La vuelta del hijo pródigo

Andrei Kirilenko. Foto de Kommersant

Andrei Kirilenko. Foto de Kommersant

Hablamos de uno de los principales iconos del deporte ruso de la última década (abanderado en los JJ.OO. de Pekín 2008), de su mejor jugador de baloncesto sin duda. En 2001, con sólo 20 años, Andrei Kirilenko (Izhevsk, 1981) salió de Rusia para conquistar la tierra prometida del baloncesto mundial, la NBA. Consagrado en la liga americana y capitán del equipo nacional, regresa a Rusia 10 años después para liderar el fastuoso proyecto del CSKA de Moscú, precisamente su último equipo en Europa.

Era relativamente previsible que Kirilenko terminase su carrera en Rusia. Pese a que partió joven y reside casi todo el año en EE.UU. (país del que adquirió la doble nacionalidad el pasado enero), nunca perdió el vínculo con la madre patria. Lo verdaderamente noticioso del regreso es cuándo sucede, a los 30 años, todavía en el cénit de su carrera. Una vuelta adelantada por una circunstancia excepcional: el cierre patronal de la NBA (Lockout). La Liga Americana se encuentra paralizada desde hace cuatro meses por la negociación de un nuevo convenio, y no hay visos de acuerdo a corto plazo. Durante este tiempo los jugadores no cobran su salario y son libres de fichar por cualquier equipo del mundo. Así, algunas estrellas como Kobe Bryant (Virtus Bolonia) o Deron Williams (Besiktas) han firmado por equipos europeos como mal menor, para mantenerse en forma y minimizar pérdidas económicas. Aquellos que tengan contrato NBA en vigor están obligados por imperativo legal a regresar a EE.UU. cuando se levante el cierre patronal. Pero hay otros, minoría, cuyo contrato expiró precisamente al final de la pasada temporada y que hoy son agentes libres a los que no ata ningún compromiso de regresar cuando se resuelva el conflicto en la NBA. Es el caso de Kirilenko.

Regresa para quedarse


No han trascendido las cifras de su nuevo contrato, que presumiblemente rondará los 2 millones de euros anuales. En cualquier caso, una fortuna para el baloncesto continental aunque muy lejos de los 17 millones de dólares que se embolsó la pasada campaña con Utah Jazz, por cierto, cifra impensable en el futuro convenio NBA, que establecerá importantes restricciones salariales. Conviene apuntar que el contrato de Kirilenko en Moscú contiene letra pequeña, una cláusula de salida a EE.UU. cuando se levante el cierre patronal en caso de recibir una oferta mareante. Es un supuesto improbable, pues Kirilenko cuenta 30 primaveras y le aguardan pocos retos al otro lado del charco. Los jugadores NBA con billete de regreso han firmado contratos por meses para no pillarse los dedos. Kirilenko en cambio es agente libre y ha estampado su firma en Moscú por 3 años. Pese a la relativa incertidumbre de la circunstancia, todas las pistas apuntan en la misma dirección... Kirilenko ha regresado para quedarse.

"Me alegro de estar de vuelta al equipo donde pasé los años de mi adolescencia. Es un placer tener la oportunidad de jugar para los aficionados rusos, mis amigos y mi familia”, ha declarado el ala-pívot en la web oficial del CSKA. En el mismo comunicado, Kirilenko recalca que el dinero de su nuevo contrato lo dedicará íntegramente a la fundación para la infancia que lleva su nombre y que trabaja con niños desfavorecidos tanto en Rusia como en EE.UU. (http://www.kirilenkokids.com/).

La guinda del pastel

Kirilenko regresa a Rusia de la mano del CSKA de Moscú, su último club en Europa antes de marchar a la NBA (ver foto de la temporada 98-99), en el que se consagró a nivel continental siendo apenas un adolescente. Con su fichaje, el equipo de la capital y campeón nacional hace temblar los cimientos del baloncesto europeo, pues supone el broche a una plantilla de ensueño de cara a la temporada que comienza. La incorporación de AK-47 (apodo por el que se le conoce popularmente, por sus iniciales más el número de su camiseta) se suma a las de estrellas del baloncesto europeo como los serbios Teodosic y Krstic o el alero francés Sammy Mejía, entre otros. El CSKA parte como principal favorito para ganar la próxima Euroliga, máximo título continental por clubes en el que tendrá a Barcelona y Real Madrid como dos de sus principales amenazas.

Kirilenko en su anterior etapa en el CSKA de Moscú, 1999. Foto de la página oficial del club.

Kirilenko cierra de esta forma un periplo americano digno de mención. No fue el primer ruso en pisar la NBA (ese honor corresponde a Aleksander Volkov, que debutó en Atlanta Hawks allá por 1989), pero sí el primero en echar raíces, hacerse un nombre y triunfar, liderando el camino para compatriotas de generaciones venideras. Nunca ganó el campeonato, pero tampoco le faltan consuelos: fue seleccionado para un All-Star (2004), jugó 6 veces playoffs y se levantó más dinero del que podrá gastar en vida. Toda su carrera americana se ha desarrollado en los Utah Jazz y siempre a las órdenes del mismo entrenador, el veterano y malhumorado Jerry Sloan, con quien Kirilenko mantuvo un matrimonio de amor-odio.

“Una infidelidad al año”


Precisamente el matrimonio del jugador ruso, no el deportivo sino el de verdad, dio mucho que hablar en EE.UU. hace ahora 5 años. La esposa de Kirilenko es Masha Lopatova, cantante pop rusa e hija del mítico baloncestista Valeri Lopatov, a la que conoció en un campus de verano en Moscú siendo aún pipiolo. En una entrevista para ESPN, Masha desveló un acuerdo con su marido, le permitía una infidelidad al año: “Todo lo que está prohibido siempre es más deseable y los deportistas, especialmente los hombres, son muy susceptibles a todo lo que se les ofrece. Si me entero de una infidelidad, no lo consideraré un engaño”. Estas declaraciones impactaron en la línea de flotación de la moral de los aficionados de los Utah Jazz, con sede en Salt Lake City, de mayoría mormona, movimiento conservador de la iglesia protestante. Días después, Kirilenko tuvo que salir al paso: “No tengo planeado aprovecharme. El mero hecho de que me lo permita no quiere decir que suceda”.

Las últimas temporadas del ruso en la NBA fueron ciertamente mediocres, lejos del nivel que le condujo al All-Star en 2004, cada vez reñido más con Jerry Sloan y absorbido por la dinámica negativa del equipo. Así, los veranos con la selección nacional se convirtieron en un refugio al declive de su carrera en EE.UU. y un espacio para la reivindicación. Por ejemplo, en 2007, tras su peor campaña en la NBA (8.3 puntos de media por partido), se resarció colgándose en verano el oro del Eurobasket con Rusia, tras batir a la anfitriona España en la final y recibiendo el galardón de mejor jugador del torneo. La historia se repitió este septiembre en el Eurobasket de Lituania, incluido en el quinteto ideal del campeonato tras ayudar a Rusia a subir al podio. En ese contexto hay que enmarcar el regreso de Kirilenko a Europa: el del desgaste de su carrera en EE.UU. unido al anteriormente mencionado Lockout. Sea como fuere, el baloncesto ruso está de enhorabuena, el hijo pródigo vuelve a casa para quedarse.

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