Más allá de la guía turística

Pistas para adentrarse en lugares de Moscú que depararán más de una sorpresa. Foto de PhotoXpress

Pistas para adentrarse en lugares de Moscú que depararán más de una sorpresa. Foto de PhotoXpress

Además de la Plaza Roja, el Mausoleo y el Kremlin, Moscú tiene otras cosas que ofrecer: bañarse en las aguas heladas del Bosque de Plata, un cine de 360º o un búnker de la época de Stalin

Cualquier turista que vaya a Moscú tiene que visitar la Plaza Roja: las cúpulas de colores de la catedral de San Basilio, el Mausoleo de Lenin ante los imponentes muros del Kremlin, a la izquierda está la fachada de los almacenes GUM. Pero ¿de ahí a dónde? ¿Seguir siempre las recomendaciones de la guía? Mejor fiarse del instinto. Si uno visita Moscú, merece la pena echar un vistazo más allá del índice de la guía. De ese modo, uno podría acabar, por ejemplo, en un cine que causa vértigo.
En Moscú, más de un turista se ha perdido en el Centro Panruso de Exposiciones BDNJ, que, con sus magníficas construcciones, es la encarnación de la estética soviética. Sin embargo, ni siquiera los moscovitas saben que allí mismo, en el “cine panorámico”, se proyectan numerosas rarezas cinematográficas. Cuando la aguja se despega del tocadiscos y se bajan las luces, da comienzo un viaje en el tiempo. Este “cine panorámico” lleva ya más de 50 años proyectando películas en una pantalla de 360°.
En algunas ocasiones hay turistas que se despistan y acaban en una de sus sesiones. Se sientan en los bancos situados en mitad de la redonda sala y avanzan dando sacudidas en un tren por los bosques de Siberia, entre rudos campesinos que cortan leña. A veces falla el sonido, y también las vacilantes imágenes. Pero, tampoco importa tanto, el “cine panorámico” transporta a los visitantes a un mundo que ya no existe, sumamente distinto de las populosas y bulliciosas metrópolis de hoy en día.
La vida en Moscú es siempre ajetreada, a veces más ajetreada de lo que convendría: eso es algo que el visitante percibe desde el primer día. Entonces surge el anhelo de cierto equilibrio. En las templadas noches de verano, la orilla del río Moscova se transforma en un escenario: en la margen sur del parque Gorki se congregan moscovitas de todas las edades, y es difícil encontrar en la ciudad un ambiente más relajado y apacible. Por el día, los habitantes de la ciudad se ocultan tras sus pétreos rostros; pero allí gritan alegres mientras bailan sirtaki, danza irlandesa o hustle. Si uno empieza a bailar, tal vez no logre detenerse.


Secretos bajo tierra


Tras visitar el Kremlin, uno debería dejarse llevar y darse un paseo por el Estanque de los Patriarcas y seguir las huellas de “El maestro y Margarita” de Bulgákov. Cuando arrecia el frío, los lugareños no se limitan a esconderse en la galería Tretiakov, sino que se curten bañándose en las aguas heladas del “Bosque de Plata” (Serebrjany Bor).
Aunque algunas singularidades de Moscú yacen ocultas bajo tierra. Como el “Búnker 42”, que se halla bajo la estación de metro de 
Taganka. Durante cuarenta largos años, ni siquiera los vecinos se imaginaban lo que se escondía tras la modesta vivienda del número 11: un búnker dividido en cuatro galerías que Stalin mandó excabar en la década de los 1950 para poder mantener la comunicación en caso de que se produjera un ataque nuclear de EE UU. Por aquel entonces, máquinas de télex y generadores elevaban la temperatura hasta los 30°; en la actualidad, a 60 metros de profundidad y con una temperatura de 16°, los visitantes se pelan de frío.
No queda mucho de aquellos prodigios técnicos, pero los visitantes pueden vestir uniformes, tomar Kaláshnikovs con sus propias manos y posar en un escritorio ante el retrato de Leonid Brézhnev. Cuando se apagan las luces, comienzan a parpadear pilotos rojos en señal de alarma y un altavoz anuncia que Moscú acaba de ser destruido, uno se hace una idea de cómo debieron de ser aquellos tiempos en los que los hombres se preparaban para vivir bajo tierra, a 60 metros por debajo de la superficie terrestre.



Otro consejo útil: el arquitecto alemán Peter Knoch ofrece interesantísimas visitas por la capital que desvelan numerosos secretos para iniciados: www.ga-moskau.com. (La información está dsponible en ruso, alemán e inglés)

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