El tándem liberal en acción

Vladimir Putin es entrevistado por los directores de la cadena estatal rusa de televisión. Fuente AFP, Noticias del Este

Vladimir Putin es entrevistado por los directores de la cadena estatal rusa de televisión. Fuente AFP, Noticias del Este

Vladímir Putin y Dmitri Medvédev no dejarán el poder en Rusia hasta dentro de unos 10-15 años. Así lo han declarado en más de una ocasión durante las últimas tres semanas. Los liberales temen que se produzca un nuevo estancamiento comparable al de la era de Brézhnev, en los años 70. Por su parte, los pragmáticos afirman que la política del tándem será la única capaz de convertir al país en una democracia desarrollada económicamente.

“Trabajar en lugar de entregar el poder”, ha sido la promesa del presidente Dmitri Medvédev, para quien “el actual equipo gestor” será  sustituido  dentro de 10-15 años por gente “mejor y más inteligente que nosotros”.

“Aquí todo está cogido con pinzas, tanto en la política como en la economía”, explicó Vladímir Putin, y además advirtió que “dos o tres pasos en falso podrían conducir rápidamente al país a la misma situación de los años 90”. Durante aquella década la inestabilidad política  provocó que estallarán varios conflictos armados, la economía apenas se mantenía a flote y era gracias al balón de oxígeno que suponían los créditos extranjeros y la desintegración de Rusia era una amenaza real.

Estas explicaciones, al igual que “intercambio de cargos” anunciado por  Medvédev y Putin, indignan a los ciudadanos librepensadores. Argumentan que no quieren vivir bajo una dictadura. Aunque tampoco son capaces de proponer alternativas que gocen de un apoyo mayoritario. Por ello, se abstienen de votar, prefieren no participar en el sistema. Al mismo tiempo, los sociólogos confirman que aumenta el número de rusos que pretenden marcharse a vivir fuera. Sería exagerado ver una protesta política en esta tendencia; los sociólogos explican que la causa principal de emigración es de índole económica. La gente se va para ganar dinero y no a buscar la democracia.

Según los datos de la CIA, Rusia ocupa el más que respetable 7º puesto en cuanto al tamaño del PIB en el mundo. En cambio, en lo que respecta al PIB per cápita, sólo está en el puesto 71. El sueldo medio es algo superior a 450 dólares al mes. La mayoría carece de ahorros sustanciales y sus bienes inmuebles se reducen a pequeños pisos o a una humilde casa de campo en las afueras de la ciudad. En estas circunstancias, y si tenemos en cuenta la tradicional ambición de gran parte de la población de ser una superpotencia, no será de extrañar que una parte considerable del electorado apoye  la nacionalización, la dictadura del proletariado a lo comunista y el renacimiento de la Unión Soviética.

Tanto Dmitri Medvédev como Vladímir Putin dan esperanzas a este tipo de electores con su retórica. Pero su programa real (ambos repiten que es el mismo) es lo más liberal que permiten las actuales circunstancias. En cualquier caso, las reformas socioeconómicas propiciarán un cambio paulatino en la dirección que marque el mercado dentro del sistema de salud pública, en la educación y en la seguridad social. También ha habido cambios en la gestión del orden público, aunque todavía no se ha comenzado con la liberalización de la administración estatal.

La esperanza radica en que la modernización de la economía permita tal desarrollo que la mayoría de la población gane lo suficiente como para dejar de pensar exclusivamente en una redistrbución, es decir, en como quitarle el pan a los que son más ricos y repartirlo. Las democracias pobres nunca son estables; las dictaduras más crueles se las suelen llevar por delante.

Por eso, no nos metan prisa. En cuanto seamos un poco más ricos, ya hablaremos de reformas liberales más profundas. De esta manera parece que no merece la pena juzgar la opinión de Jim Turley, presidente del consejo de dirección de Ernst & Young, que recientemente ha apoyado la candidatura de Vladímir Putin a la presidencia. Tal vez él sepa más que nosotros.

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