Petróleo en vez de comida

Foto de Itar Tass

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Desde hace mucho tiempo Rusia es una potencia exportadora de materias primas. Si antes se trataba de productos agrícolas ahora son los hidrocarburos la principal mercancía. Actualmente, mientras suministra combustible a una parte importante del planeta, este país no es capaz de autoabastecerse de productos alimenticios. Desde hace tiempo las tiendas ofrecen a los rusos alimentación extranjera: ajos chinos, repollo iraní, ternera argentina y pescado noruego.

El otoño del año pasado quedó en la memoria de la población por el incontenible crecimiento del precio de un cereal tradicionalmente económico y popular, nos referimos al trigo sarraceno. Este producto de grano duro se utiliza para hacer harina y preparar un plato tradicional. Es un producto que apenas se usa en otros países y  no se produce a escala industrial, así que no hay posibilidad de sustituirlo en caso de una mala cosecha.

 

El déficit de trigo sarraceno sirvió para empezar a pensar en la seguridad alimentaria del país, que depende cada vez más de los artículos importados. Gracias a los cuantiosos beneficios de las ventas de petróleo y gas, Rusia es capaz de comprar en el extranjero todo lo que necesita pero esta política lleva a una degradación paulatina de la agricultura nacional.

 

El ajo local, un producto básico de la cocina tradicional rusa, fue desplazado por el chino hace mucho. En vez de ternera rusa se vende carne argentina y brasileña, esta misma materia prima se utiliza para producir salchichas y mortadela. Las patatas, que en el siglo XX se convirtieron en el segundo pan para los rusos, vienen ahora de Israel y Egipto. Pasa lo mismo incluso con las manzanas, de las 5 ó 7 variedades presentes habitualmente en las tiendas, en el mejor de los casos  una es de producción local.

 

La situación más complicada se da en el sector bovino y en la producción de leche. De acuerdo con los datos del censo agrario de 2006, el número de cabezas de ganado vacuno se redujo varias veces si lo comparamos con el período soviético. Este hecho repercutió inmediatamente en los precios de la carne y la leche. Hoy en día la mayoría de la población del país se alimenta de carne y leche importadas. Sólo el pan y los cereales son de producción nacional, y es algo que está relacionado con el declive de la ganadería ya que estos productos se han dejado de utilizar para fabricar piensos.

 

Según los datos de la Agencia Estatal de Estadística (Rosstat), en el período comprendido entre 2007 y 2009, el número de cabezas de ganado vacuno ha seguido descendiendo así como la producción de leche, de aceite de girasol, de cereales y harina integral. El resto de las mercancías, si ha crecido, lo ha hecho de una manera muy reducida.

 

A pesar de estos resultados en la producción, el  consumo de productos cárnicos y lácteos sigue aumentando. Como ya se ha indicado, la creciente demanda se satisface gracias a los productos importados. Rosstat ha dado a cononcer que durante el período entre enero y julio de este año el volumen de productos alimenticios y materias primas agrícolas agrícolas importadas asciende a 25.000 millones de dólares. Esta cifra supera casi en un tercio los datos del año pasado. Los productos de importación que más crecieron fueron la carne, las aves, la manteca, las conservas cárnicas, el aceite de girasol, el azúcar y los cereales. El ritmo de crecimiento de la importación respecto a muchos productos alimenticios supera el crecimiento de la producción interna.

 

Es interesante constatar que Rusia dispone de todas las características que le permitirían no depender tanto de la importación. Incluso dentro del imperfecto sistema soviético de agricultura, con una población de casi 290 millones de personas, la importación anual de alimentos se mantenía en los 20.000 millones de dólares. El año pasado Rusia, con una población dos veces menor, importó alimentos por valor de 36.400 millones de dólares. Además, este volumen de importación aumenta cada año en un 20% e incluso un 30%.

 

El país posee una décima parte de las superficies mundiales de labranza, una cuarta parte de las reservas de agua dulce y más del 8% de los fertilizantes minerales. Los recursos existentes permiten perfectamente llevar a cabo una restructuración de la agricultura, también con utilización de tecnologías extranjeras. Las empresas rusas han acumulado cierta experiencia de cooperación con sus socios internacionales: ingresan nuevas razas de ganado, se impulsa la implantación de las nuevas tecnologías en el proceso de elaboración de los piensos y el mantenimiento de los animales.

 

Parece que puede tomar cuerpo una cooperación con  productores procedentes de países que antes sólo vendían sus productos a Rusia. Especialistas canadienses y estadounidenses se interesan por la cría de ganado. También hay relaciones establecidas con productores de América Latina, en primer lugar Brasil y Argentina. Por ejemplo, los productores agrarios rusos han estudiado en Argentina tecnologías del cultivo de trigo. También hay ejemplos de viajes de negocios de agricultores rusos a Brasil, donde estudian la exitosa experiencia local en el desarrollo de la ganadería.

 

La sociedad rusa tiene un vínculo importante con las regiones agrícolas, hay una parte considerable que proviene de esas zonas o tiene familiares allí. Hay conciencia del problema e intenciones de resolverlo. Por su parte, la mayoría de los expertos  sigue mostrándose optimista. “Vivimos una situación deplorable en la agricultura pero estoy convencido de que tarde o temprano llegaremos a entender que la tierra es un recurso tan importante como los hidrocarburos, será valorada adecuadamente desde el punto de vista de las posibilidades de utilización”, señala A. Mikaelián.

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