Padres “de prueba”

Foto de PhotoXPress

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Hace unos años el gobierno ruso empezó a mostrarse preocupado por la gran cantidad de niños huérfanos. La adopción por extranjeros, que empezó a crecer notablemente en los años 90, permitió reducir el número de los niños abandonados. Pero esta medida tampoco se consideraba una buena solución. “Los niños rusos deben quedarse en su país de origen”, este fue el lema del gobierno de Putin, que propuso un programa destinado a incentivar a las familias rusas a adoptar niños.

Los padres adoptivos empezaron a recibir subvenciones por adpoción, entre 300 y 400 euros (según las nuevas normas de la ley, el trabajo del padre adoptivo se equipara a cualquier otro trabajo) y distintas ayudas sociales, como abonos de transporte gratuitos, etc.


El plan funcionó. Según los datos oficiales, la cantidad de niños huérfanos bajó de 180.000 en 2006, a 134.000 en 2010. Pero entonces surgió otro problema. El número de pequeños devueltos por sus padres adoptivos a los orfanatos creció drásticamente. Si en 2006 se registraron en torno a 2.500 casos, en 2010 ascendieron hasta los 8.000.


Actualmente el gobierno propone crear una especie de familias “de prueba”. En estos casos, los “padres” no adoptan a los niños, sino que les “invitan” a pasar con ellos un fin de semana o unas vacaciones,y a cambio reciben un sueldo por su “trabajo educativo” y obtienen derecho a distintas subvenciones estatales. Se supone que estos padres tienen que pasar un curso preparatorio y trabajar conjuntamente con psicólogos y otros especialistas. Con el tiempo estas parejas podrían llegar a adoptar al niño.


Según ha declarado recientemente Andréi Fúrsenko, ministro de Ciencia y Educación, el proyecto de ley para regular las relaciones entre los niños y los “padres de prueba” ya está listo y está siendo estudiado por los diputados de la Duma (cámara baja del parlamento).


Todo por pelar una patata


Ana y Tomás, españoles residentes en Madrid, adoptaron a sus dos hijos en Rusia. El hijo mayor, Vitali, tiene 8 años y el pequeño, Román, 4. La pareja española sólo pudo verlos una vez antes de adoptarlos. Sabían que las cosas no iban a ser fáciles pero estaban dispuestos a sacrificar cualquier cosa por ser padres de estos niños: “Hemos luchado tanto por ellos, que cuando llegó el momento decisivo, teníamos muy claro que queríamos ser sus padres, ahora y para siempre”, comenta Ana. “No entiendo cómo alguien puede rechazar a un niño tras haberlo adoptado, tras haberle dado todo su cariño y amor”.


Las familias “de prueba” no son una novedad en Rusia, aunque de momento tampoco son muchas. Este experimento se inició hace unos años en distintas provincias rusas. El año pasado fueron “apadrinados” unos 500 niños. Pero, por lo visto, la cantidad crecerá significativamente en caso de que la mentada ley sea aprobada. Pero, ¿cómo afectará esta iniciativa a los niños huérfanos?  


Irina, un niña de 7 años de la región de Moscú, fue “apadrinada” por la familia Lébedev hace medio año. Galina Lébedeva dice que la niña, que viene a su casa los fines de semana, se siente muy feliz con ellos, ya que está descubriendo muchas cosas nuevas. Lo que más le gusta es ir de compras al supermercado o pelar patatas: “Antes no sabía que las patatas tenían piel, ahora sé que para preparar patatas fritas tenemos que quitársela”, cuenta la niña.


Vienen y se van


Los psicólogos no discrepan en relación a las repercusiones dl experimento. Los defensores aseguran que es una experiencia muy positiva para los niños ya que de esta manera tienen una oportunidad para escapar de su rutina y ver el mundo con otros ojos. Por su parte, los detractores recuerdan que los niños siempre tienen que volver a un lugar donde no se les permite ni pelar patatas, ni salir de compras. Y es muy probable que cada vez que vuelvan, aumente su rencor y el rechazo hacia el orfanato.


Liudmila Kuzminá, ciudadora de uno de los orfanatos de la región de Moscú, comenta que “ para un niño es como una tortura. Debería formar parte de la nueva familia sólo en caso de que se vaya a quedarse para siempre. No puede ser que vaya y venga una y otra vez”.


A veces los niños se ven obligados a trabajar en el campo o en el jardín de sus nuevos padres. Y también sucede lo contrario; los padres de acogida a menudo abandonan sus trabajos y se conforman con lo que les paga el gobierno por “cuidar y educar” a los niños. “Conocí algunos casos de adolescentes que se negaron a volver a las familias porque decían que se les explotaba”, comenta la psicóloga Olga Komarova. “Mis colegas también me contaron el caso de una mujer de Ufá  que preguntó a los agentes de servicios sociales, cuánto se le pagaría por niño y cuántos niños debería “apadrinar” para reunir el dinero suficiente para reformar una valla en su jardín”.


Aunque hay casos todavía peores. A veces las familias se cansan de su nueva experiencia y rompen el contrato con los servicios sociales de la noche a la mañana. Después, otro candidato llega y vuelve a rechazar al mismo niño. Se prevé que con la aprobación de la nueva ley se establecerá un curso de preparación obligatorio para los “padres” y que habrá un trabajo conjunto con los especialistas para que estos casos no se repitan. Pero esta afirmación despierta todavía demasiadas dudas.

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