La narrativa chejoviana habitada por famosos del papel cuché

Ben Greenman, Ilustración de Marcelo Torres

Ben Greenman, Ilustración de Marcelo Torres

De los Estados Unidos nos llega un juego literario: “Celebrity Chekhov”. Ben Greenman recupera la traducción de varios relatos del genio ruso y traslada a sus páginas a los personajes más populares del momento en el sentido más catódico de la palabra. Paris Hilton, Kim Kardashian, Justin Timberlake… ¿atrapados en un relato de Chéjov? Al final de este artículo, tendréis oportunidad de leer y experimentar cómo funciona este mash-up literario que nos propone el escritor y editor de “The New Yorker”.

 

Transportémonos a un futuro no muy lejano… ¿2020? Paris Hilton y Nicole Richie, viejas amigas de un programa de telerrealidad, se encuentran casualmente en un aeropuerto tras una larga separación. Después del besuqueo y las preguntas de rigor, se desvela que una ha ascendido en el escalafón mientras que la otra se ha quedado a ras de suelo. Reacción: el servilismo de una provoca el desprecio de la otra.

¿Os suena el argumento? Sí, es “El gordo y el flaco” de Chéjov. El artífice de este remix, Ben Greenman (Chicago, 1969), reescribe en “Celebrity Chekhov” (2010) los cuentos del maestro de Taganrog poblándolos de celebridades de los Estados Unidos. Misha (el gordo) y Porfiri (el flaco) están revestidos de la misma pátina de “poderoso solitario” y de “adulador humillado” que Paris Hilton y Nicole Richie respectivamente en la versión “famoseada” (celebritized) del autor americano.

Así, una escena de la literatura clásica rusa se transforma en material de chismorreo que haría las delicias de la prensa rosa, La reinvención literaria de Greenman, en la que el autor desempeña a la vez el papel de director de casting y de escena, más que poner entre las cuerdas a la obra de Chéjov, se convierte en un homenaje mediante la parodia. Greenman añade a su libro un nivel hipertextual: la edición de un blog en que los lectores escriben cartas a famosos (celebritieswithcharacter.blogspot.com), una fórmula que ya utilizó en su anterior libro de cuentos, “What He’s Poised to Do”. En ese caso, los lectores enviaban cartas a escritores, como Borís Pasternak, Fiódor Dostoievski o Vladímir Nabokov.

 

LA ALTA Y LA BAJA

Ben Greenman

Ben Greenman, Ilustración de Marcelo Torres


En un aeropuerto se encontraron dos amigas: una alta y otra baja. La primera, que acababa de maquillarse, tenía los labios relucientes como cerezas maduras. Olía a flores y a cítricos. La segunda, que acababa de descender del avión, iba cargada con bultos y maletas. Olía a jamón y a posos de café. Tras ella asomó un hombre delgaducho, con el pelo rapado al cero y un mechón ondulado en la parte superior de la frente, acompañado por una muchachita que se cubría con un sombrero.


             -¡Nicole! –gritó la alta, al ver a la baja-. ¿Eres tú? ¡Querida amiga! ¡Cuánto tiempo sin verte!


            -¡Madre mía! –exclamó la baja, asombrada-. ¡Paris! ¡Mi amiga de la infancia! ¿De dónde has salido?

 

Las amigas se besaron tres veces y se contemplaron con los ojos llenos de lágrimas. Las dos estaban gratamente sorprendidas.

-¡Amiga mía! –empezó a decir la baja después de haberse besado-. ¡Esto no me lo esperaba! ¡Vaya sorpresa! ¡A ver, deja que te mire bien! ¡Siempre tan perfumada y elegante! ¡Ah, Señor! Bueno, ¿y qué ha sido de ti? ¿Casada? Yo sí, como ves. Éste es mi marido, Joel, Joel Madden… pero no llevo su apellido. Es el cantante de Good Charlotte, la banda, ¿te acuerdas de sus discos? Y ésta es mi hija, Harlow. Está en tercer curso. Mira, Harlow, ésta es una amiga de la infancia. ¡Y también de mi juventud! -Harlow reflexionó un poco y se quitó el sombrero-. ¡Sí, de jóvenes siempre andábamos juntas! –siguió contando la baja-. ¿Recuerdas el apodo que te pusieron, Paris? Te llamaban Parásito, porque parecías nutrirte de la atención de los demás; y a mí me llamaban Ratona,por mi cuerpo menudo y voz chillona. ¡Ja, ja! ¡Qué chiquilladas! No seas tímida, Harlow. Acércate más… Y éste es mi marido, Joel Madden… pero no llevo su apellido, el cantante de Good Charlotte, la banda, ¿te acuerdas?

 

Harlow se escondió tras la espalda de su madre.

 

            -Bueno, ¿qué tal te va la vida, amiga mía? –preguntó la alta mirando con entusiasmo a su vieja amiga-. ¿Cómo te ha ido desde tu último reality? ¿Fue un éxito?

 

-¡Gracias por interesarte! No sé muy bien a qué programa te refieres, en los últimos años he participado en varios. Los índices de audiencia no cumplieron con las expectativas, pero ¿qué le vamos a hacer? Mi marido vuelve a tocar con su banda, y hace unos años, cuando murió mi padre, nos tocó algo de dinero. No heredamos una suma muy sustanciosa, pero bien que mal vamos tirando gracias a Running with the Night y Penny Lover. Estoy aquí, en la ciudad, para el rodaje del episodio piloto de una nuevo programa. Me quedaré unos meses. Y a ti, ¿cómo te va? Me juego algo a que diriges una productora de éxito.

 

            -Querida, te quedas corta –contestó la alta-. Estoy barajando opciones para montar un estudio de televisión.

 

La baja se quedó pálida, de una pieza, pero enseguida torció el rostro en todas direcciones con la más amplia de las sonrisas; parecía que de sus ojos y de su cara saltaban chispas. Se contrajo, se encorvó, se empequeñeció… Bultos y maletas parecieron empequeñecer también, arrugarse… El mechón de pelo del marido se hizo aún más largo; Harlow se enderezó y volvió a cubrirse con el sombrero.

 

-Paris, querida… ¡estoy muy contenta! ¡Una amiga, por así decirlo, de la infancia y de pronto convertida en tan gran mujer!

 

-¡Vamos, vamos! –replicó la alta, frunciendo el ceño-. ¿A qué viene este tono? Tú y yo somos amigas desde niñas, ¿para qué andarse ahora con ceremonias?

 

-¡Por favor! ¿Cómo quiere que yo…? –replicó la baja, encogiéndose aún más, con una risilla de conejo-. Tu atención benévola es como agua fría, tan refrescante. Respetada Paris, ésta es mi hija Harlow y éste, mi marido, Joel, componente de Good Charlotte.

La alta quiso replicar, pero en el rostro de la baja era tanta la expresión de deferencia, de dulzura y de respetuosidad empalagosa que la magnate de la televisión sintió náuseas. Se apartó un poco de la mujer baja y le extendió la mano para despedirse.

La baja le estrechó tres dedos, inclinó todo su cuerpo y dejó escapar una risita. El marido sonrió. Harlow desvió la mirada y ciñó el ala del sombrero entre sus dedos. Los tres estaban gratamente abrumados.


Traducción del inglés de Marta Rebón

Portada del libro de Ben Greenman

Ben Greenman es escritor, crítico literario y editor de “The New Yorker”. Ha publicado varios libros, el último de ellos es “Celebrity Chekhov” (2010).


http://bengreenman.com/

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