Réquiem político

Tras abandonar Mijaíl Prójorov el partido Causa Justa, la política pública se ha terminado en Rusia sin que le haya dado tiempo a empezar. Foto de Susanna Spahn

Tras abandonar Mijaíl Prójorov el partido Causa Justa, la política pública se ha terminado en Rusia sin que le haya dado tiempo a empezar. Foto de Susanna Spahn

Ciertamente es una pena, pero se ha terminado la política en Rusia. La semana pasada, antes de que se celebrase el congreso del partido Causa Justa (Právoie Delo), habíamos empezado a creer que podía existir. El sentido común y el buen gusto no permiten considerar que los partidos presentes en la Duma Estatal y el partido Yábloko, en proceso de desintegración al encontrarse fuera de la Duma, sean fuerzas políticas reales. En los debates del canal NTV, estos “actores” han demostrado claramente lo poco que valen. Repugnaba verles, y ya no digo votarles. Pero lo de Causa Justa era una historia totalmente diferente. Con la llegada de Mijaíl Prójorov, los electores empezaban a tener posibilidad de elegir. Aunque también quedaba la opción de no ir a votar. En caso de que alguien se inclinara por Prójorov había que hacer la vista gorda ante muchas cosas, en función de lo que preocupase a cada uno: los acuerdos de este partido con el Kremlin, los desvaríos nacionalistas del Manifiesto y Roizman, el dudoso abanderado de la lucha contra la drogadicción al que por razones desconocidas tanto aprecia el líder del partido. Por otra parte, era evidente que este equipo no pretendía llegar al poder para ganar dinero, y que, posiblemente, podría promover una agenda liberal y elevar con su mera presencia el nivel profesional de las autoridades rusas, lo que actualmente constituye un problema aún más grave que el carácter autoritario, poco liberal y corrupto de la administración.  

Es poco probable que en un futuro próximo podamos saber a ciencia cierta con quién y respecto a qué se había puesto de acuerdo Mijaíl Prójorov antes de encabezar Causa Justa. Aunque no es tan importante quién ha tomado la decisión de apartarle del partido. Lo importante es que después de su marcha los electores liberales rusos no tienen a quién votar. Ni siquiera existe una opción con la que estar de acuerdo. A partir de ahora, Causa Justa no resulta más interesante que el Partido Demócrata Liberal (LDPR, en sus siglas en ruso) o el Partido Comunista (KPRF) y carece de importancia la cantidad de votos que obtenga en las elecciones parlamentarias. Es una pena. Mijaíl Prójorov ha declarado que va a actuar fuera del sistema, aunque insistió en que no constituirá ninguna fuerza de oposición. Independientemente de su actividad o no en la oposición, hoy en día resulta imposible que existan fuerzas políticas fuera del sistema. Es decir, parece que existen, e incluso hay personas decentes que despiertan simpatía, pero su peso político es nulo. Solamente algunas personalidades públicas resultan interesantes y tienen algo de influencia en la opinión pública y en la agenda política. Aunque no son más que dos: Mijaíl Jodorkovski y Alexéi Navalni. Bueno, se podría incluir una tercera: la caótica líder del movimiento en defensa del bosque de Jimki, Yevguéniya Chírikova, sin olvidarnos de que el “movimiento” como tal no existe. En los últimos diez años, todos los intentos por crear una oposición competente, es decir, capaz de conseguir popularidad y producir algún producto intelectual, han fracasado estrepitosamente. El Estado se opone a la creación de cualquier organización, no necesariamente política. Registrar un nuevo partido es una tarea prácticamente irrealizabley además el procedimiento legal es tan opaco, que el cancerbero representado por el Ministerio de Justicia no tendrá dificultades en encontrar algún tipo de infracción. Las dificultades surgen incluso a la hora de encontrar un local para las reuniones: de repente resulta es imposible alquilar un salón de actos de un centro cultural de cualquier pueblo perdido para organizar una simple reunión o una rueda de prensa. En estas condiciones, solamente son eficaces las organizaciones clandestinas como los nacionalistas bolcheviques o los nacionalistas radicales. Los liberales “decentes” acaban convirtiéndose rápidamente en marginados.

Prójorov es el primer ruso multimillonario y con un importante nivel de influencia que ha declarado abiertamente su intención de entrar en política por cuenta propia. Aunque Jodorkovski, antes de ser detenido mostrase un interés evidente por la política, formalmente seguía siendo integrante de un lobby. En cambio, Prójorov declaró que su objetivo político más inmediato consistía en conseguir la destitución del “titiritero” Vladislav Surkov, y que su primer paso, sería consultar este tema con Medvédev y Putin. A decir verdad, Prójorov ya se había reunido con el presidente y el primer ministro en otras ocasiones, pero el último congreso de Causa Justa demostró lo poco que valían los acuerdos conseguidos de esta manera. A partir de ahora Prójorov tiene dos opciones: o quedarse quieto, o prepararse para convertirse en un marginado. El sistema está pensado de tal manera que simplemente no hay una tercera opción.

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