¿Podrá la cumbre del G20 rescatar al euro?

Foto de Reuters Vostok Photo

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Con la zona euro tambaleándose por la dura crisis sistémica, todas las miradas están puestas en la cumbre del G20. ¿Podrá esta agrupación de naciones desarrolladas y en desarrollo ayudar a impedir un tsunami que podría arrastrar a las economías mundiales?

¿Desea ganar 400.000 dólares? Le contamos lo que debe hacer: encontrar una política de salida para los países que deseen abandonar la Unión Monetaria Europea. Eso es todo. Si aceptan su idea, Simon Wolfson, director general del minorista británico Next Group, le transferirá el dinero a su cuenta.


Por el momento, el dinero de Wolfson aparenta ser seguro. No importa la solución que propongan los economistas, los políticos seguramente la ignorarán. En términos sencillos, la gran línea divisoria que separa a los antiguos países ricos de los emergentes impide que se llegue a un acuerdo respecto a cómo reparar la economía global. De hecho, la cumbre del G20  será seguida con interés por las posturas y el juego de poder que exhibirán los bloques enfrentados, pero eso no significa que en la reunión se produzca un constructivo intercambio de ideas.
 
¡Es la política, estúpidos!


El problema de encontrar una solución a lo que continúa siendo principalmente un asunto político radica en que lo que funciona en términos económicos resulta ser malo en términos políticos. Se está describiendo al G20 como el comité directivo de un nuevo orden mundial en el que las potencias económicas emergentes tienen un peso fundamental. De los 20 miembros, 12 pertenecen al eje occidental.


 
Los medios seguramente titularán que el G20 promueve un modo de acción y les reclama a los europeos que solucionen el lío del euro pero, en realidad, ¿a quién se está amonestando? ¿Acaso Nicolás Sarkozy, actual presidente del G20, emitirá un ultimátum para encontrarlo a la mañana siguiente en su escritorio de presidente de Francia?


 
El teatro del absurdo continúa. Los BRICS son parte de la cumbre. Menos ricos que los europeos pero con mucho efectivo han ofrecido un plan de rescate: recapitalizar el Fondo Monetario Internacional para que pueda ofrecer créditos a los países llamados “PIGS” (Portugal, Irlanda, Grecia y España) que los buscan con desesperación. Sin embargo, esto ha sido descartado con rapidez por Estados Unidos, que temen una nueva disolución de las participaciones occidentales en el FMI.


 
Diferencias irreconciliables


Lo cierto es que este es uno de los principales impedimentos que imposibilita el consenso. La recapitalización del Fondo conduciría a exigir reformas en su seno. Esto implicaría un aumento de la influencia de los BRICS a costa de Europa. Imaginen a Vladímir Putin ejerciendo control sobre el FMI y el Banco Mundial. ¡Qué espanto! ¡Inaceptable!


 
Evidentemente, hay diferencias internas respecto a la ayuda que deberían ofrecer los BRICS a Occidente. Sudáfrica parece decidida a no hacer nada, argumenta que los problemas de Occidente han sido causados por ellos mismos. La visión de Brasil es que, si ellos brindan su ayuda, quieren algún beneficio o, cuando menos, algún tipo de reconocimiento. Vale la pena recordar las pretensiones de este país por conseguir un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.


 
El periódico Financial Times no podría haberlo resumido mejor: “La oferta de los BRICS ha sido rechazada porque el interés político a corto plazo de los mandatarios de EE UU, Gran Bretaña, Australia y Canadá no pasa por sugerir a los líderes europeos que existe la posibilidad de un rescate exógeno. Si tan solo se tratase del efectivo de los BRICS estaríamos hablando de una cosa, pero los países angloparlantes deberían hacer lo mismo a fin de conservar su influencia en el FMI. No existe tal deseo en este momento”.


