El Bolshói reabre sus puertas

El escenario y la ópera del Teatro Bolshói, cerrado durante seis años, desean volver a convertirse en el corazón cultural de Rusia. Foto de AP

El escenario y la ópera del Teatro Bolshói, cerrado durante seis años, desean volver a convertirse en el corazón cultural de Rusia. Foto de AP

Tras seis años de reconstrucción, polémica y preocupación, el histórico e internacionalmente renombrado Teatro Bolshói ha reabierto sus majestuosas puertas. La 236º temporada empezó con un repertorio de obras aclamadas por el público, fiables y tradicionales, y con una leve tendencia a resistir la modernidad.

La comunidad internacional de amantes de la música y del ballet sufrió un gran golpe en verano de 2005 cuando vieron a su amado Teatro Bolshói cerrado y rodeado de andamios. ¡Tres años sin el Bolshói! Algunos diplomáticos extranjeros y trabajadores extranjeros se sintieron desolados al darse cuenta de que finalizarían sus mandatos sin poder disfrutar de la proclamada Sala Principal. Al final, el mundo del arte y de la música ha tenido que esperar mucho más tiempo para retornar a su querido escenario.

Sin embargo, el inicio del impresionante proceso de renovación del teatro llegó en un momento oportuno. De acuerdo con algunos informes, el edificio se encontraba en tal estado de deterioro que estaba al borde del derrumbe. Con el tiempo, el público se dio cuenta, con tristeza, de que la fecha original de finalización de las obras de restauración era arbitraria y que nunca llegaría a cumplirse. Nadie hubiera podido imaginar que habría que esperar hasta octubre de 2011 para volver al legendario teatro.

El director del Teatro, Anatoli Iksanov, administrador de esta institución durante muchos años, admite que sólo llegó a comprender la gravedad del problema a medida que avanzaban las obras. Según expresó en una entrevista concediada a RBTH hace pocas semanas, “después del cierre, surgieron nuevos inconvenientes. Al quitar la cubierta de yeso de las paredes encontramos siete enormes grietas que se extendían desde los cimientos hasta el cielorraso. Las paredes se mantenían en pie sólo gracias a su propio peso”.

Foto de Itar-Tass

Según fuentes oficiales, los trabajos supusieron alrededor de 500 millones de euros. Sin embargo, existen informes que indican que el presupuesto final fue el doble. A fin de asegurar que no se desviasen fondos públicos se creó un comité federal de investigación, pero las conclusiones aún no se han dado a conocer. Las autoridades del teatro prefieren no opinar respecto de las acusaciones de corrupción. Esta semana, durante una conferencia de prensa, Katia Novikova, secretaria de prensa del Bolshói, decidió cortar por lo sano y solicitó a los periodistas que “sólo realizaran preguntas sobre nuestras recientes declaraciones”.

Kiril Kabanov, presidente del Comité Nacional de Anticorrupción, expresó que “nuestros expertos confirman que el coste final equivale, efectivamente, al doble del presupuesto oficial”.

Viejo esplendor, nuevo brillo


El cuidado y la atención fueron claves en la restauración. Según Iksanov, la transformación más relevante ha consistido en una gran mejora de la acústica. Incluso el tapizado de las butacas y el material del telón fueron seleccionados de acuerdo con las recomendaciones de expertos en acústica. También ha habido renovaciones estéticas: la antigua madera de la galería ha sido reemplazada por madera de pino de Carelia. Se han empleado cuatro toneladas de oro y los símbolos soviéticos, visibles hasta el año 2006, han sido reemplazados por los símbolos zaristas originales del año 1856.

Sin embargo, la huella dejada por Stalin en el teato ha sido restaurada. El dictador encargó que se diseñara para él un taller exclusivo de vestuario ubicado en un palco cercano al escenario. A pesar de la restauración “permanecerá cerrado al público”, según expresó Iksanov.

Además, gracias a un diseño más moderno se ha ganado espacio. Este espacio adicional ha posibilitado que haya salas de ensayo y que el escenario principal cuente con mayor profundidad. Además, la línea de metro que circula en las cercanías del Bolshói fue cerrada durante unos días con el fin de reubicar las vías para reducir las vibraciones que podían incluso sentirse dentro de la sala de conciertos.

Apuesta por las producciones seguras


La política artística del teatro se ajusta perfectamente a su época. La tendencia actual es el conservadurismo y el Bolshói seguirá ubicándose entre los teatros más tradicionales del mundo. Según Anatoli Iksanov, “nos concentraremos en grandes óperas y ballets del pasado: es nuestra prioridad". Añadió que "reservaremos las producciones más modernas para el Nuevo Escenario, donde el enfoque será más creativo".

En la última década, en muy raras ocasiones sorprendió o impactó el Bolshói a su público. Una de las pocas excepciones fue con el estreno de la ópera “Los niños de Rosenthal” de Leonid Desyatnikov y Vladimir Sorokin, del primer estreno mundial de una ópera en el Bolshói en 25 años. El exdirector artístico, Alexéi Ratmansky, se centró también en las olvidadas obras de vanguardia de los años veinte. Como era de esperar, estas obras se montan sólo en la intimidad del Nuevo Escenario, un teatro adyacente con un tamaño más modesto que abrió sus puertas hacia fines del año 2002.

Gira virtual por el Teatro Bolshói

La 236º temporada se inauguró con “Ruslán y Ludmila”, una ópera emblemática que los musicólogos, por lo general, asimilan al nacimiento del género lírico ruso. El director fue Vladímir Yurovsky, y la puesta en escena corrió a cargo de Dmitri Cherniakov. La obra esta basada en una novela de Pushkin, que estaba también encargado de la realización del libreto, pero falleció en un duelo antes de finalizarlo.

La primera presentación de ballet de esta temporada, "La bella durmiente", cuya coreografía original estará a cargo de Marius Petipa, con la supervisión del director artístico del Bolshói, Yuri Grigorovich, se realizará en el mes de noviembre. Más adelante, “El Caballero de la Rosa”, de Richard Strauss, y “Charodeika”, de Tchaikovski, serán las únicas nuevas producciones de una modesta primera temporada. Los amantes de la danza contemporánea también podrán ilusionarse con la impresionante y novedosa obra del coreógrafo William Forsythe.

Este año los precios de las entradas se dispararán, lo que alineará al Bolshói con las grandes óperas del mundo. Al cierre de esta edición las entradas estaban agotadas hasta el mes de enero. Así que la única forma de asegurarse una butaca en este prestigioso teatro antes de la primavera será a través de la reventa.

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