Noventa años en la vida de Aleksandr Solzhenitsyn

Aleksandr Solzhenitsyn

Aleksandr Solzhenitsyn

Tres años después de su muerte, la sombra de la figura de Aleksandr Solzhenitsyn se extiende por distintos lugares de Europa y por diferentes motivos. En Granada, por ejemplo, en el barrio del Realejo y frente al bar Potemkin, el Centro de lenguas modernas acoge una muestra significativa de la vida del autor de Archipiélago Gulag, donde se exhiben fotografías del archivo familiar y las cubiertas de las primeras ediciones. Así, las aulas se ven «custodiadas» por el rostro, siempre sereno, de una de las figuras más eminentes de la disidencia rusa. La serie empieza con un retrato del padre, oficial zarista que murió antes del nacimiento de su hijo, y acaba con la cruz flanqueada de flores que se levanta ante la tumba del escritor en el monasterio de Donskói. La imagen de 1925, en la que empuña un fusil de juguete, es la primera que enseña la mirada penetrante de quien daría a conocer, en primer lugar con Un día en la vida de Iván Denísovich, el uso sistemático del estado de terror, como parte inherente del comunismo soviético desde sus orígenes. Difícilmente ese niño con camisa de rayas podía imaginar el periplo vital que tenía por delante.

Solzhenitsyn se formó en ciencias y matemáticas en la Universidad de Rostov. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió como oficial de artillería en el Ejército Rojo y fue arrestado por la policía secreta por criticar al camarada Stalin en su correspondencia personal. Aquel acto de sinceridad le valió ocho años de confinamiento en varios centros del sistema penitenciario, de una sharashka [prisión de régimen especial donde los científicos, ingenieros e investigadores trabajaban para el Estado] a un campo de trabajo en Kazajistán. Luego, hasta 1957, vivió en Riazán, donde impartió clases de física. Pero su nombre saltó a la fama en 1962 con la publicación de la novela Un día… en la revista Novi Mir, la cual contaba con el beneplácito personal de Jruschov, quien había iniciado, un año antes, una segunda etapa de desestalinización. En los siguientes diez años, la relación posterior del escritor con la cúpula fue de mal en peor. Sozhenitsyn, a mediados de la década de 1960, ya no pudo seguir publicando El primer círculo o Pabellón de cáncer. La distribución de sus textos en forma de samizdat o su publicación en el extranjero, así como la requisición de sus escritos más críticos, aceleraron una campaña de amenazas y desprestigio contra el escritor. El resto ya es de sobras conocido: el Premio Nobel de 1970, la publicación en el extranjero de Archipiélago Gulag en 1973 y su exilio a la Alemania Occidental y, posteriormente, a los Estados Unidos. El «matrimonio» Occidente-Solzhenitsyn nunca fue un camino de rosas, el escritor siempre tuvo su pluma lista para ejercer la crítica. En 1989, empezaron a publicarse por fin de nuevo sus textos en la Unión Soviética hasta que, en 1994, regresó a su patria con la ciudadanía recuperada. La expatriación le había alejado de los momentos más importantes de la transición política.

Por otra parte, la editorial Tusquets, cuyo catálogo ya incluye títulos como El primer círculo, El problema ruso al final del siglo o los tres volúmenes de Archipiélago Gulag, sigue con su proyecto de publicar las obras del Premio Nobel con La casa de Matriona e Incidente en la estación de Kochetovka. Preguntado su traductor Enrique Fernández Vernet sobre esta nueva entrega, nos da unos apuntes de la obra publicada originalmente en 1963, que esconde muchas vivencias personales del escritor a su regreso del Gulag: «Cuando Ignatich ve a Matriona por última vez, ésta se aleja cargando su cruz hacia la empinada cuesta del Gólgota, donde morirá entre dos ladrones. Tras haber completado su educación espiritual a manos de su patrona, Ignatich proclamará -como el centurión romano- que en verdad Matriona pertenecía a los justos. Otros, en cambio, se repartirán sus pocas posesiones haciendo escarnio y renegando de ella, y unas pocas mujeres se reunirán para cubrir con un sudario su cadáver lacerado. Una de ellas -como María Magdalena- llorará en especial su pérdida. ¿Cómo pudo tan potente y nítida imagen -la pasión y muerte de Cristo- escapar al censor? Matriona culmina, en un cruce de vías, su via crucis para expiar nuestras culpas. Ella es el justo sin el cual no se tendrá la aldea ni Rusia entera.»

Para quien tenga la oportunidad de ir a Ginebra, la Fundación Bodmer ofrece una exposición mucho más amplia del autor ruso. Inaugurada por su viuda, Natalia Solzhenitsyn, la curaduría y la edición del extenso catálogo corrieron a cargo del eslavista George Nivat. A esta fundación suiza, conocida por su incalculable colección de manuscritos e incunables, han viajado hasta dos mil documentos, incluido, por ejemplo, el manuscrito de Archipiélago Gulag, que todavía se conserva y que hasta el momento no había salido de Rusia. Acompaña los documentos un gran número de objetos personales del autor, como la chaqueta enguatada que conservó de sus años en el Gulag.

En suma, tres maneras diferentes de aproximarse a uno de los principales intelectuales de la Rusia del siglo XX.

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-Centro de lenguas Modernas, Galería de exposiciones. Placeta del Hospicio Viejo s/n. Granada.

-Soljenitsyne, le courage d'écrire. Catálogo editado por Éditions des Syrtes. Fundación Bodmer. Hasta el 16 de octubre. www.fondationbodmer.org

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