autor, tanto en el desarrollo de la historia como en la profundidad de los protagonistas. No se puede hablar aún de personajes secundarios de la talla de los hermanos DuPont, Castafiore o Tornasol. Este primer Tintín, aún tosco en el trazo pero ya con su característico flequillo, aparecería cada semana, en dos páginas, ante los lectores. El desarrollo se parecía más bien a una sucesión de gags propios del cine mudo y es que el propio autor reconoció que después de cada entrega no tenía la menor idea de lo que vendría a continuación, por eso las aventuras en el país de los soviets está plagada de resoluciones imposibles: en una de las celdas de la GPU, por ejemplo, encuentra una escafandra, o Tintín, en medio de la estepa, queda congelado hasta que Milú encuentra un saco de sal con el que descongelarlo.

La tendencia de la editorial era católica- conservadora © Hergé


Un auténtico superhéroe capaz de sobrevivir a las situaciones más mortíferas © Hergé


     Los intentos de asesinar a Tintín no se acaban en el tren con dirección a Berlín. Desde que pone el primer pie en Stolbtzy, cuando lo llevan directamente ante el comisario del pueblo, el reportero saldrá siempre airoso de la retahíla de intentos de asesinato que urden los bolcheviques: bombas, pieles de plátano, descarrilamientos, esbirros de la GPU… Y no sólo eso, el personaje de Hergé consigue desenmascarar todas las mentiras soviéticas. Por ejemplo, aparece un grupo de comunistas ingleses al que se les muestra el gran milagro de la industria soviética, cuando en verdad las fábricas son decorados: «Así es como los soviets engañan a esos pobres que aún creen en el paraíso ruso», razona Tintín mirando al lector. Luego se acerca a un mitin en el que, pistola en mano, se pide el voto a la lista comunista. La mayoría de las páginas son una sucesión de persecuciones en las que Tintín siempre sale, por supuesto, sano y salvo. Pero al poner un pie en Moscú, es arrestado y llevado a la sala de torturas de la cárcel para que confiese el motivo de su viaje. El Moscú que aparece, por descontado, es una ciudad repleta de pobres, suciedad y comisarios políticos que sólo se preocupan en adoctrinar a la población. Y no sólo eso, consigue infiltrarse en la campaña de los soviets para hacerse con el cereal de los kulaks. Con todo, el avezado periodista aún tiene mucha guerra que dar y después de una agónica huída por la estepa helada descubre el escondrijo donde «los dirigentes bolcheviques esconden los tesoros robados al pueblo». El primer Tintín demuestra tener madera de superhéroe: sobrevive a accidentes de avión, secuestros, tigres, envenenamientos. Bruselas le recibe como un héroe, y no es de extrañar.

Tintín es torturado por maestros chinos del sufrimiento para que confiese el motivo de su visita © Hergé


Las habilidades de investigador sagaz son inagotables en Tintín © Hergé


     La evolución del trabajo de Hergé es sorprendente a la vista de los primeros trabajos o de la primera edición completa, “Archivos Hergé”. Las ediciones comerciales posteriores han sufrido numerosos cambios para adaptarse a la ideología liberal contemporánea. Es por ello que “Tintín en el país de los soviets”, considerada irreverente en la posguerra, no se incluyó en las obras completas y queda descatalogado. Pero gracias a la presión de las ediciones piratas, Hergé permitió una reedición oficial en 1973. Con el tiempo declaró que “Tintín en el país de los soviets” había sido algo así como un juego, «una transgresión de la juventud». De hecho se sabe que la fuente principal que utilizó para la confección del guión fue el libro «Moscou sans voiles» (1928) escrito por el cónsul de Bélgica en Rusia Joseph Douillet, que estuvo destinado en Rostov del Don. En 1925 pasó nueve meses en una prisión rusa y luego fue expulsado del país. A la vuelta publicó su obra en la que condena el régimen bolchevique y una buena parte de las escenas allí descritas son reproducidas tal cual en las tiras de Hergé. Las aventuras posteriores todavía seguirían los patrones panfletarios de su primera obra. «Tintín en el Congo», por ejemplo, es una defensa de la postura del gobierno belga en la colonia africana y la labor de la Iglesia. No obstante, el éxito alcanzado será el espaldarazo definitivo para Hergé, que le proporciona más independencia creativa. Eso se nota en la producción posterior que arranca con «El loto azul» (1934-35) a partir del cual, a diferencia de «El país de los soviets», documentará cada historia minuciosamente.

La suciedad lo inunda todo en la visión de la editorial belga sobre la Unión Soviética © Hergé


Tintín es recibido como un héroe a su llegada a Bélgica © Hergé


Más adelante,en el contexto de la Guerra fría y después de algunas historias de evasión pura, vuelve a tocar temas de actualidad, como la carrera espacial en «Objetivo: la luna» (1953) o las armas de destrucción masiva en «El asunto Tornasol» (1956).

     Otro de los detalles curiosos de esta primera obra es que fue tal su éxito que el 8 de mayo de 1930, cuando se acabaron las entregas –dos páginas por semana-, el periódico anunció que Tintín volvía a la célebre Gare du Nord de la capital belga y contrató a un actor para que hiciera de Tintín. Fue tan abrumador el recibimiento que esa estampa fue reproducida en el álbum posterior. Todo una estrategia de marketing moderno. Un dibujo se convirtió entonces en actor, y ochenta y un años después, otro actor, Jamie Bell, se convierte en dibujo en la producción de Peter Jackson.

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«Tintín en el país de los soviets» está editado en España por la editorial Juventud.

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