La crisis, un problema compartido por Rusia y España

Expertos rusos y españoles se reunieron el pasado 6 y 7 de octubre en la sede del Instituto Cervantes de Alcalá de Henares en un simposio organizado dentro del marco del Año de España en Rusia y de Rusia en España

Expertos rusos y españoles se reunieron el pasado 6 y 7 de octubre en la sede del Instituto Cervantes de Alcalá de Henares en un simposio organizado dentro del marco del Año de España en Rusia y de Rusia en España

Expertos rusos y españoles se reunieron el pasado 6 y 7 de octubre en la sede del Instituto Cervantes de Alcalá de Henares en un simposio organizado dentro del marco del Año de España en Rusia y de Rusia en España. Se analizó la crisis económica que afecta tanto a Rusia como a España, al tiempo que se propusieron medidas para superarla.

Bajo el título “Superación de la crisis y posibilidades de desarrollo innovador. Perspectivas de España y Rusia”, una veintena de expertos debatieron cómo superar el momento económico actual. El encuentro, organizado por el Instituto Cervantes, el Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC, y el Instituto de Latinoamérica de la Academia de Ciencias de Rusia, fue inaugurado por el embajador de Rusia en España, Alexander Kuznetsov, la secretaria general de Instituto Cervantes, Carmen Pérez-Fragero y el vicerrector de Extensión universitaria y Relaciones Institucionales de la Universidad de Alcalá, Javier Riera. En palabras del embajador ruso, “el Año Dual, que va tocando a su fin, ha sido un éxito, y en varios aspectos ha superado todas las expectativas. No sólo se han cumplido los proyectos culturales concertados por ambos gobiernos sino que ha despertado un gran interés en la sociedad civil. El acercamiento se ha logrado por el camino de las actividades culturales y los acuerdos económicos pero sobre todo, gracias al diálogo entre intelectuales, expertos y analistas”.

Este encuentro precisamente tenía como objetivo analizar las causas de la desestabilización de la economía tanto en España como en Rusia, y hacer una llamada de atención sobre la importancia de la modernización y del diseño de nuevas estrategias para atajar el problema. Jesús Jiménez y Segura, director del Instituto Cervantes incidió en que la crisis económica ha desencadenado también una crisis de valores culturales. “La cultura influye de manera determinante en las formas de producción. Desgraciadamente en los últimos años, el discurso economicista se ha impuesto sobre la cultura”. Vladímir Davydov, director del Instituto de Latinoamérica de la Academia de Ciencias de Rusia, fue más allá: “Estamos en un tiempo donde existe un grave desajuste entre la economía virtual y la economía real. ¿Cómo vamos a cerrar esa brecha? El mundo intelectual y científico debe participar en este debate mundial”.

Entrados en materia, algunos analistas españoles, como el catedrático de la Universidad de Valencia, Miguel Torrejón, y el investigador del CSIC, Ricardo Méndez, coincidieron en que las causas de la crisis en España y en Rusia tienen una naturaleza distinta aunque las consecuencias hayan sido las mismas. “Las familias dichosas se parecen; las desgraciadas lo son cada una a su manera”, dijo el profesor Dimitri Sorokin, citando la frase con la que arranca la novela de Tolstoi, Anna Karenina.

Mientras que en España, según coincidieron los expertos españoles, el origen de esta caída libre fue provocado por el frenazo en seco de la construcción; en Rusia, según Sorokin, el tendón de Aquiles se localiza en la excesiva dependencia de las exportaciones y la oscilación de precios de sus recursos naturales (petróleo, gas, minerales y metales).

Los analistas estuvieron de acuerdo en que las soluciones para ambos países son comunes. Tanto Rusia como España dejarán de ser economías vulnerables cuando modernicen sus sistemas productivos, inviertan en ciencia y tecnología; y diversifiquen sus economías. Cuestiones que están intrínsecamente ligadas a la cultura. El experto ruso, Petr Yálokev, añadió un apunte interesante: “Por su carácter, tanto a los empresarios rusos como a los españoles les falta agresividad para entrar en mercados extranjeros, y esto es algo que debe cambiar cuanto antes.”

Otras voces expresaron su preocupación porque en España existe además: una falta de cualificación en muchos sectores, un escaso reconocimiento en materia salarial de los profesionales, un excesivo endeudamiento de las familias que han dejado de consumir. A esta cadena de consecuencias negativas, algunos expertos apuntaron algunas soluciones: la necesidad de elevar la calidad de la enseñanza universitaria, ya que ninguna universidad rusa y española, se encuentra entre las mejores del mundo, acabar con la corrupción y el fraude fiscal, incrementar el gasto en protección social y crear un Sistema Nacional de Innovación que coordine la gestión de los gobiernos, los empresarios y las instituciones universitarias y de formación.

Lo que a la mayoría de los asistentes poco duchos en materia económica nos quedó claro es que esta epidemia mundial, con sus mercados, sus PIB, tasa de paro, IPC, curvas crecientes, tablas decrecientes, recursos financieros, reales o virtuales, es también un problema cultural en el que economistas, empresarios, políticos, e intelectuales, debieran aunar esfuerzos y ponerle algo más de creatividad que la demostrada hasta la fecha. Iniciativas como esta, basadas en el diálogo y el intercambio de información, parecen ser un camino acertado.

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