Un candidato al Parlamento con escaso apoyo

Foto de AP/Fotolink

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En el congreso del partido gubernamental Rusia Unida celebrado en septiembre, Vladímir Putin propuso a Dmitri Medvédev para encabezar la lista a las elecciones parlamentarias de diciembre. Al presentar su inesperado proyecto electoral, bajo el lema “Dmitri Medvédev, cabeza de lista de Rusia Unida”, el actual primer ministro intentó convencer a los suyos de que no había nada extraño en el nuevo cambio de papeles entre las dos primeras figuras de la política rusa.

Aunque los rostros sean los mismos, las similitudes entre la campaña electoral de 2007 y la actual son pocas. Ese año, cuando Putin se presentó como número uno de lista al Parlamento, el 36% de los encuestados antes de los comicios estaban dispuestos a votar a favor del partido en el Gobierno, según datos de la Fundación Opinión Pública. Las cifras aumentaban si se preguntaba por la figura de Putin, cuyo índice de popularidad rozaba el 69%. Es decir, Putin recibía casi el doble de apoyos que Rusia Unida. Dos semanas después del congreso en el que se anunció la candidatura, el índice de apoyo a Rusia Unida era del 44%. En las elecciones del 2 de noviembre el partido gubernamental obtuvo el 64,3% de los votos.

Si se compara la situación en aquel momento con la actual se hace evidente que la figura del presidente, Dmitri Medvédev, goza de menos aceptación de la que gozaba Putin. En vísperas del congreso en el que Putin anunció la candidatura del actual presidente para liderar la Duma Estatal (Cámara Baja), el índice de confianza en Medvédev (45%) sólo superaba ligeramente la intención de voto a Rusia Unida (41%). Es poco probable que el índice de popularidad de Medvédev consiga aupar al partido el día de las elecciones. Además, si se cumplen los pronósticos de algunos sociólogos sobre la tendencia a la baja de la estimación en la que se encuentra el presidente saliente en diciembre (la semana pasada descendió al 41% según la FOP), puede darse la situación de que Medvédev no ayude con votos al partido gobernante, sino que el efecto sea el contrario.

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En 2007, el Kremlin convirtió la campaña para las elecciones a la Duma en un referéndum de confianza en Putin. Se instó a los ciudadanos a responder si les gustaría que su querido líder ,a quien la Constitución prohibía presentar su candidatura para un tercer mandato presidencial, conservase un lugar privilegiado en la órbita del poder, aunque fuese en calidad de primer ministro. Una respuesta favorable a esa pregunta se consideraba como un voto a favor de Rusia Unida.

El partido en el Gobierno apuesta una vez más por seguir la misma estrategia: presentar al jefe de Estado saliente -que cederá su silla “al político con más autoridad de nuestro país” (es decir, a Vladímir Putin, según el propio Medvédev)- como cabeza de lista al Parlamento, esperando que la popularidad alcanzada estos años sirva para aupar al partido gubernamental una vez más al poder.

Sin embargo, ni el optimista más empedernido del Kremlin cree que la nuevamente repetida llamada al votante a apoyar a Rusia Unida para que el actual presidente se convierta en primer ministro funcione esta vez con Medvédev, por cierto ya en plena campaña.

A Rusia Unida le está costando rentabilizar los recursos de hace cuatro años cambiando el rostro del candidato, y eso porque en la campaña electoral a la Duma de 2007 subyacía la idea de mantener a Putin como líder perenne de Rusia, algo que ya no se puede aplicar. Una apuesta similar por el actual presidente sería cuando menos extraña sobre todo cuando él mismo ha reconocido que no se considera apto para un segundo mandato al frente del Kremlin.

Ni siquiera los militantes del partido gubernamental estiman propable que Medvédev, como hizo Putin en 2007, pueda aportar puntos a Rusia Unida confiando en los canales ordinarios de su trabajo, sin utilizar propaganda excepcional.

