Leyenda a los 21

Evgenia Kanayeva. Foto de Imago/Legion media

Evgenia Kanayeva. Foto de Imago/Legion media

Hay deportes en los que la precocidad es casi exigencia. En ningún otro tanto como en la gimnasia artística. Por eso no resulta atrevido afirmar que, con sólo 21 años, la rusa Evgenia Kanayeva (Omsk, Siberia, 1990) se eleva ya a la categoría de leyenda, tras su descomunal dominio en los recientes Mundiales de Montpellier (del 19 al 25 de septiembre). Fue un campeonato perfecto: se adjudicó el oro en las cinco disciplinas individuales (aro, pelota, mazas, cinta y combinada) y remató la faena con el oro en la prueba por equipos.

El logro, ya impresionante de por sí, adquiere una dimensión superior en contexto. Se trata de la segunda ocasión en la historia en que una gimnasta gana todas las medallas de oro posibles (6) en unos Mundiales. ¿Quién lo consiguió antes? ¡La propia Kanayeva en los Mundiales de 2009 celebrados en Mie (Japón)! Por cierto, que para su ejercicio en la final de pelota de aquel campeonato Evgenia escogió la música del español Joaquín Rodrigo y su célebre Concierto de Aranjuez (ver vídeo).

Perfeccionista y ambiciosa hasta la obsesión, Kanayeva (1.70m, 49 kg) es el producto más logrado de la prolífica escuela siberiana de gimnasia rítmica. Todos los entrenadores a lo largo de su carrera coinciden en destacar su inquebrantable disciplina de trabajo y su obsesiva búsqueda del “más difícil todavía”. Valores ambos, encomiables en la edad adulta, que resultan absolutamente diferenciales en la adolescencia, al fin y al cabo la etapa en la que discurre la carrera de una gimnasta.

La reválida olímpica

La cosecha de oro de Kanayeva en los dos últimos Mundiales bien justificaría el calificativo de la mejor de todos los tiempos. Sin embargo, en la gimnasia rítmica son los JJ.OO. y no los Mundiales los que conceden o retiran semejante apelativo. En realidad, Evgenia ya ganó el oro en la prueba individual combinada (la de más prestigio) en los pasados JJ.OO. Aquella medalla, aunque la única dorada que obtendría en Pekín, marcó el cambio generacional en la gimnasia rítmica mundial. Con sólo 18 primaveras, Kanayeva era la más joven de las cinco clasificadas para la final de la prueba combinada. En vez de acobardarse ante la grandeza del escenario y la mayor experiencia de sus rivales, Kanayeva tiró por el camino de la excelencia, imponiéndose con una diferencia de 3,5 puntos sobre la segunda clasificada, el mayor margen de la historia de esta prueba en las finales olímpicas.

La cuadratura del círculo pasa por Londres. Si en los JJ.OO. del próximo verano, a los que acudirá en el zenit de su carrera a los 22 años, Evgenia es capaz de repetir un resultado al menos parecido al de los Mundiales de 2009 y 2011, nadie podrá discutirle el calificativo de mejor gimnasta de siempre. De lo contrario, no habrá una segunda oportunidad: el ciclo olímpico es cruel con deportes tan fugaces como la gimnasia.

Rusia contra el mundo

Por otra parte, los Mundiales de Montpellier sirvieron para ratificar de nuevo el dominio casi insultante de la delegación rusa en la gimnasia rítmica. Si Kanayeva se colgó el oro en todas las pruebas individuales, su compañera Daria Kondakova hizo lo propio con la plata (5 de 5, más el oro por equipos). En total, Rusia obtuvo 13 de las 16 medallas posibles, perdonando sólo 3 bronces. Un dominio tan aplastante que llega a generar suspicacias y controversias… “Ganar en el campeonato del mundo 13 medallas está muy bien, pero si ganas todo el oro, eso ya no gusta tanto y da pie para ciertos rumores. Nadie de la dirección de la FIG (Federación Internacional de Gimnasia) premió o felicitó a nuestras deportistas”, denunció tras el campeonato la entrenadora rusa, Irina Viner, en declaraciones recogidas por Ria Novosti. “Los saltadores chinos o los ciclistas italianos que ganan todas las medallas no irritan a nadie, sin embargo nosotras parece que sí”… En fin, como decía Quevedo, virtud envidiada es dos veces virtud.

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