 
Contradicciones en la zona euro


Hay una conradicción en el seno de la eurozona. Podrá intentar parecer un grupo homogéneo pero, en realidad, es un club de ricos con varios subordinados pobres. En un extremo del espectro está la potente economía alemana que produce montones de productos de gran calidad y en el otro extremo encontramos el punto más débil, conformado en su mayoría por los PIGS, es decir, economías basadas en el turismo.


 
El resultado es que Alemania acumula un superávit comercial anual cercano a los 270.000 millones gracias a estos países. Este superávit alemán conforma la deuda de los PIGS, lo que equivale a afirmar que los países pobres de la zona euro cada vez incrementan más su deuda con Alemania.


 
Antes de unirse a la Unión Europea, Grecia llevaba una vida sencilla. Todo lo que debía hacer era devaluar el dracma y su economía volvería a ser competitiva. Pero ahora se encuentra atrapada en la zona euro y los del Banco Central griego no pueden hacer nada más que esperar un rescate.


 
Esto es lo que comienza a romper el modelo. A menos que Grecia se convierta en un productor tan eficiente como Alemania —lo cual parece poco probable— el país continuará endeudado. Los griegos, al igual que los irlandeses o portugueses, no son famosos por producir Volksvwagens o Leicas.


 
Sobre todo Alemania


Entonces, ¿por qué los alemanes no dejan a la deriva a los PIGS? ¿O por qué Grecia y España no abandonan la zona euro, vuelven a los viejos tiempos y gozan de la bendición de las economías dependientes del turismo? Lo que pasa es que Alemania no desea perder sus cautivos mercados. Además, también se trata de un asunto de prestigio para los mandatarios alemanes. Al mismo tiempo, Alemania y Francia han estado barajando la posibilidad de una posible alianza militar europea. Si la zona euro se derrumba, dicha alianza se habrá malogrado. No se puede hablar de economía práctica cuando se tienen en cuenta estas políticas. De hecho, el ministro de Asuntos Exteriores de Luxemburgo, Jean Asselborn, señaló el año pasado: “No puedo más que advertir a Alemania y Francia que su forma de ejercer el poder muestra cierta prepotencia y arrogancia”.


 
El rescate de los BRICS


¿Por qué los BRICS están rescatando a los ricos? No es, como algunos creen, porque los principales mercados de sus exportaciones se encuentran en Occidente. Por el contrario, están comercializando más entre ellos y así, poco a poco, dejando fuera a Occidente de los mercados que crecen con la mayor rapidez. Los BRICS también comparten objetivos. Les interesa reformar el sistema financiero global, destrozado por la corrupción de los mercados occidentales. La inflación, producto de la manipulación de divisas practicada por Occidente, ha tenido consecuencias en casi todos los países del grupo.


 
La confidencialidad bancaria es otro de los temas irreconciliables. Suiza y Gran Bretaña llevan la delantera en el encubrimiento de engaños fiscales, lo cual ha conducido al crecimiento de patrimonios no declarados.


 
Pasando la pelota


Hoy por hoy, Atenas tiene efectivo tan solo para operar hasta mediados de noviembre. A pesar del rescate de 159.000 millones de euros del año pasado, su deuda representa un 162% del PIB. Por ello se necesitarán enormes cantidades de efectivo para saldarla, así como las de Portugal, España e Irlanda. Los rescates no conseguirán nada por sí solos, excepto conducir a otros rescates, ya que el problema principal no se diluirá.


 
De hecho, este enfoque basado en “prestar y rezar” podría conducir rápidamente a la salida de los miembros más débiles. Un derrumbe del euro generaría ondas expansivas a través del sistema financiero global. En un momento en el que el crecimiento es cercano a cero o negativo en Occidente, el crecimiento del PIB chino está ralentizándose y el crecimiento productivo de la India se ha detenido. Esta situación no hará más que profundizar la recesión.


 
Mientras tanto, el euro se aproxima cada vez más al precipicio, los ministros de Economía europeos se enredan en artimañas, Francia y Alemania se baten a duelo verbalmente y los mandatarios del resto del mundo se pasan la pelota.


 
Hagan sus apuestas. El dinero de Wolfson es seguro. El de ustedes, no.

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