Las diferencias entre ambos líderes son evidentes y tienen que ver sobre todo con quién ostenta realmente el poder político en Rusia. En este sentido es muy llamativo que a Putin en 2007, aún sin pertenecer al Kremlin, se le siguiera considerando el soberano absoluto de la nación. Medvédev no ha podido labrarse una imagen similar, ni siquiera en estos años en los que ha desempeñado el cargo de presidente.

Hoy por hoy, la figura de Medvédev está debilitada y su capacidad de hacer cumplir órdenes a partir de ahora se verá minada, tras el anuncio de que Putin es el candidato oficial de RU en la carrera del próximo marzo hacia el Kremlin.

En todo caso no está claro en qué medida Rusia Unida será capaz de conservar los resultados electorales que obtuvo en 2007 - una mayoría de dos tercios de los votos- en los próximos comicios del 4 de diciembre. Tampoco parece que los dirigentes vayan a poner toda la carne en el asador para mantener esa posición de fuerza, a juzgar por la inesperada y reciente decisión de Putin de no participar en la campaña electoral de forma directa, lo que sin duda perjudicará la posición de Rusia Unida.

El vicedirector de la administración presidencial y uno de los principales asesores del Kremlin, Vladislav Surkov, declaró en noviembre pasado que a Rusia Unida le resultará mucho más complicado obtener una mayoría constitucional en las elecciones de 2011. Según lo expresado por Surkov, seguramente el partido se verá obligado a establecer coaliciones con otros grupos para conseguir la aprobación de medidas importantes. Las cifras que, de momento, están barajando las encuestas realizadas por distintos centros de opinión, apuntan hacia conclusiones similares. En vísperas del congreso de Rusia Unida, los centros de opinión auguraban entre un 55% y un 57% de los votos para el partido gubernamental, un resultado que se correspondería por entero a los pronósticos expresados por uno de los principales asesores del círculo de poder del Kremlin.

Dmitri Medvédev en una posición debilitada

El partido gubernamental, Rusia Unida, apuesta de nuevo por la estrategia de presentar al jefe de Estado saliente como cabeza de lista al Parlamento.

Después de la renuncia de Dmitri Medvédev al poder, los funcionarios empezaron a sabotear las órdenes del jefe de Gobierno. El 30 de septiembre el actual presidente de la Cámara Baja rusa Borís Gryzlov, en un encuentro con la presidenta del Consejo de la Federación de Rusia Valentina Matvienko, declaró que era necesario «liberarse por completo de la situación que se crea cuando el Consejo de la Federación de Rusia declina las leyes aprobadas por la Duma Estatal». Matvienko, en respuesta a la petición de Gryzlov, solicitó a los senadores que tuvieran en cuenta no rechazar tantas leyes procedentes de la Duma. «Cualquier ley rechazada en el Consejo de la Federación de Rusia es un fallo no sólo de la Duma Estatal, sino también nuestro, porque en la etapa en que podíamos prevenir, no lo hicimos». Semejantes declaraciones van en contra de la postura del presidente. Justamente a mediados de septiembre Medvédev pedía a Matvienko que el Consejo de la Federación vetara con mayor frecuencia las leyes «crudas, todavía sin preparar» salientes de la Duma.

El 5 de octubre el viceprimer ministro Serguéi Ivanov declaró que los gobernantes no deben «aumentar sin fin la financiación de innovaciones» sino que son las empresas las que deben convertirse en la locomotora de la actividad innovadora. No obstante, Medvédev, ya en 2008, en su primer discurso ante la Asamblea Federal, subrayó que el Estado no debe escatimar en innovación.

Ese mismo día el ministro de Transporte Ígor Levitin comunicó que «la cantidad mínima de aviones para conformar una compañía aérea pequeña siga siendo la de antes: tres». De este modo, el número de compañías aéreas pequeñas no se ha visto reducida, lo que contradice las directrices que ordenó Medvédev inmediatamente después del accidente de avión en el que perecieron los miembros del club de hockey Lokomotiv. Lo más curioso de todo es que Gryzlov, Ivanov y Levitin pertenecen a la élite de altos funcionarios conocida como «los leales putinistas». 

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