Las próximas elecciones a la Duma

Un hombre besa el retrato del Primer Ministro, Vladímir Putin, en la ciudad de Krasnoyarsk. Foto de Reuters/Vostock Photo

Un hombre besa el retrato del Primer Ministro, Vladímir Putin, en la ciudad de Krasnoyarsk. Foto de Reuters/Vostock Photo

Cuando un partido se denomina liberaldemócrata, uno espera que la formación defienda valores liberales y democráticos, pero el partido liberal-demócrata ruso (LDPR) se declara “pro-estatal” y busca el apoyo de los nacionalistas. Por otro lado, los comunistas (KPRF) son empresarios que apoyan la religión ortodoxa. Y es que la mayoría de los partidos políticos tienen poco que ver con sus nombres y, lo que es peor, carecen de una ideología clara. Aquí lo que prima es la personalidad del líder.

El partido Rusia Unida, encabezado por Vladímir Putin (que no está afiliado), es el partido en el poder y carece de un programa claro, al igual que el resto de formaciones. En las anteriores elecciones los partidos se limitaron a hacer una publicación formal de sus programas en los medios de comunicación sin defenderlos en debates públicos.

“La desaparición de la ideología en los partidos empezó en la época de Yeltsin, es una peculiaridad de la Rusia postsoviética”, afirma Nikolái Petrov, politólogo del Fondo Carnegie de Moscú.

Sin competencia


En el curso de los últimos 11 años el campo político de Rusia se ha estrechado, la cantidad de jugadores se ha reducido y los que continúan son cada vez más sumisos al poder. “La razón es que la fuerza política real se concentra en Rusia Unida, un partido que no tolera la competencia”, explica Alexéi Mujin, Jefe del Centro de Información Política.

Las barreras administrativas que obstaculizan la creación de partidos políticos aumentan. El umbral de representación mínimo para la entrada en la Duma Estatal se ha incrementado hasta el 7%. El mecanismo para inscribir a un partido es cada vez más complejo. El procedimiento electoral también está cada vez más controlado, suprimiendo el número de votos mínimo para dar por válidos los comicios, así como la posibilidad de realizar un voto de castigo “contra todos” los partidos.

Las elecciones a la Duma (Cámara baja) serán disputadas el próximo 4 de diciembre por siete partidos. Cuatro de ellos tienen representación en la actualidad: Rusia Unida, LDPR, KPRF y Spravedlívaya Rossiya (Rusia Justa). Este último reclama la nacionalización de los monopolios naturales, un impuesto sobre la renta progresivo y un impuesto a los artículos de lujo. También la restitución de las elecciones para todos los niveles del poder y la amnistía para todos los empresarios víctimas de los abusos de los funcionarios.

El partido fue creado por la administración del presidente para que lo dirigiera Serguéi Mirónov, ex presidente del Consejo de la Federación (Cámara alta), para cubrir el nicho de la política ecológica. Mirónov resultó ser demasiado independiente, así que prescindieron de él y el partido empezó a perder popularidad. Tras perder su puesto de portavoz, Mirónov dijo que estaba “en contra de Putin”.

Algo parecido ocurrió con el multimillonario Mijaíl Prójorov. Encabezó con la aprobación del Kremlin un partido, pero pasados unos meses lo abandonó debido a un escándalo y acusó al primer vicedirector de la Administración del Presidente, Vladislav Surkov, de ser “un titiritero que ha privatizado el sistema político y está desinformando a los líderes de Rusia. “Mientras el proceso político permanezca controlado por gente de esta índole, no habrá política en este país”, dijo.

Según explicó Prójorov en su blog, la razón del conflicto fue su negativa a presentar a las elecciones a los candidatos aprobados por Kremlin.

Después de que Prójorov se convirtiera en el líder de la formación, el apoyo al partido alcanzó el 4% del electorado, una cifra que podría permitirle pensar en entrar en la Duma. Tras la pérdida de su líder carismático, la formación se ha quedado sin posibilidades.

Hay otro partido de izquierda liberal, de nombre Yábloko, pero no tiene un líder tan rico como Prójorov ni acceso a las principales cadenas de televisión. Los líderes de estos partidos políticos minoritarios hace años que no aparecen en medios, así que resulta poco probable que los liberales y la oposición no controlada por el Kremlin alcancen la Duma en esta ocasión.

Sin observadores


El partido oficial reúne a la mayor parte de los funcionarios regionales y federales de peso y controla importantes flujos financieros, tanto de carácter privado como estatal. Un partido que, según Mujin, “no tolera la competencia política” y quiere quedarse en el poder a “cualquier precio”.

Los plazos de elección de los cargos son ahora más largos que antes: los diputados se eligen cada cinco años y el presidente, que será elegido en marzo de 2012, cada seis. Eso significa que Vladímir Putin y su equipo pueden permanecer en el poder 12 años más.

En los últimos comicios en las repúblicas de Chechenia y Daguestán, la participación fue del 95%, y casi todos los electores votaron por Rusia Unida. Tras las elecciones regionales, celebradas el 10 de octubre de 2010, las tres formaciones de la oposición representadas en el Parlamento abandonaron la sala de sesiones como símbolo de protesta contra las irregularidades cometidas en favor de Rusia Unida. El Comité Central Electoral y el Tribunal Supremo, sin embargo, consideraron válidas las elecciones.

Dentro de la oposición no hay una opinión unánime sobre la estrategia a seguir de cara a los próximos comicios. Los pragmáticos de Yábloko creen que hay que participar en las elecciones porque la renuncia a hacerlo significaría una desacreditación de los procedimientos democráticos. Ciertos representantes de la oposición, como el ex viceprimer ministro Borís Nemtsov y el diputado independiente Vladímir Ryzhkov, llaman a boicotearlas. Otros, como el abogado Alexéi Navalni, proponen a los ciudadanos que voten por cualquier partido que no sea Rusia Unida. Las encuestas indican que la posición está en minoría. Solo entrarán en el Parlamento tres partidos, según las encuestas: Rusia Unida, que obtendrá la mayoría de votos; el KPRF, en segundo lugar, y el LDPR.

Las autoridades rusas dicen que las elecciones serán justas. Sin embargo, el Comité Central Electoral restringirá la cantidad de observadores internacionales, alegando que su presencia es un “insulto” para Rusia. Las experiencias de Rusia, Ucrania y Bielorrusia muestran que cuantos menos observadores internacionales estén presentes, más fácil es controlar los comicios y garantizar la victoria del candidato en el poder y de la élite.

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